Hola Preciosa – ¡Lo sé!


Capítulo 0

¡Lo sé!

“…todo volvió a empezar el 31 de diciembre de 2011, cinco minutos antes de las campanadas de fin de año…”


Cuando empezó a escribir esta historia, Javier se encontraba en uno de los momentos más difíciles de su vida. Arruinado, desesperado por no poder dar ni siquiera de comer a sus hijos y a punto de perder su casa.

Una vida una vida llena de esfuerzo y trabajo tirado por la borda por culpa de unas personas a las que por desgracia consideró más sus amigos que socios, que con la excusa de la famosa crisis dio al traste con todas sus ilusiones y casi le llevan al borde del abismo.

Cuando las cosas van mal siempre pueden ir a peor y eso es algo que se iba cumpliendo día a día. Entró en un túnel, intentó avanzar pero no veía la salida. Cada vez estaba más oscuro y no sabía a quién pedir ayuda, en parte por orgullo. Un orgullo que vas perdiendo poco a poco hasta que un día te ves pidiendo dinero a tus padres y hermanos agachando la cabeza, escuchando reproches y algo que nunca aguantó como son los “ya te avisé”.

Lo más curioso de todo es que las personas que te dicen eso son las mismas que cuando te va bien te dicen “¡qué suerte has tenido!”. Ellos no ven las interminables jornadas de trabajo, las pocas horas de sueño, el temor a que no paguen los clientes el trabajo realizado y que no puedas asumir tus deudas con las consecuencias que eso puede acarrear y que por desgracia término acarreando. Todas esas cosas no se ven.

Luego están aquellas personas a las que a lo largo de la vida les has estado haciendo favores sin pedir nada a cambio. Cuando las necesitas ¿dónde están?; sencillamente desaparecen y no dejan rastro. Menos mal que parte de su familia sí estuvo, ellos nunca le abandonaron pero si es cierto que le hicieron muchos reproches.

En esa situación se encontraba cuando un buen día sin saber bien porqué apareció una persona de la que jamás había podido olvidarse. Una persona a la que quiso mucho pero que con la que se llevó la primera gran decepción de su vida y que le marcó para siempre.

Todo empezó el 31 de diciembre de 2011, cinco minutos antes de las campanadas de fin de año. Sin saber bien porque empezó a sentirse muy mal, como si alguien o algo se hubieran metido dentro de su cabeza y le llamara. Lo que no podía imaginarse es que a 300 kilómetros de distancia alguien estaba a punto de pedir un deseo. Un deseo que se convirtió en una llamada constante en los días posteriores. Una voz que retumba en su cabeza.

En un principio pensó que se estaba volviendo loco por la presión que tenía que soportar día a día pero la voz seguía y seguía en su interior hasta que el 3 de enero de 2012 sucedió algo que le asustó de verdad.

Eran más o menos las diez de la noche, los niños ya estaban acostados. Su mujer y él estaban tumbados cada uno en un sillón viendo una película, cuando de repente empezó a ver todo verde y deformado.

— ¡Joder!, —exclamó—  ya se ha estropeado la tele.

A lo que su mujer respondió…

— No, la tele está bien, ¿te pasa algo?

*

La miró asustado, ella también estaba deformada y todo era de color verde. Lo primero que le vino a la cabeza fue que se estaba volviendo loco de verdad. ¿Quién sabe?, a lo mejor era así y todo este relato es fruto de su imaginación.

Javier me decía…

— Hay veces que no sé qué es real y qué no lo es.

Parecía como si tuviera dos vidas paralelas que luchaban entre sí de tal manera que ya no sabía si todo era verdad o no lo era. A lo mejor las dos cosas eran verdad, ¿quién sabe? Algo dentro de su cabeza le hacía pensar que eso era así.

Al día siguiente fue al médico, el cual le mandó a urgencias del hospital y ahí fue donde le dieron la primera explicación médica que le tranquilizaba a pesar de la gravedad.

— Javier, —le dijo el médico— lo que ha pasado es que le ha estallado la mácula del ojo derecho.

— ¿La mácula?, —preguntó— ¿qué coño es eso?

— La mácula es una mancha amarilla localizada en la retina​, especializada en la visión fina de los detalles, nos sirve entre otras cosas para poder leer y distinguir las caras de las personas.

El médico siguió preguntando…

— ¿Tiene mucho estrés?

— Sí claro, —contestó— ¿y quién no lo tiene hoy en día?

— Esto es debido a una gran tensión —siguió.

— ¡Ni que lo diga! —pensó en silencio— Llevo unos días en los que creo que se me está yendo la cabeza por todo los problemas que tengo y ahora este señor me pregunta si tengo estrés.

— Vamos hacer una cosa, —dijo el médico— esperaremos unos días, te vas a echar estas gotas cada ocho horas y te doy cita para dentro de dos semanas. Si vemos (nunca mejor dicho) que esto sigue igual, habrá que operar el ojo.

*

Javier siempre tuvo mucho miedo a que le tocaran los ojos. De hecho tuvo la oportunidad de operarse años antes de miopía y no lo hizo porque le daba pánico. Era curioso, en pocos días todos sus miedos se juntaban como si algo o alguien, le estuviera haciendo la vida imposible.

Desde aquella noche de fin de año, sin darse cuenta empezó a sentir que debía buscar a una persona. No podía controlarlo, ya no sabía si todo era real pero sentía un deseo irracional por volver a ver y hablar con Sofía.

Empezó a buscarla en internet pero no aparecía nada sobre ella. Ni en Facebook, ni en Twitter ni en ninguna red social. Parecía que se la había tragado la tierra. Según me dijo, realmente podía saber de ella por parte de su madre, de la que tenía su teléfono (todo tiene su porqué) pero no se atrevía. Tenía que localizarla sin que ella lo supiera. Una cosa es pensar que estás loco y otra muy diferente es que los demás piensen que lo estás. ¿Cómo le dices a alguien que en veinticuatro años no la has visto más que un par de horas qué la estás buscando?, que necesitas una explicación de algo sucedido hace dos décadas y media.

A Sofía no la encontró, sin embargo localizó a otra persona con sus dos apellidos y el mismo lugar de residencia y echándole valor le mandó un mensaje en el que le preguntaba si tenía una hermana llamada Sofía.

Su sorpresa fue mayúscula cuando a las pocas horas recibió un mensaje diciendo que sí y preguntándole…

— ¿Eres Javi?, ¿el hijo de Pedro?

*

 Javier se quedó helado y escribió…

— Si, ¿tú eres Irene?

— Sí, —respondió— ¡qué alegría Javi, ya verás la sorpresa que se va llevar “la Sofi”!

*

Él no había dicho nada de ella y ya había salido su nombre. Irene siguió escribiendo…

— ¡Qué casualidad!, el otro día estuvimos hablamos de ti.

*

En ese instante empezó a pensar que a lo mejor no era tanta casualidad y preguntó por ella…

— ¿Qué tal está Sofi?

— Muy bien contestó. Ya verás la alegría que se va a llevar cuando se lo diga. No me lo puedo creer, ¿de verdad eres tú, Javi?

*

Pero bueno, voy a empezar a contar la historia que como verán está ambientada en el futuro. Un diecisiete de mayo de 2024. Seguro que se estarán preguntando cómo se puede contar la historia de algo que no ha sucedido todavía. Todo tiene su explicación.

Todo partió de un deseo cumplido por parte de Sofía y de una pregunta que Javier llevaba en su cabeza desde hacía veinticuatro años y que nunca se atrevió a hacerle.

Un deseo cumplido puede llevar de una manera posiblemente inconsciente a una promesa en el tiempo y éste es el verdadero sentido del relato, la promesa de asistir a una cena doce años después sin saber si ésta será cumplida porque como es lógico nadie puede saber lo que el futuro nos deparará.

Empezó a chatear con ella toda las noches. Cuando decidió escribir este relato sucedió algo que no esperaba. Se dio cuenta de que había olvidado muchos detalles. Detalles muy importantes, lo que le llevó a preguntarle por ellos, cosa que por cierto hizo que se llevará una gran bronca al no entender Sofía cómo había podido olvidar algunas cosas tan importantes de su vida en común.

Realmente no los había olvidado, sencillamente los había guardado en lo más profundo de su alma y según él, según recibía flases, iban surgiendo de golpe, lo que le llevó sin darse cuenta a reorganizar sus recuerdos desde pequeño pasando por todas las etapas de su vida hasta la situación en la que se encontraba. En otras palabras, quiso escribir esta historia y terminó escribiendo su biografía pero desde el odio, el rencor y la desesperación.

— Algo, —me decía— me hacía escribir sin parar. Los recuerdos de toda una vida afloraban sin control.

*

El libro lo tituló “Pensamientos que nunca debieron salir de mi cabeza” y nunca ha sido publicado.

El texto realmente trataba de una confesión. Se abrió de par en par de tal forma que las pocas personas que lo leímos podemos decir que somos las que más le conocemos porque es un texto en el que sin darse cuenta desnudó su alma dando rienda suelta a todos sus pensamientos sobre las personas que le habían rodeado a lo largo de su vida y como reza en algunas partes…

“Las personas de las que hablo bien dirán que todo es verdad.

Las personas de las que habló mal dirán que todo es mentira.

La verdad y la mentira son algo subjetivo y cada uno tenemos la nuestra”.

*

En fin… ese libro quedó guardado en un cajón hasta que alguien lo rescate, si es que eso sucede algún día.

Demasiadas aclaraciones, todo esto parece una justificación. Hay veces que pienso que lo hago por el miedo a contar una historia inacabada, porque eso es lo que es. Algo auto destructivo pero que no se atrevía a parar o mejor dicho, que no quería parar porque seguía existiendo esa fuerza de atracción irracional que le hacía seguir adelante sin control a pesar de todo lo que podía perder, que era mucho. De hecho, como decía…

— Sólo tengo una certeza. Pase lo que pase, voy a perder. ¡Lo sé!

*

Hola Preciosa

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