…y llegó la Pandemia

“y después… ¿qué?”

Y entonces llegó la pandemia, o eso nos hicieron creer. Si unos meses antes nos hubieran dicho que estaríamos encerrados en casa por miedo a un virus, algunos habríamos pensado que se trataba de una broma o del anuncio de una de las muchas películas norteamericanas de ficción o desastres que en los últimos años nos han hecho tragarnos en las pantallas de cine o en la tele. Quien sabe… lo mismo todas esas películas no eran más que una broma de mal gusto o una preparación para lo que se nos venía encima o quien sabe… posiblemente no haya sido más que una de esas casualidades en las que nunca he creído. La cuestión es que llegó y nos desbarató todo aquello que para bien o para mal llamábamos “nuestra vida”. Aquellos meses encerrados nos cambió hasta la forma de pensar y de actuar. El miedo es muy peligroso, posiblemente el más peligroso de los acertijos de la vida porque nos hace cambiar nuestros hábitos, nos hace cambiar lo que hasta ayer mismo pensábamos y nos hace cambiar hasta la forma en la que nos relacionamos con los demás.

La vida se convirtió en un paseo en solitario, intentando por todos los medios no contagiarse y por no contagiar a los tuyos sobre todo si eran mayores y/o con algún tipo de patología. El miedo nos hace presos de nuestras propias cárceles y no hay cárcel más atroz que aquella que te construyes a ti mismo, porque aunque no existan rejas, algo te impide salir de ella y te confina tras la más peligrosa de las penas… la soledad.

Realmente nunca sabremos la verdad de todo esto. Nunca sabremos si todo ha sido un accidente de la naturaleza, harta de nosotros, o si ha sido la mano maliciosa de alguien en pos de un “Nuevo Orden Mundial”. Nunca sabremos si todo ha sido una más de las múltiples enfermedades con las que los humanos hemos tenido que lidiar desde que el mundo es mundo o si realmente es que somos tantos como dicen algunos y a alguien se le ocurrió que había que deshacerse de unos cuantos por el bien del futuro de otros tantos. Nunca lo sabremos.

Pero a pesar de que nunca lo sepamos, hay algo en todo lo que está ocurriendo que por lo menos, y creo que no soy el único que lo piensa, que tiene un tufillo bastante desagradable. Me da mucha pena y a veces hasta tengo ganas de llorar al ver como esas personas que has estado siempre luchando, esas personas que lo han dado todo tantas y tantas veces. Esas personas que se han pasado la vida trabajando, a veces en condiciones infrahumanas, incluso a veces perseguidas por motivos políticos o religiosos fueran las primeras en caer. Es injusto. Ellos que se lo merecen todo, son los más indefensos y esa sensación de que se les ha dejado morir nos perseguirá durante mucho tiempo.

Nuestros mayores se merecen algo más que una placa de honor. Nuestros mayores se merecen respeto porque ellos fueron quienes construyeron nuestra vida y no hay derecho que un “politicucho”, sea del partido que sea, tenga en sus manos si pueden o no pueden salvarse como si se tratara de ganado. No son ganado, son personas. Son nuestros padres. Son nuestros abuelos. Son nuestra memoria y la memoria merece por lo menos respeto y dignidad.

— Qué fácil es decir todo… ¿a que sí?

Personalmente, creo que todo esto nos ha afectado tanto porque vivíamos en una burbuja de cristal. Siempre eran otros los que sufrían penas y enfermedades. Nuestro “Mundo Occidental” estaba a salvo de pandemias. Eso era cosa de eso que llamábamos “Tercer Mundo”. Nosotros éramos indestructibles y ese posiblemente ha sido nuestro mayor error. Nos creíamos que éramos dueños de nuestras vidas y que hacíamos lo que nos daba la gana porque éramos libres y ahí es precisamente donde nos han dado. Eso es realmente lo que nos duele, que unos pocos nos recuerden que solo podemos hacer lo que nos está permitido hacer día a día.

— ¿Qué no quieres caldo…? ¡Pues toma dos tazas y a callar!

Eso sí, a pesar de todos los pesares, siempre están o que lo niegan todo. Siempre están los que tiran de teorías de conspiración. Siempre están aquellos que no les importa nada más que su propio “yo”. Yo no sé quién tiene la razón. No sé si todo esto es un accidente de la naturaleza o una gran conspiración. Lo único que sé es que a todos nos ha cambiado la vida este 2020. No sé si tras unos años todo volverá a ser igual que antes o si por el contrario será verdad eso que dicen de que el mundo ya no volverá a ser el que fue nunca más después de todo esto. Lo único que sé es que le hemos visto la cara al miedo y que a todos nos ha asustado.

No creo que pueda nunca olvidar aquellos primeros días de confinamiento en los que yo me encargaba de hacer las compras de casa para que mis padres no salieran, enfundado con mascarilla y guantes de látex mientras surcaba los pasillos del centro comercial intentando no cruzarme con demasiada gente y la cara que se nos quedaba a todos cuando llegábamos a la estantería del papel higiénico y te dabas cuenta de que estaba vacía. El ser humano es un animal muy curioso… se nos habla de un virus mortal y una de nuestras mayores preocupaciones era estar bien provistos de papel higiénico. Si lo pensamos bien, no dejaba de ser una metáfora de que en realidad, aunque no lo dijéramos, nos estábamos cagando de miedo y no nos podíamos quedar sin aquel preciado tesoro con el que limpiar nuestras vergüenzas mientras nuestros abuelos se morían en aquellas residencias que se habían convertido en su campo de concentración.

Lo más dantesco llegaba después, al llegar a casa. Sacaba toda la compra y desinfectaba todos los paquetes antes de que mis padres tocaran nada por el “miedo” a que el virus saliera de una bolsa de magdalenas o de una lata de atún que hubiera tocado alguien antes que yo. Por supuesto, antes y después de todo eso, me lavaba las manos a conciencia, guardaba mi mascarilla en una bolsa y tiraba los guantes de látex como si de material radioactivo se tratara y una vez que todos los envoltorios ya estaban metidos en una bolsa, la bajaba al contenedor y me subía, no sin antes volver a lavarme las manos con jabón y gel hidro-alcohólico, cambiarme de ropa y cerrar la puerta de la calle a la espera de que toda esa compra se terminara y tuviera que volver a enfundarme como si de un astronauta se tratara para volver a ir a comprar pasados varios días.

Y así pasaron varios meses entre la incertidumbre de qué estaba pasando y el miedo a contagiarse. A las ocho de la tarde era la hora de los aplausos a los héroes de todo aquello, los médic@s, enfermer@s y demás personal sanitario que se enfrentaba casi sin protección al maldito virus. ¡Eran nuestros héroes! Porque toda película tiene “buenos” y “malos” y ellos eran los buenos.

Valla desde aquí mi reconocimiento y gratitud eterna a tod@s ell@s porque entre tanta mierda y exceso de papel higiénico en los baños, siempre habrá personas como ell@s que estarán para dar la cara de verdad porque si hubiera dependido realmente nuestra salud de los políticos de uno y otro partido, de los banqueros o de los grandes empresarios… ¡Íbamos listos!

Como nuestros mayores… ell@s sí se merecen nuestro respeto y reconocimiento y no solo a las ocho de de la tarde, cosa que por desgracia creo que terminó siendo unos minutos de fiesta en ventanas y balcones más que lo que en un principio fue… pero esa sería otra historia.

Luego llegó la desescalada, o más bien… habría que abrir todo rápidamente porque el país no se podía permitir estar parado más tiempo. Fase tres, fase dos, fase uno y… ¡libertad! O eso nos vendieron.

La realidad posiblemente fue otra y no voy a ser yo quien la juzgue. Eso lo hará el tiempo. Lo más curioso de todo es que aquellos que más pedían, perdón, exigían esa libertad son los mismos que pasados unos meses, ahora dicen que nunca se debió abrir todo. Los mismos que hablaban de autoritarismo y centralismo, son los mismos que ahora dicen que se les dejó abandonados. Los mismos que hablaban de economía, ahora hablan de salud y echan en cara los muertos como si ellos nunca hubieran abierto la boca. El ser humano es así, nunca tiene la culpa de nada, siempre es el otro el culpable.

Ahora se habla de una “segunda ola” cuando yo, personalmente, creo que nunca salimos de la primera. Lo que pasó es que llegó el verano y había que abrir sí o sí y ya llegaría el otoño con las rebajas.

Por un lado lo entiendo y creo que todos lo hacemos aunque no lo digamos. Hay que comer, porque si lo pensamos detenidamente, hay una cosa más peligrosa que un virus y es una nevera vacía. El virus puede llegar a ser el pretexto para quitar derechos pero las bocas hambrientas hacen revoluciones y eso, hoy en día, no hay estado por muy occidental que sea que se lo pueda permitir. Cada anciano muerto es una pensión menos que pagar y la economía es la economía. Los ricos tienen que seguir con su ritmo de vida aunque sea a costa de las vidas de los de abajo, que tenemos un vicio que no conseguimos quitarnos ni con pandemias… Todos comemos y si puede ser tres veces al día, mejor. El problema es que hoy en día, en nuestra avanzada sociedad, tenemos personas a las que cada día les cuesta más eso de “comer” y claro… ya de vacaciones y ocio ni hablamos, que entonces se nos puede confundir de clase social y eso no puede ser.

Eso sí… para la historia quedarán aquellos días en los que los más ricos de mi querido Madrid salieron a la calle pidiendo (exigiendo) libertad. Si algunos abuelos levantaran la cabeza, no se lo habrían creído y pensarían que eran imágenes de cuando España ganó el mundial y no de esa “mi querida España” que clamaba libertad décadas ha…mientras que los que se enfundaban con el símbolo patrio se la negaban. Pero esa sí es otra historia y como todas las historias de buenos y malos depende del color del símbolo que haces tuyo, ya sea en forma de tela, escudo o simplemente la cuna en la que naciste y las cuatro paredes en las que te tocó vivir. Y a veces… morir.

En fin, el día que nos demos cuenta de que todo es una farsa, el día que nos demos cuenta de que no todo vale, el día que nos demos cuenta de que nuestros mayores son nuestro mayor tesoro y que son ellos los que de verdad se lo merecen todo… ese día podremos decir que hemos avanzado como sociedad. Mientras siga habiendo personas que distinguen entre “buenos” y “malos” y se sigan creyendo el ombligo del mundo, este virus y los que vengan seguirán matando porque no hay virus más letal que el odio y la creencia de que hay personas con más derechos que otras, ya sea por credo, afiliación política o por haber nacido en una u otra familia o condición social.

Al final… todos acabaremos en el mismo sitio. El problema es que no todos acabarán con la dignidad que se merecen por los años vividos y el trabajo que les costó sacar adelante todo esto que algunos llaman “Patria” y es una pena, porque un país que no cuida de sus mayores y de su gente… no merece llamarse “Patria”. La Patria no es un símbolo de unos pocos. La Patria somos todos, incluidos los que no creemos en banderas ni himnos.

Un país que no cuida de sus mayores, de su memoria… está condenado a repetir una y otra vez todos sus errores del pasado y nosotros somos especialistas en eso… en repetir nuestros errores una y otra vez y me temo que no hay virus en nuestro mundo que sea capaz de cambiar eso.

Quién sabe… a lo mejor el virus somos nosotros y la pandemia es la vacuna.

Madre mía, qué barbaridad acabo de escribir… discúlpenme, es esta soledad que me hace escribir tonterías y que hace que salgan sin control estos “Pensamientos que nunca debieron salir de mi Cabeza”.

Juzguen ustedes, que aquí van a encontrar libertad para ello pero cuidado, como decía aquel sabio al que algunos idolatran como Dios…

“El que esté libre de pecado… que tire la primera piedra”


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1 comentario

Estimado amigo suelo escribir tambien mis pensamientos, la pandemia! da para mucha letra, muy agradable leerte,siempre es bueno escribir solo por el placer de hacerlo.
Todo esto de la pandemia, nos ha hecho abrir un poco los ojos(el que tenga ojos para ver que vea), estamos inmersoso en un sistema del que es muy dificil escapar, acostumbrados nos tienen a confiar en esos sistemas…hoy aún teniendo la libertad de hacer lo que querramos(trabajar, pasear, visitar a nuestros enfermos, ir de vacaciones, viajar, estudiar) no podemos, dice el SISTEMA!!,no podemos porque existe un virus que parece nos mata a todos, pero no mata a todos!!, mata lo que mata cualquier virus, quizÁs lo que ha asustado es que es “NUEVO”, la verdad no se como define el area salud a lo nuevo,o viene del espacio, o vendrá de algun animal, o fue creadao, el SIDA fue en su momento una patologia nueva, pero nunca jamas llego a ser pandemia
Este “nuevo virus”, es realmente tan peligroso, no lo es!…entonces?
Nos quieren hacer cargo de la muerte de ancianos, nos quieren hacer responsables de la muerte de personas con patologias previas, porque somos todos posibles portadores de este virus altamente contagioso,no mortal solo para un porcentaje muy bajo, pero muuuyyy contagioso.
Poner a todo el planeta patas para arriba,por una enfermedad que se puede cursar tranquilamente en tu casa( como una gripe comun) es altamente ilogico, pero…¡¡¿pero no te importan los mayores, los grupos de riesgo?!
-Claro que me importan, quien no tiene como familiar, a un mayor o a alguna persona enferma, quien?!! pues nadie-
lo que muchos no se han puestop a pensar, es que tantos los mayores, como los grupos de riesgo, estan expuestos a adquirir este corona, u otro cualquier corona, virus o cosa que pulule por alli…con los mismos exactos riesgos, mismos exactos riesgos, mismos exactos riesgos,mismos exactos riesgos.
Esto es tan ilogico como si al percatarte un dia que vas a morir si o si, no sales nunca jamas de tu casa, ni te relacionas nunca jamas con nadie, por miedo a que ese dia sea hoy.
En este mundo no existirian heroes, ni martires, si todos fueran dueños de sus vidas, sus sueños, su libertad, preferimos que otros dicten nuestra manera de vivir, por miedo, por inseguridda, por falta de amar propio.

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