El conjuro de Azaham



Azaham

Cuenta la leyenda que hace muchos años existió un hechicero llamado “Azaham” que pasó su vida buscando el secreto de la inmortalidad, la cual no consiguió porque no poseía un alma digna de tal merecimiento.

Tras invocar y vender su alma al Diablo, le fue entregado un conjuro mágico que hacía que se realizaran los sueños de las personas, pero fue castigado a no poder usarlo en su favor por su orgullo y arrogancia y condenado a errar por el tiempo en busca de “almas dignas”, las cuales le entregarían el último año de su vida como pago por la realización de dos de esos sueños. Así iría prorrogando su vida año a año hasta el final de los tiempos y si no conseguía adquirirlas… moriría.

Se le impusieron varias normas de obligado cumplimiento que deberían ser seguidas al pie de la letra.

  1. Las almas han de llegar voluntariamente.
  2. Se les ha de informar y han de aceptar el pacto con anterioridad.
  3. Se ha de sellar por escrito el pacto con la sangre de la persona que quiera realizar sus sueños. Cada sueño en un pliego diferente que una vez escritos han de ser quemados y sus cenizas entregadas al hechicero como garantía del pago a realizar.
  4. El cumplimiento de los sueños pactados debe realizarse antes de recibir el pago y un año antes de su muerte.
  5. El primer día del último año de vida se comprobará si esos dos sueños fueron realmente cumplidos y si así fuere… la persona le entregaría su aliento entrando en un estado catatónico durante los trescientos sesenta y cuatro días restantes hasta el día de su muerte y “ese aliento de vida” pasará a ser propiedad de Azaham durante ese período, lo que le permitirá seguir viviendo.
  6. Una vez concluido el año, el alma le será devuelta a la persona en su lecho de muerte, en el último aliento para que pueda descansar en paz.

Una tarde cualquiera…

Era una tarde de noviembre, cuando harto de su vida decidió dar un paso adelante ahí donde casi todo el mundo dice que no se debe buscar.

El problema era que no sabía cómo hacerlo, lo que le llevó a adentrarse por internet en páginas de ocultismo hasta que llegó a una que hablaba sobre la historia de un hechicero llamado “Azaham”.

Según el texto de la web, que aseguraba que era real, Azaham todavía vivía a pesar de su larga edad, la cual no era conocida por nadie salvo él y aseguraba que poseía el poder de realizar los sueños mediante un conjuro.

Tras el texto estaba la típica caja de comentarios de cualquier blog para que todos aquellos que quisieran cumplir sus sueños… le contaran su historia y en la que se decía que si eran dignos… Azaham se pondría en contacto con ellos. El texto realmente decía lo siguiente:

“Cuéntame tu historia… dime qué dos sueños quieres cumplir (solo dos) y si tu alma es digna…

¡Te daré el poder para realizarlos!”

—No tengo nada que perder —se dijo y escribió en la caja de comentarios con la esperanza de obtener una respuesta rápida. Cosa que no ocurrió.

Como decía la web, posiblemente era porque su alma no era digna o lo más probable de todo… no era más que otra fantasmada de las muchas que existen en internet y poco a poco se olvidó de aquel comentario.

El contacto

Pasó algún tiempo, ya ni siquiera se acordaba de aquello cuando una noche, mientras pasaba sus horas de insomnio frente a la pantalla del ordenador, de repente le llegó un mensaje que decía:

“Soy Azaham… si quieres hablar conmigo estoy a tu disposición”

Se quedó perplejo durante un rato mirando la pantalla. Lo primero que pensó es que se trataba de una broma o de alguien que quería que volviera a su web para venderle algo, que solo se trataba de otro de los muchos anuncios que existen en la red pero le pudo la curiosidad y accedió al enlace.

La pantalla se quedó totalmente negra y el ordenador se bloqueó. Él se quedó con cara de tonto pensando que había caído en la trampa de un “hacker” diciendo…

— ¡Pero cómo he podido ser tan tonto!

Intentó una y otra vez desbloquearlo pero todos sus intentos fueron en vano. La pantalla seguía en negro y entonces decidió desconectar el cable de la luz para así volver a encender el ordenador y una vez hecho, la computadora volvió a reiniciarse normalmente.

Al cabo de un rato volvió a salir otro mensaje…

“Soy Azaham…”

— ¡Joder!, me han colado un virus —se decía.

— No soy un virus, soy Azaham. Tú me llamaste —salió reflejado en la pantalla.

— ¿Me puedes escuchar? —preguntó asustado.

— Sí, y te veo… —contestó.

— ¿Pero cómo?, si no tengo cámara ni micrófono —volvió a preguntar.

— ¿Quieres cumplir tus sueños? — leyó en la pantalla.

Asustado, apagó el ordenador y desconectó los cables de la luz. Alguien le estaba gastando una broma pesada y se estaba riendo de él, pensó mientras se acostaba con la esperanza de dormirse lo antes posible y que al despertar todo hubiera sido nada más que una pesadilla.

A la mañana siguiente, al despertar, lo primero que hizo fue ir a ver el ordenador y aterrado se dio cuenta de que volvía a estar encendido otra vez con el mismo mensaje en la pantalla. Y lo peor de todo… los cables seguían desconectados.

— ¡No puede ser! —se decía temblando— ¡me he vuelto loco!

Cada vez que intentaba usar la computadora, ésta se volvía a bloquear una y otra vez y salía el mensaje. Entonces fue cuando decidió seguir el juego…

Se sentó delante de la pantalla y dijo:

— ¿Qué es lo que quieres de mí?

— Fuiste tú quien se puso en contacto conmigo—le contestó.

— ¿Puedo verte yo a ti? —le preguntó.

— ¡Claro!

— Pero… ¿cómo?

— Tan solo tienes que contestar a una pregunta —salió sobreimpreso en la pantalla— ¿quieres de verdad cumplir tus dos sueños?

— ¡Sí quiero! —contestó rápidamente.

— Muy bien… entonces en unos días te enviaré el contrato con las condiciones. Si lo aceptas… ¡me verás!

De repente, el ordenador se desbloqueó como si nada hubiera pasado y la pantalla volvió a funcionar normalmente.

El contrato

Pasaron días… semanas y no volvía ningún mensaje a la pantalla del ordenador. Llegó a pensar que todo se había terminado e incluso que todo había sido producto de su imaginación por la falta de sueño pero pasados treinta y tres días… el ordenador se volvió a bloquear. La pantalla se hizo negra y pudo leer…

— Soy Azaham… El contrato está listo.

Tras unos instantes, apareció otro texto que rezaba lo siguiente:

“Deseo cumplir dos de mis sueños y a cambio entregaré a Azaham mi alma el último año de mi vida, la cual me será devuelta en mi último aliento trescientos sesenta y cuatro días después”

—¿Ese es el contrato? —preguntó—¿así?, ¿sin más?

—¿No te parece bien? —Volvió a leer.

—Demasiado simple, ¿no? —replicó.

—Las cosas más importantes de la vida son simples. ¿Aceptas? —volvió a preguntar

—Sí, acepto —dijo con la voz firme.

—Muy bien… presta mucha atención porque solo lo leerás una vez. Ahora que has aceptado el pacto te daré a conocer mi Conjuro y la manera en la que éste debe ser realizado. Debes seguir todos los pasos sin saltarte ninguno, pues si no es así… el pacto no se llevará a cabo, tus sueños no se cumplirán y tu alma será mía para toda la eternidad.

—y… ¿cómo sé yo que tú cumplirás con lo pactado? —volvió a preguntar.

—Mi eternidad depende de ello —respondió.

—¿Y cuándo te voy a ver? —siguió preguntando—dijiste que yo podría verte.

—Y me verás… paciencia.

El mensaje

El ordenador se volvió a desbloquear y pasadas varias horas recibió un mensaje de una dirección oculta que decía:

“El Conjuro de Azaham”

En el cuerpo del mensaje venían las normas para realizar y llevar acabo en conjuro:

Si has recibido este mensaje es porque has aceptado el pacto. No lo copies, no lo reenvíes, no lo contestes. Tan solo léelo una vez con mucha atención pues desaparecerá cuando su última línea sea leída.

Necesitarás tres pliegos en blanco que deberán ser escritos de puño y letra con tu sangre y con una pluma de una lechuza blanca. En el primero deberás escribir nuestro pacto:

“Deseo cumplir dos de mis sueños y a cambio entregaré a Azaham el último año de mi vida”

En los otros dos pliegos deberás explicar los sueños que quieres que se cumplan. Uno en cada pliego. Además deberás aportar tres velas y el “Sello de Azaham” que te proporcionaré.

La primera noche de luna llena, a las tres y treinta y tres de la madrugada te hallarás delante de una superficie que pueda reflejar tu imagen. Prepararás un altar en mi honor delante del reflejo. En el centro deberás colocar el Sello.

Encima del Sello colocarás el pliego con el contrato escrito con tu sangre y encenderás una vela pronunciando tres veces mi nombre.

—¡Azaham…!, ¡Azaham…!, ¡Azaham…!

A la derecha del Sello colocarás el pliego con tu primer sueño, escrito con tu sangre y encenderás otra vela con el fuego de la primera, volviendo a pronunciar otras tres veces mi nombre.

—¡Azaham…!, ¡Azaham…!, ¡Azaham…!

A la izquierda del Sello colocarás el pliego con tu segundo sueño, escrito con tu sangre y encenderás la tercera vela con el fuego de la segunda y volverás a repetir por tercera vez otras tres veces mi nombre.

—¡Azaham…!, ¡Azaham…!, ¡Azaham…!

Cuando la invocación haya sido realizada, deberás quemar los tres pliegos en el mismo orden en el que las velas fueron encendidas. Cada pliego con su vela.

Tras quemar los pliegos, deberás mezclar todas las cenizas y deberás colocarlas sobre el Sello. Las velas deberán consumirse por sí solas. Si alguna de las velas se apaga antes… el contrato no tendrá efecto.

Una vez realizado este conjuro, dejarás todo sin tocar absolutamente nada, mirarás a tu reflejo y dirás:

“El ritual está completo, espero tu respuesta… Maestro”

…e irás a descansar, si puedes.

A la mañana siguiente, volverás ante tu reflejo y podrás comprobar si tu alma verdaderamente es digna y si tus sueños se cumplirán.

Tras leer la última palabra del mensaje, éste desapareció sin dejar rastro.

—¡Espera…! —gritó—¡no entiendo una cosa!

—¿Qué es lo que no entiendes? —apareció en la pantalla.

—¿Cómo lo sabré? —preguntó.

—Si al colocarte delante de tu reflejo observas que las cenizas que se encuentran sobre el sello no están reflejadas… sabrás que las tengo yo como prenda de tu promesa. Si por el contrario son también reflejadas… entonces no eres digno y no volverás a saber nada de mí.

—Otra cosa… ¿de dónde coño….?, ¡Uy!… Perdón. ¿De dónde saco yo una pluma de lechuza blanca?

—Tienes razón —contesto Azaham sarcásticamente—hay veces me olvido el siglo en el que me encuentro, demasiados años. De paloma puede ser, eso sí… ha de ser blanca.

—Y… ¿cuándo te veré? —volvió a preguntar.

—El primer día de tu último año de vida… tal y como hemos acordado.

El Ritual

Convencido a realizar el conjuro, esperó a la primera luna llena. Ahora tenía que decidir qué dos sueños pedir para que se hicieran realidad, pues tenía muchos.

Lo primero en lo que pensó fue en dinero, fama, poder… y todas esas cosas con los que todos, o casi todos soñamos. En definitiva, un futuro mejor pero tras mucho pensar se decidió por otras cosas.

El primer sueño que quería realizar era ser feliz en los años que le restaran de vida y el segundo que todos aquellos que le quisieran de verdad, también lo fueran.

La primera luna llegó. Ya tenía preparado todo, hasta la dichosa pluma que como era normal… no era de lechuza blanca si no de paloma. Solo tenía que esperar a las tres y treinta y tres de la madrugada para comenzar el ritual. Estaba muy nervioso pues como siempre decía…

—¡Estas cosas no me pasan a mí!

Pero si… allí estaba frente a aquel espejo. Sobre la mesa el Sello de Azaham, los tres pliegos escritos con su sangre, las tres velas, la pluma un el mechero.

Según se iba acercando la hora en cuestión, los nervios se le iban agarrando al estómago pero lo curioso es que no sentía miedo… realmente no tenía nada que perder.

Cuando el reloj marcó la hora bruja, inició el ritual del conjuro tal y como le había sido enseñado. La colocación de todo en su sitio apropiado, el encendido paulatino de las velas con la invocación a Azaham entre medias, la quema de los pliegos y por último el mezclado de las cenizas y su depósito sobre el Sello y una vez hecho dijo la frase final:

— El conjuro está completo, espero tu respuesta… Maestro.

…y se fue a descansar.

Eso de “descansar” no deja de ser una frase hecha por que no… la verdad es que no pudo descansar. En varias ocasiones hasta tuvo la tentación de ir a ver el reflejo del espejo pero no lo hizo y cumplió con todo el ritual. Esperó al amanecer para colocarse delante del espejo y comprobar si realmente al final era digno o no lo era. Desde la puerta lo primero que pudo observar fue que las tres velas se habían consumido completamente y por lo tanto ya no eran excusa para que el contrato no siguiera adelante.

Se quedó durante un rato parado en la puerta sin atreverse a entrar. Cerró los ojos. Dio varios pasos tanteando la pared y cuando estaba ya delante del espejo… los abrió.

¡No se lo podía creer…!., las cenizas estaban encima del Sello de Azaham pero no se reflejaban en el espejo. Era como una visión imposible de algo que no podía ser real. Las cenizas eran lo único que no aparecía dentro del espejo.

Ahora tenía la confirmación de que el pacto con Azaham era una realidad, o quien sabe… que definitivamente se había vuelto loco de verdad.

Una vida Feliz, pero…

Pasaron los años y sus dos sueños se cumplieron. Azaham había cumplido con su parte del pacto. Él, y todos aquellos a los que quería y que le querían eran felices. Tenía en la vida era todo aquello que siempre había querido tener, paz y felicidad. No tenía mucho dinero, no tenía fama ni poder, pero tenía todo aquello que a un ser humano le hace feliz… la compañía y el amor de todos los suyos.

Solo tenía un miedo… Cada noche al acostarse pensaba en el momento en el que Azaham le anunciara que el primer día de su último año había llegado. En ese momento lo perdería todo otra vez y esta vez sería para siempre.

Siguió pasando el tiempo y ese día que tanto temía… llegó.

Acababa de levantarse, cuando después de ducharse, desayunar y terminar de arreglarse para ir a trabajar… algo le llamó la atención en el baño. Un extraño olor a quemado venía de aquella estancia.

Se acercó y al mirarse en el espejo se dio cuenta de que las cenizas estaban en el reflejo del espejo. Cerró los ojos con la falsa esperanza que tan solo fuera una visión y que al abrirlos de nuevo, aquellas cenizas no estuvieran allí pero no fue así… Además de las cenizas, en el espejo apareció la figura de un anciano con la cara llena de arrugas y una larga melena blanca. De aspecto desaliñado y ojos penetrantes que le miraban fijamente sonriendo.

— Soy Azaham — dijo el anciano.

— Lo sé —dijo susurrando— llevo tiempo esperándote.

— Hoy es el primer día de tu último año. Vengo a cobrar lo que me debes —dijo Azaham.

De repente, una gran tristeza le invadió y toda esa felicidad que había vivido desde aquella noche de luna llena desapareció al instante al darse cuenta de que ya no volvería a ver a todas aquellas personas a las que quería y lo peor de todo… que pasaría los siguientes trescientos sesenta y cuatro días de su ultimo año de vida en estado catatónico sin poder despedirse de todos ellos y que pasado ese tiempo… moriría.

— Tenemos un pacto —dijo Azaham.

— Lo sé —dijo él— tú cumpliste con tu parte y te lo agradezco y yo voy a cumplir con la mía. Toma mi alma, es tuya el resto del año. Los pactos hay que cumplirlos por mucho que nos pese.

— ¿No tienes miedo? —preguntó el anciano.

— Ahora ya no. He cumplido mis sueños y he sido feliz gracias a ti —contestó.

Azaham alargó su brazo fuera del espejo, le entregó las cenizas que años atrás se llevó y poco a poco se fue difuminando del reflejo con una sonrisa.

Él no entendía nada. Seguía despierto de pie delante del espejo y no había pasado nada. Seguía vivo.

Salió a la calle pensando en todo lo que había sucedido, incrédulo por la reacción del anciano hechicero. Ahora debería estar muerto en vida, pero no era así.

Se sentó en un banco y al rato se le acercó un hombre que le preguntó:

— ¿Me puedo sentar contigo?

— Claro, como usted desee — le contestó.

— Hace un día maravilloso hoy… ¿a que sí? —dijo mientras se le escapaba una sonrisa.

— Sí, es verdad.

— ¿No pudiste encontrar la pluma de lechuza blanca? —preguntó el hombre con tono sarcástico.

— ¿Cómo ha dicho? — preguntó poniéndose de pie de un salto.

— Soy Azaham… encantado de conocerte. Te dije que tuvieras paciencia, que ya me verías. ¿te acuerdas?

No podía salir de su asombro, Azaham había vuelto a la vida como un  ser humano más y estaba hablando con él. Lo primero que pensó es que ese momento dejaría este mundo y que había llegado la hora de pagar su deuda, pero entonces Azaham siguió hablando…

— Has pasado la prueba. En los cientos de años que he vagado pactando con miles de personas nunca había conseguido encontrar un alma realmente digna.

— ¿De qué prueba hablas? — preguntó.

Azaham empezó a contarle el por qué había sido condenado a errar en busca de almas por culpa de su orgullo y su arrogancia al intentar conseguir ser como un dios y tener vida eterna y cómo a través de los tiempos… todos aquellos que pactaban con él, lo único que le pedían eran riquezas, fama y poder sin importarles nunca los demás.

— Tú sueño fue ser feliz y que aquellos a los que querías y que te querían también lo fueran y eso solo lo pide un alma digna.

— ¿Y por qué no te has cobrado mi deuda? — le preguntó.

— Ya lo he hecho —contestó— ya tengo un año más de vida. ¿acaso no me ves?

— ¿Y por qué no estoy catatónico? —volvió a preguntar.

— Porque al verme perdiste esa felicidad y eso quiere decir que uno de tus sueños no se cumplió hasta el final. Sin embargo hiciste algo que demuestra la dignidad de tu alma por encima de todo. No te negaste a pagar y aceptaste tu destino. Por eso, compartiremos el alma los trescientos sesenta y cuatro días que te quedan de vida y así tendrás tiempo de despedirte de todos aquellos que te hicieron feliz y al final del año… morirás en paz y yo podré seguir viviendo.

— ¿Entonces es verdad que moriré? —preguntó agachando la cabeza.

— Sí, eso no puedo cambiarlo.

Siguieron hablando durante horas y en un momento dado de la conversación, que parecía la de dos amigos que hacía mucho tiempo que no se veían, Azaham dijo:

— No consigo actualizarme. En mis tiempos utilizábamos plumas de aves para escribir, de ahí lo de la pluma blanca de lechuza. Ha pasado demasiado tiempo. Ahora tenéis cosas por las que antes nos habrían quemado en una hoguera tan solo por hablar de ellas. En realidad, ni el mejor de los adivinos del futuro habría soñado con tales instrumentos mágicos. Y… ¿qué decir de eso que llamáis Internet? Yo empecé como aprendiz mandando palomas mensajeras y visitando en persona a aquellos que querían invocar a los espíritus y necesitaban los hechizos de mi Maestro. Con el paso del tiempo fueron creándose otros medios para comunicarnos que hacían que mi magia quedara a la altura de actuaciones circenses… ¡Una locura!

— ¿Tantos años has vivido? —preguntó.

— Sí, ya ni los recuerdo. En realidad no sé si mi vida puede considerarse vida. En fin… cometí el mayor de los pecados y desde entonces lo pago así. He vivido multitud de guerras y depresiones, hambrunas y todo tipo de desastres junto a épocas de relativa paz. El ser humano no cambia. Os creéis muy adelantados pero en esencia no sois más que copias de copias. Cada época tiene su forma particular de ver la vida dependiendo de su entorno pero el ser humano no aprende la lección… Destruye todo lo que le rodea. Es ambicioso y mentiroso. Por eso me llamó tanto la atención el hecho de que tú no fueras como todos ellos y durante todo este tiempo, en vez de esparcir las cenizas y que se perdieran, las guardé para comprobar si tu “felicidad” te había cambiado.

— ¿Y me cambió? —preguntó.

— No, por eso estás ahora mismo sentado a mi lado charlando y no postrado sobre una cama esperando el día de tu muerte.

— Y… ¿Ahora qué, Azaham?

— Ahora… la vida sigue. Tú tienes tu último año y yo seguiré condenado a vagar en busca de nuevas almas que me permitan seguir observando cómo el ser humano se destruye a sí mismo año tras año. El día que eso ocurra definitivamente ya no tendré que seguir buscando, pues ya no habrá almas que poseer y por fin mi castigo terminará y moriré yo también.

— ¿Quieres morir? —preguntó.

— Sí… —contestó Azaham— estoy muy cansado de vagar.

— Pues lo tienes fácil. Deja de buscar almas.

— Las cosas no son tan sencillas —replicó— Si muero por no conseguir almas, la mía se condenará por toda la eternidad. Sin embargo, si dejaran de existir no sería yo el culpable de no conseguirlas. Mi alma me sería devuelta y podría por fin descansar en paz. Hace cientos de años busqué la inmortalidad, ahora solo espero a que la muerte por fin me abrace y me deje descansar.

— O sea que… ¿para que tú consigas tu descanso debemos desaparecer todos nosotros? — preguntó.

Azaham simplemente sonrió mientras le miraba a los ojos y finalmente dijo:

— ¡Vaya paradoja!, ¿a que sí?

Entonces se levantó y se despidió de él.

— Ya me voy, pues tengo que seguir buscando más almas y solo tengo trescientos sesenta y cuatro días para conseguir la siguiente. Adiós, encantado de conocerte, recuerda que compartimos alma los próximos trescientos sesenta y cuatro días. No cambies ni dejes que nada ni nadie te cambie. Sigue siendo Tú Mismo.

Él no sabía ni qué decir y simplemente tras unos segundos dijo:

— Adiós Azaham, suerte y… ¡Gracias!

La vida no deja de ser una paradoja que se ríe día a día de todos nosotros. Parece ser que para que a unos les vaya bien, a otros les ha de ir mal. Para que haya “Señores” debe haber “Plebeyos”. Para realizar algún sueño, tienes que desechar los demás.

Todos formamos parte de un “Gran Juego” y cada uno de nosotros tenemos nuestro lugar asignado dentro de este tablero de ajedrez llamado “Vida”.

La cuestión es…

“¿Te atreves a jugar o simplemente… te dejas llevar?”

Carpe Diem


Toda esta historia, como no podía ser de otra manera es pura ficción. O no… ¿Quién sabe?

Ahora, si quieres puedes descubrirlo accediendo al sitio donde él le conoció, haciendo Click sobre el “Sello de Azaham” que se encuentra debajo de estas líneas. Tan solo es un enlace de los muchos alojados en infinitas páginas del universo de internet

¿Te atreves?


“El conjuro de Azaham” es un Texto original de 1331ocho registrado en SafeCreative con el número 1911052407831 y pertenece al Volumen 2 de Pensamientos… que nunca debieron salir de mi cabeza.

La imagen del Sello de Azaham es un gráfico original de 1331ocho registrado en SafeCreative con el número 1911052407855


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