Viernes

— Hola.

— Hola.

— ¿Qué tal estás?

— Podría estar mejor… ¿y tú?

— Te echo de menos.

— No te creo. Ojalá pudiera creerte pero no puedo.

— Lo siento.

— No es verdad, no lo sientes. Simplemente te has vuelto a quedar sola.

— ¿Cómo lo sabes?

— Porque has saludado. Solo lo haces cuando te quedas sola y no tienes a nadie con quien divertirte ni con quién compartir ese futuro que tanto ansías.

— ¿Podemos hablar?

— ¿De qué?

— De nosotros.

— Eso no existe. No se puede hablar de algo que no existe.

— Dijiste que siempre me esperarías. Lo dijiste y me has mentido.

— No es verdad. Yo nunca te mentí. Sigo esperando a aquella persona que un día me dijo que necesitaba tiempo, pero esa persona nunca volvió. Murió buscando su futuro en medio de sus casualidades y sus paranoias sin saber lo que realmente quería. En una lucha constante entre sus múltiples “yo” que no la dejaban decidirse por aquello que realmente le hacía feliz. Una persona que por la mañana pensaba una cosa, por la tarde otra y por la noche otra dependiendo de con quién hubiera hablado a lo largo del día y que al día siguiente te decía que si le contabas su vida… lo negaba todo.

— ¿Tan mala persona soy?

— No lo sé. Yo no soy quién para juzgar a nadie. El único y verdadero juez es el tiempo y día a día va dictando su sentencia y cada vez la sentencia es más dura e incomprensible para mí. Ya no espero nada.

— ¿Algún día me perdonarás?

— No tengo nada que perdonar. El único que tiene derecho a tal cosa es “tu Dios” y ya sabes que yo no creo en Él. No puedo creer en un ser cruel que permite tanto mal y desgracias.

— No digas esas cosas, por favor.

— Lo digo porque cada día estoy más convencido de que es así. Dios no existe. Tan solo es un pretexto para todos vosotros para poder hacer lo que queréis y luego acudir a pedir perdón y así sentiros bien como si nunca hubierais hecho mal alguno. Yo prefiero asumir mis culpas sin echarle la culpa a nada ni a nadie superior. Si me equivoco… me equivoco yo y si acierto… soy yo quien acierto, no ninguna divinidad que me da o me quita algo en función de lo bueno o malo que haya podido ser. Porque si así fuera… ¿por qué hay tanto “hijo de puta” al que le van tan bien las cosas?, ¿por qué hay tanta gente que sin hacer daño a nadie, su vida es una mierda?, ¿en eso también interviene tu Dios o es que les está reservando lo mejor para otra vida? Será eso… claro.

— No cambias.

— Ya sabes que no. Ojalá pudiera decir lo mismo de ti. Has cambiado tantas veces que ya ni te reconozco, ¿quién eres hoy?

— Soy yo.

— Sí, pero ¿qué yo? Tienes tantos que cada vez que hablamos pasa un rato hasta que logro saber quién eres en cada momento.

— Me odias.

— No. Yo no puedo odiarte. Simplemente no consigo entenderte y ya estoy cansado. Me rindo.

— Rendirse es de cobardes, ¿lo sabes?

— Sí.

— ¿Y por qué te rindes?

— Porque ya no espero nada de nada ni de nadie. Estoy decepcionado de todo y de todos. El que quiera estar… que esté. El que se quiera ir que se valla pero que no vuelva más. Ya estoy harto de ser el “muro de las lamentaciones” de todo el mundo. Estoy harto de ser esa muleta sobre la que se apoyan todos cuando las cosas pintan feas y al que se le guarda en un rincón cuando ya no es necesario… Hasta aquí hemos llegado. Ya estoy cansado de mirar por los demás cuando se sienten mal y que en el momento en el que recuperan el ánimo siempre sean otros los beneficiarios de las risas y de los buenos momentos. A partir de ahora, el que se sienta mal que se valla aun sicólogo, que seguro que todos tienen algún amigo que tiene un amigo al cual, su amigo sicólogo le ha ayudado por una módica cifra por sesión. No sé si servirá de algo pero más vale… se paga para que te solucionen la vida y para que te digan como debes pensar. Sobre todo para los amigos.

— Eres malo.

— Es posible, pero por lo menos no miento ni me aprovecho de los demás. Tan solo digo lo que pienso. Ya sé que hoy por hoy no es muy “políticamente correcto”. Hoy en día la gente prefiere las medias verdades y las mentiras piadosas pero yo nunca he podido con eso, y lo sabes. Una media verdad no deja de ser una media mentira que con el tiempo va creciendo y creciendo hasta convertirse en algo falso.

Por cierto… no me has dicho qué querías.

— Nada. Solo saludarte y saber cómo estabas.

— Podría estar mejor…

— Y peor… ¿no?

— Sí, es posible.

— Cuídate, me lo prometiste.

— ¿Las promesas hechas a alguien que miente tanto se tienen que cumplir?

— ¡Pues claro!

— Entonces haré lo posible.

— ¿Podemos seguir hablando en otro momento?

— No lo sé. Eso se lo debes preguntar a tus otros “yo”. De todas formas yo sigo aquí. Eso sí… hasta que deje de estar.

— ¿Eso es una amenaza?

— No, es una certeza.

— Bueno… luego hablamos.

— No creo.

— ¿Por qué?

— Es viernes y mañana… “sábado”.


“Viernes” es un texto original de 1331ocho registrado en SafeCreative con el número 191227275532b y pertenece al Volumen 3 de Pensamientos… que nunca debieron salir de mi cabeza.


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