La Ventana

Aquella noche se asomó a la ventana, como cada noche antes de acostarse. La luna era más grande de lo normal y el cielo parecía que se había tragado las estrellas, no había ninguna y aquella inmensidad le hacía parecer más pequeño.

Era una calurosa noche de verano y por delante tenía las habituales horas de insomnio. Vueltas y vueltas en el lecho en busca de la posición idónea para que por fin el sueño le visitara en esa oscuridad interminable.

No corría ni una brisa de aire, el sudor hacía que las sábanas se pegaran a su piel con cada vuelta y cada cambio de posición se hacía cada vez más insoportable, lo que hacía que cada dos por tres se volviera a levantar para dar un paseo de tres o cuatro pasos en dirección a la puerta y vuelta atrás en dirección a la ventana la que terminaba asomándose buscando esa brisa de aire fresco que no existía y  con la única compañía de la luna, que esa noche era más grande de lo normal.

De repente, vio pasar una estrella fugaz. La única de todo el firmamento y con un lamento le pidió que le dejara por fin dormir. Tan solo fue un instante en el que pensó en la suerte que había tenido al asomarse precisamente en ese momento en el que la estrella pasaba delante de su ventana. Se decía…

— La suerte consiste en estar en el lugar apropiado, en el momento apropiado. Hoy voy a dormir — y volvió a la cama convencido de su suerte.

Pasaron varios minutos pero el sueño no llegaba. Pasó una hora y tampoco. Con los ojos abiertos como platos, miraba el techo de su cuarto como si pudiera encontrar ahí las respuestas escritas a todas sus preguntas. La luz de la luna, que esa noche era más grande de lo normal, entraba por la ventana iluminando la estancia y creando sombras tenebrosas, pero el sueño seguía sin llegar.

— Valla gilipollez — se decía — volviéndose a levantar de la cama y tras tres o cuatro pasos volvió a asomarse otra vez a la ventana para mirar a la luna, que esa noche era más grande de lo normal.

Siguió pasando el tiempo, lento y tedioso como la espera de aquel que ya no espera nada, maldiciendo su suerte, o quién sabe… su falta de suerte.

Eran ya las tres de la mañana y el sueño parecía que se había olvidado definitivamente de él. Un nuevo paseo de tres o cuatro pasos hasta la puerta, otro de cuatro o cinco pasos hasta la ventana y de vuelta a la cama a seguir dando vueltas y vueltas sin encontrar esa posición que le permitiera descansar, y otra vez de pie… con dirección a la ventana donde su única compañía, la luna, seguía ahí mirándole como si se estuviera riendo de él. Y era una risa muy grande porque aquella noche… la luna era más grande de lo normal.

Seguían pasando las horas. El reloj no tenía ninguna prisa… lento como el tiempo cuando queremos que pase el tiempo. Cada minuto era una tortura, cada hora una eternidad del tamaño de aquel cielo sin estrellas iluminado por aquella luna que poco a poco se iba desplazando por el firmamento.

Desolado y sin esperanza de dormir, se volvió a acostar asumiendo que aquella terminaría siendo otra larga noche. Antes de cerrar o ojos volvió a mirar el reloj… las cuatro y aún le quedaban horas y horas por delante antes del amanecer. Ya ni siquiera esperaba que el sueño fuera a visitarle más y sin darse cuenta… se durmió.

Al abrir los ojos, habían pasado casi cinco horas. La luz del sol entraba por la ventana iluminando toda la estancia. El reloj había corrido muy rápido… tan rápido como el tiempo cuando no queremos que pase el tiempo. Se había quedado dormido por fin y la luna, que aquella noche había sido más grande de lo normal, ya no estaba.

Moraleja:

“Si esperas que algo pase… nunca pasará porque las cosas, para bien o para mal, ocurren cuando no las esperamos”.

Al final todo llega, el problema es que por lo general… llega ya tarde.


“La Ventana” es un texto original de 1331ocho registrado en SafeCreative con el número 191227275532f y pertenece al Volumen 3 de Pensamientos… que nunca debieron salir de mi cabeza.

Foto de fondo en Logo 1331: Bertsz

Foto de Luna: Ponciano


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