Aduladores, un peligro que no sabemos ver



Aduladores

Un peligro que no sabemos ver…, o no queremos ver.

Adular, según el diccionario:

Hacer o decir con intención, a veces inmoderadamente, lo que se cree que puede agradar a otra persona.

¿Quién no ha conocido a algún adulador o aduladora?, ¿quién no ha tenido la sensación de tener a su lado a una persona que siempre nos está diciendo lo guapos, listos, maravillosos y estupendos que somos y que hace todo aquello que queremos?

A mí, estas personas me dan mucho miedo. Básicamente porque sé con certeza que muchas de esas “adulaciones” no son del todo ciertas y que sólo lo hacen por agradar, o lo que es peor, para que creamos que le importamos o incluso que nos quiere. No importan las consecuencias ni a quien se lleven por delante, ellos o ellas dan la apariencia de buenas personas y llegamos a confiar plenamente e incluso a olvidarnos de los que de verdad siempre estuvieron ahí. Caemos una y otra vez en sus trampas. Nos hacen sentirnos bien gracias a nuestra falta de autoestima personal.

Un adulador o aduladora, lo que busca siempre es que nos sintamos queridos y arropados pero detrás, siempre existe un interés oculto, unas prisas por conseguir algo que sabe que si no consigue lo antes posible, nunca tendrá y por lo tanto, no escatimará ningún recurso hasta conseguir su objetivo.

El adulador o aduladora nunca habla mal de la persona que se quiere quitar del medio. Es más, llega hasta a hablar bien de él o de ella e incluso puede llegar a decir que le envidia y que le gustaría ser como él o ella pero ahí está la trampa. La cuestión es si lo vemos o no lo vemos, o mejor dicho…, si queremos o no queremos verlo.

El problema, y lo digo por experiencia, es que cuando estos personajes consiguen lo que se proponían, cambian totalmente. Ya no necesitan estar haciendo la pelota constantemente, ya puede salir su verdadero “yo”. El problema es que cuando nos damos cuenta ya es demasiado tarde. Las personas a las que este adulador o aduladora separó de nuestras vidas, ya no están ni estarán.

Seguro que todos y todas habéis conocido a alguna persona así, van de buenas personas por la vida, tratan muy bien a sus víctimas. Son simpáticos y educados. Siempre nos dicen nuestras virtudes y para ellos o ellas no tenemos defectos. Hacen en todo momento lo que saben que nos agrada y nunca nos llevan la contraria. Si en algún momento discutimos con ellos o ellas, incluso se echan a llorar como niños y nos piden disculpas llegando a decir que se mueren si nos pierden. Hacen todo lo posible para enredarnos en sus redes.

Cualquier persona sabe que somos seres imperfectos, que todos tenemos nuestros defectos, que la perfección no existe. De hecho, eso es lo más bonito del ser humano, su imperfección. Siempre he creído que una persona perfecta tiene que ser muy aburrida. Nuestros defectos son lo que realmente nos hacen humanos, son lo que realmente nos hacen ser diferentes unos a otros y lo que forma nuestro “yo” y eso es precisamente lo que anula un adulador o aduladora, nuestra personalidad.

El adulador es manipulador pero claro…, ¿a quién no le gusta sentirse adulado?, ¿a quién no le gusta sentirse importante?, ¿a quién no le gusta sentirse el centro del universo?

Pues, lo siento pero…, me dan mucho miedo los aduladores.

Yo prefiero a alguien que sea capaz de decirme que me estoy equivocando y que no estoy haciendo algo bien. Yo prefiero a esas personas que son capaces de mirarme a los ojos y decirme, a riesgo de quedar mal y de que me enfade con ellos o ellas, que no soy tan guapo ni alto como me creo. Yo prefiero a esas personas que son capaces de echarme una bronca “por mi bien”, porque son las que a la hora de la verdad…, siempre estarán ahí, son las que cuando me hunda…, sé que vendrán a rescatarme.

Resumiendo…, siempre me han dado mucho miedo los “Aduladores” o “Aduladoras”.

Blog, Pensamientos que nunca debieron salir de mi cabeza.

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