Help me!

“Ayuda” es una palabra que cuesta mucho pronunciar cuando la necesitas porque muchas veces nos hace sentirnos inferiores a los demás.

Nuestro ego no nos permite sentirnos por debajo de otras personas. Creemos que si pedimos ayuda nos estamos infravalorando.

A todos, en un momento dado nos gusta decir que ayudaríamos a cualquier persona, en cualquier caso y a cualquier precio. Nos encanta sentirnos héroes salvando a pobrecillos que no saben cuidarse de sí mismos pero… ¿es eso realmente cierto?, ¿de verdad estamos cuando se nos necesita?, ¿somos capaces de escuchar los “gritos del silencio”?

El silencio, muchas veces puede llegar a ser un grito atronador y no todas las personas saben escucharlo. El hecho de no quejarse no es síntoma de que todo va bien. Puede que sí, pero en ese caso se diría eso… todo va bien. A mí, los silencios siempre me han dado mucho miedo por lo que ocultan. Casi siempre son un síntoma de que algo no va todo lo bien como debería ir pero… también hay que saber interpretarlos de manera correcta y no es nada fácil.

Hay personas de todos los tipos y colores que se expresan de mil maneras diferentes, pero los silencios son muy característicos de algo no tan bueno, sea como sea la persona y su manera de ser.

Las veces que he podido gritar y pedir ayuda en el más absoluto de los silencios, angustiado por situaciones que se iban sumando y que me hacían hundirme más y más… sin que nadie me escuchara.

Atormentado por no saber decir en voz alta lo que mi alma grita hasta desgarrar esas paredes invisibles a los ojos de los demás mortales con los que día a día vivo en la cercanía del “hola” y “adiós” o esas eternas charlas en la distancia que terminan con un “hasta mañana” en el mejor de los casos, con una falsa esperanza o con la acusación de estar reprochando algo si se me ocurre decir que hay cosas que no consigo entender…

¡Porque no las entiendo!

Entonces intentas cerrar los ojos para dormir y terminas dándote cuenta de que el sueño tampoco viene a visitarte esa noche, posiblemente porque también se olvidó de que le necesitabas al no saber pedir ayuda ni tan siquiera para eso y es entonces cuando te sorprendes mirando el techo en la oscuridad contando los segundos, los minutos y las horas. Dando vueltas como si con eso consiguieras encontrar esa posición que te haga descansar por fin.

Entonces gritas… ¡Ayuda!, pero no hay nadie. Nadie escucha tu grito, nadie viene en tu ayuda.

Y así pasan los días y las noches. Por más que gritas… nadie te escucha.

Llegará un día en el que alguien se preguntará qué fue de aquel personaje que ya no dice nada, que ya no hace reproches porque ya no pregunta el por qué pasaron las cosas como pasaron y ya será demasiado tarde porque ya no estará.

Se habrá ido gritando, eso sí… en silencio, como siempre. No vaya a ser que al final sea verdad y exista “ese Dios” del que algunas personas hablan y por el camino a esa otra existencia le impida llegar a todo aquello que negó en vida porque simplemente no entendía las cosas. Porque simplemente no supo gritar para que todo el mundo le escuchara. Porque simplemente nadie quiso escuchar sus gritos en la inmensidad de su silencio.

Entonces algunos dirán que no sabían nada, otros que no podían hacer nada y los demás… los demás seguirán con su día a día y seguirán diciendo que ayudarían a cualquier persona en cualquier caso y a cualquier precio y así su conciencia seguirá estando libre de toda culpa, eso sí… con los oídos tapados, no vaya a ser que por error escuchen algún grito en su inmenso silencio.

“No hay nada más atronador en la cabeza que los gritos del silencio”


“Help me!” es un texto original de 1331ocho registrado en SafeCreative con el número 1910302357230 y pertenece al Volumen 2 de Pensamientos… que nunca debieron salir de mi cabeza.

Imagen cara grito en el logotipo 1331ocho by: Shane Foreman


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