La Felicidad no le está permitida a todo el mundo

Todos buscamos eso a lo que llamamos “Felicidad” pero cada día estoy más convencido de que es algo que no le está permitido a todo el mundo por culpa de los pecados cometidos en el pasado.

Yo siempre me he considerado una persona agnóstica. Según el diccionario, un agnóstico es una persona que, sin negar la existencia de Dios, considera inaccesible para el entendimiento humano la noción de lo absoluto y, especialmente, de Dios.

Yo creo en el ser humano y en todas sus limitaciones, especialmente las limitaciones psicológicas que nos pueden llevar a un bucle del que en muchas ocasiones no sabemos salir, nos contradecimos continuamente porque lo que deseamos con todo nuestro corazón no es compatible con lo que nuestra mente nos dice y eso se puede convertir en un conflicto interno que puede llevarnos a la locura.

La esperanza es muy peligrosa porque te hace revivir esos momentos de felicidad que añoras durante unas horas y de repente te los vuelve a quitar de un plumazo sin avisar y riéndose de ti, te dice:

— Esto era lo que deseabas, ¿no?, pues es precisamente lo que nunca vas a tener.

La felicidad no le está permitida a todo el mundo, te puedes pasar toda la vida pagando por los pecados del pasado, buscando una redención que nunca va a llegar y hay momentos en los que deseas que todo termine de una vez para descansar por fin en paz.

Hace poco viví uno de esos momentos, tan sólo duró cinco horas pero volví a ser feliz durante ese corto espacio de tiempo y no me arrepiento. Volví a sentir lo que sentía, volví a sonreír, volví a sentir su presencia, volví a pasear por los lugares por donde una vez fui feliz y durante esas horas llegué a creer que Dios había perdonado todos mis pecados, que han sido muchos y por los que he hecho mucho daño a personas que no se lo merecían. Soy culpable de todo.

El problema es, ¿cómo puedes ser perdonado por “alguien” o “algo” en lo que no crees?

Es duro darse cuenta de que has perdido todo aquello que querías en la vida y sobre todo cuando lo pierdes sin darte cuenta porque no eres consciente en un momento dado de que pueden estar pasando cosas que se escapan a tu entendimiento.

Cuando entras en un bucle depresivo llegas a no ver la salida del túnel, cada vez es más largo y oscuro y todo se vuelve tedioso. El en fondo de tu alma confías en que los demás se están dando cuenta de lo que te está pasando y esperas que vengan a salvarte y a sacarte del agujero en el que estás pero la realidad es que eso nunca pasa, todo lo contrario. Con el tiempo te dicen que ya no están porque tú te fuiste, porque ya no estabas y eso es algo que te vuelve loco porque no entiendes cómo era posible que no escucharan tus gritos de auxilio.

“No supe verlo, lo siento…”

De repente un día, sin saber ni cómo ni porqué te despiertas y poco a poco vas viendo hilillos de luz pero es en ese preciso momento cuando te das cuenta de que ya no existes, de que ya han ocupado tu lugar, de que ya no eres nadie, de que nunca escucharon tu gritos.

Pides una explicación porque no eres consciente de lo ocurrido y todo se vuelve en tu contra otra vez. Te dicen que no estuviste y te sientes estafado por la vida, humillado por el destino y olvidado por ese Dios en el que no crees y al que sin embargo le echas la culpa de todo. Así es el ser humano y yo no soy una excepción.

Lo peor de todo es que ni siquiera puedes echarle en cara nada a nadie porque la verdad, por mucho que duela es que tienen razón. Tú no estabas y durante el tiempo de tu ausencia la vida seguía, no se había parado como tú creías y cuando volviste ya habían ocupado tu espacio y tú ya no tienes derecho a aquello a lo que de una manera inconsciente dejaste porque confiabas ciegamente en que vendría a salvarte.

Dicen que hay que luchar por aquello que quieres con todo tu corazón, pero no siempre es verdad. Hay veces que la mayor demostración de amor que se puede hacer es dejar que la vida siga adelante dejándolo marchar. Tú ya no existes y por lo tanto lo único que puedes dar es dolor, sufrimiento y reproches y eso no es justo, lo mejor y más justo es desaparecer porque nadie tuvo realmente la culpa de que tú entraras en ese túnel, nadie tuvo la culpa de que tú no gritaras lo suficientemente alto, nadie tuvo la culpa de que tú no supieras encontrar la salida.

Por eso digo que la felicidad no le está permitida a todo el mundo, posiblemente porque no todo el mundo la merece. Yo no la merezco y lo acepto, me han ganado. Enhorabuena a todos aquellos que de una manera u otra se alegrarán de mi caída a los infiernos, a todos aquellos que un día me desearon lo peor. Me habéis ganado y acepto mi penitencia.

Y sobre todo…

¡Enhorabuena a los que estáis ahí…, gracias a mi desgracia!

Eso sí, os voy a dar una mala noticia…, ¡yo siempre vuelvo!

Blog, Pensamientos que nunca debieron salir de mi cabeza.

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