Muros



— Hola… —leyó en la pantalla de su teléfono.

— Hola —contestó.

— …

— …

— Bueno, ya veo que no tienes muchas ganas de hablar.

— ¿Hablar de qué?

— De nosotros…

— ¿De nosotros?, eso ya no existe.

— Vale, perdona por haberte molestado, solo quería saber cómo estabas.

¿Para qué quiere saber cómo estás una persona que fue capaz de decir y hacer lo que hizo, tan solo por el hecho de que buscaba un futuro mejor, expulsándote de su vida?

— Te lo va a volver a hacer —decían todos aquellos que le conocían.

Y lo peor de todo es que tuvieron razón. Lo volvió a hacer. ¿Cómo se lucha contra todo eso? No se puede luchar, simplemente se acepta.

Es fácil de decir… ¿a que sí?

— Hola… —volvió a leer en la pantalla de su teléfono.

— Hola —volvió a contestar.

— Necesito hablar contigo.

— Hablar conmigo… ¿de qué?

— De nosotros…

— ¿De nosotros?, eso ya no existe. Lo dejaste muy claro

— Sabes que no era verdad lo que dije. Lo hice por ti, por no hacerte más daño y lo sabes.

— Yo ya no sé nada, solo sé que lo dijiste. Y sí… es verdad que no te creí pero eso ya no importa porque hace tiempo que ya no creo nada de lo que dices.

Cuando una persona miente tanto, llega un momento en el que ya no sabes distinguir lo que es verdad de lo que no lo es. Se funde todo en una malgama de mentiras y medias verdades que ya son imposibles de distinguir por separado.

— ¿Puedo hacer algo para que me entiendas y me creas?

— Tranquila, si yo ya lo entendí todo. No me quedó más remedio que hacerlo. Pero creerte… eso ya no puedo hacerlo. No puedo creerte.

— Algún día lo entenderás todo y me darás las gracias.

— Es posible, pero no creo que eso pase.

— Bueno… no te molesto más, te pido perdón por todo el daño que te he hecho.

— No pidas perdón por algo que no sientes, no seas tal falsa. Por cierto… ¿encontraste tu futuro?

— ¿Ves…? Ya estás con los reproches.

— Sí, es lo único que sé hacer, reprochar… ¿a que sí?

— Vale, está claro que me odias. Adiós.

— Te equivocas una vez más, yo no te odio. Pero no me pidas que entienda algo que no consigo entender por más que tenga la obligación de aceptar.

— Déjalo, por favor.

— Tranquila, eso ya lo hice hace tiempo. Yo tan solo te hice una pregunta y la contestación, fuera verdad u otra de tus mentiras, fue la que fue y eso ya no tiene solución.

— ¿Eso crees?

— No, en realidad yo no lo creo pero ¿qué más da ya? Siempre he creído que todo tiene solución pero ahí entra ese “orgullo” tuyo que siempre te impide dar un paso hacia atrás y asumir lo que de verdad quieres. Sabes que te lo he dicho siempre… Tienes que ser tú quien se dé cuenta. Nadie más puede hacerlo por ti.

Por supuesto, todo este diálogo es pura ficción. Nunca existió. Precisamente porque el orgullo muchas veces es más poderoso que el corazón e infinitamente más destructivo que la razón.

Mientras tanto, el tiempo sigue pasando y poco a poco… todos esos sueños se van desvaneciendo. Quién sabe… a lo mejor todo no fue más que un mal sueño. A lo mejor todo fue producto de mi imaginación. Puede ser que no supe ver que nada era real. Posiblemente nunca entendí que lo imposible es algo inalcanzable, pero a pesar de todo… sigo siendo “ese soñador” que cree que los sueños pueden llegar a cumplirse si se pone empeño en ello.

El problema es en que la mayoría de los casos, por no decir en todos, no depende tan solo de uno mismo. Existen factores externos que se dedican una y otra vez a levantar esos “muros” que por desgracia… ya no tengo fuerzas para seguir tirando.

Las mentiras, los desprecios, la falsedad y las medias verdades son esos ladrillos que se van colocando uno a uno entre dos personas, levantando un “muro” que llega un momento que es tan alto que no te deja ver el otro lado.

Puedes darte de cabezazos contra él, pero el muro sigue estando ahí, cada vez más alto…

La única manera real de tirarlo sería haciendo fuerza desde los dos lados, pero eso casi nunca ocurre. La comunicación se termina y todo se vuelven reproches y malos entendidos.

— ¿Me ayudas a tirar el muro?

— ¿Qué muro?

— Déjalo… solo era una metáfora.

“No levantes muros tan altos.

Quizás algún día necesites pasar al otro lado y ese día…

… tendrás que escalar”.

 


“Muros” es un Texto original de 1331ocho registrado en SafeCreative con el número 1911092435856 y pertenece al Volumen 2 de Pensamientos… que nunca debieron salir de mi cabeza.

Imágenes de las mariposas: michele martinello

Imagen muro de piedra: jeonsango


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