Nunca digas nunca jamás

— ¿Puedes hablar?

— Será mejor que ya no hablemos, no vaya a ser que entre mis palabras se incluya eso que tú llamas reproches y que te hacen sentirte tan mal. Además… no vaya a ser que se enteren de que vuelves a romper otro de tus pactos y te hagan devolver todo aquello cedido por la venta de tu alma, esa paz y ese habitáculo al que siempre puedes volver en caso de que te vayan mal las cosas.

Estas fueron las últimas palabras que se dijeron, o quién sabe… lo mismo ni si quiera se dijeron pero… ¡qué más da!, ya nunca más volvieron a cruzarse. Todo por esa mal entendida felicidad o quien sabe… lo mismo todo había sido orquestado desde el principio y él solo fue una pieza más de todo aquel puzle. Quizá no era más que el pretexto para que ella lograra salir de su jaula y una vez fuera… Ya no era tan necesario.

No solo no era necesario, en realidad era una carga porque ella solo había querido desprenderse de esa losa que era su vida y conseguir una felicidad a la carta que difícilmente puede llegar a cumplirse pero bueno… por lo menos lo intentó. Eso sí, dejó sus cadáveres consciente o inconscientemente, eso nunca lo sabré porque aunque alguna vez llegue a escuchar una explicación, no creo que pueda creer nada. Cuando todo es una mentira, hasta la verdad se disfraza y no es posible creerla.

“Es difícil creer una verdad cuando se mezcla con tantas mentiras”

Lo que no consigo entender, y no creo que nunca lo consiga, es cómo alguien puede dormir después de destrozar la vida y los sentimientos de otro. Y lo digo por experiencia porque a mí me pasó hace años, hice mucho daño a una persona que no lo merecía y desde entonces no duermo. Hay quien dirá que mi insomnio es producido por otras muchas cosas y es posible pero… la verdad es que desde hace años no consigo dormir más de dos horas seguidas y las noches no es que sean largas, son eternas pero… ¡qué más da! Lo verdaderamente importante es “esa paz” y “ese habitáculo” donde poder volver en caso de que las cosas vayan mal, ¿no?

Por cierto, esta es otra de las cosas que a pesar de que la mayoría de la gente diga que es lo correcto, yo no consigo entender ni compartir:

Muchos se empeñan en dejar cosas preparadas por si lo que tienen entre manos no les va bien, lo que a mi juicio ya les predispone a que nada realmente les va salir como realmente desean. Si constantemente vives pensando que lo que tienes como presente va a salir mal o puede salir mal… terminará saliendo mal y es entonces cuando yo me hago una pregunta:

— ¿Esta gente disfruta de la vida?

Personalmente creo que no, porque siempre están preparando la huida por esa posibilidad de fracaso y claro… tanto piensan en el fracaso de su presente que tarde o temprano, como tienen que tener la razón en todo, terminan provocándolo. Eso sí… siempre son los demás los culpables y si les pides explicaciones, siempre pueden decir que son reproches.

Yo le haría una pregunta a mucha gente:

— ¿Qué es lo que realmente queréis?

La mayoría de la gente no sabe contestar a esta pregunta porque quiere muchas cosas y muchas de ellas son incompatibles… y cuando tienen que priorizar se dan cuenta de que hay cosas realmente imprescindibles y otras que no lo son del todo y a estas últimas se les va dando salida, en algunas ocasiones digna y en otras de la forma más cruel y sin anestesia, cosa que por lo general… suele ser lo más habitual.

Por eso, nunca digas “nunca jamás”, porque nunca sabes qué es lo que vas a tener que pagar a cambio de tu paz, de esa falsa felicidad y del habitáculo que te van a ceder para que pases tus horas con aquellos que perdonándote la vida después de haberte echado de la suya tiempo atrás, te vuelven a atrapar a cambio de que entierres tu corazón en el lodo y de que reniegues de tus sueños y tus pensamientos. Esos pensamientos que un día te hicieron volar y que poco a poco fuiste volviendo a encerrar en su jaula de cristal para que nadie se diera cuenta que de vez en cuando vuelves a pensar preguntándote si te equivocaste o no. Tú sabrás.

— ¿Te equivocaste?

Eso solo el tiempo lo dirá, el problema es que si al final te das cuenta de que te equivocaste… ya no tendrá remedio.

Yo nunca doy consejos o por lo menos lo intento. Sigo esa frase de Sabina que dice: “¿Qué consejos voy a darte yo?, que ni siquiera sé cuidar de mí”. Pero hoy… voy a dar uno.

Ten cuidado con la gente más cercana, esas “personitas” que se disfrazan de aliadas y te dicen lo importante que eres. Esas que te hacen la pelota diciendo en cada momento lo que quieres oír y que sin embargo sin darte cuenta, te hacen hacer todo lo que te dicen que debes hacer y te manipulan de tal manera que nunca te vas a dar cuenta, porque claro… ¿cómo van a querer ellas algo malo para ti?

Y no es que quieran algo malo… realmente no es eso. Lo que quieren en lo mejor para sí mismos sin importarles nada las demás personas y para conseguir sus propósitos no les importará nada lo que a terceras personas les pueda suceder, ni siquiera a ti. Tú solo eres otro instrumento más.

El problema es que lo hacen con todos, esa es su estrategia. Dividir y quitarse de en medio aquellas personas que en un futuro pueden llegar a ser molestas porque realmente ellas piensan que son el centro de atención de todo y sin darte cuenta son los que más te extraen la sangre y se aprovechan de ti.

Un día se irán con el pretexto de que ya tienen años para volar por su cuenta y ese día… ese día te darás cuenta de que nunca debiste decir “nunca jamás” y de que nunca fue una aliada, más bien fue todo lo contrario, pero bueno… tú, por unos años encontraste esa paz, aunque fuera de mentira, esa mal llamada felicidad y ese habitáculo al que volver todas las veces que “todo” salió mal y del que en realidad… nunca saliste.

Posiblemente, la verdadera pregunta es:

— Y… ¿después qué?

 

Nunca digas, nunca jamás

…porque jamás es demasiado tiempo


“Nunca digas… nunca jamás”es un Texto original de 1331ocho registrado en SafeCreative con el número 1910302357254 y pertenece al Volumen 2 de Pensamientos… que nunca debieron salir de mi cabeza.

Imagen personas en el logotipo 1331ocho by: Gerd Altmann


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