Se fue…



Se fue…

¿Qué es la muerte?

Para algunas personas, la muerte es el paso de esta vida a otra, una transición. Para otros es el fin de todo, morimos y desaparecemos pero… ¿Se puede morir alguien de una manera metafórica?, ¿nuestra mente puede hacer que alguien muera para no volver a pensar en ella o simplemente para quitarse de la cabeza su existencia?

Dicen que alguien no muere del todo si queda su recuerdo, si las personas que convivieron con ella la siguen teniendo en su mente y en su corazón.

Ella se fue un sábado de agosto a las siete y media de la tarde. Recuerdo que antes de marchar la di un abrazo y un beso y poco a poco se fue difuminando como si de un tren que parte de una estación y se fuera perdiendo en el horizonte se tratara. Se quedó sentada en su silla, simplemente me miró mientras iba desapareciendo. Por un momento creí que se quedaba un rato más conmigo pero no, el tren salió a su hora exacta y se la llevó tan lejos que nunca volveríamos a tener nuestras charlas, nuestras risas, nuestros chismes.

Yo me quedé en ese andén llamado “vida”, de pie y sin saber qué hacer ni qué decir, simplemente viendo como poco a poco me iba dejando sólo.

La muerte es algo curioso y como se suele decir, siempre se lleva a los mejores. Ella era la mejor y no es una frase hecha. Era la mejor.

Desde niña siempre buscó a alguien que la quisiera, alguien que se ocupara de ella, no sabía estar sola. La soledad era su mayor enemigo y al mismo tiempo su mejor amigo, lo que le hizo ser una persona un tanto irritante a los ojos de muchos. Con el tiempo se convirtió en una bellísima mujer que nunca supo ver lo que tenía. Una y otra vez dejaba marchar a aquellas personas que de una manera u otra le demostraban su amor y sin embargo terminó casándose con alguien al que nunca quiso. Cosas de la vida…, como ella decía:

“Todo es acostumbrarse…”

Era una persona buena, siempre miraba más por los demás que por ella misma. Pasaron los años y ella seguía en su burbuja de mentiras hasta que un día salió de ella y empezó a descubrir lo que realmente era la vida, lo que realmente se había perdido y por suerte o por desgracia me tocó a mí enseñarle lo que su oscuro velo no le había dejado ver a lo largo de una vida llena de “y si hubiera hecho esto…”, “y si hubiera hecho lo otro…”

Tanto se había perdido que quiso vivir todo lo antes posible y entonces fue cuando sin darme cuenta cambió, pasó de ser alguien inocente y bueno a alguien perverso. No se lo echo en cara, siempre he creído que todos tenemos derecho a equivocarnos y que nadie tiene derecho a juzgar a los demás y yo, menos que nadie. Como dicen los creyentes:

“El que esté libre de pecado…, que tire la primera piedra”

Y entonces se fue…, ya nunca más volveré a escuchar esa vocecita chillona, ya no volveré a quedarme mirándola como un tonto mientras habla y habla sin parar. Ya no volveré a soñar… De hecho, se podría decir que se llevó todos mis sueños con ella dentro de una botella de cristal, encerrados y sin posibilidad de ser ya cumplidos. Se fueron con ella…, los envidio.

La vida es injusta, nunca da una segunda oportunidad a aquellas personas que de una manera u otra pasan años buscando una felicidad que por lo general suele ser efímera. Posiblemente porque como llevan tanto tiempo buscándola, cuando la encuentran no saben que lo han hecho y siguen buscando y buscando porque en realidad, es lo único que saben hacer.

Y de repente, un día llega la temida, o quién sabe si añorada muerte, dando al traste con toda esa búsqueda.

La realidad es que ese tren partió aquel sábado a las siete y media de la tarde y que el billete era sólo de ida. Ya no volverá más salvo en mis recuerdos, en mi pensamiento y en mi corazón. Como ella decía: “habrá que acostumbrarse…”. El problema es que no sé cómo hacerlo, no sé cómo acostumbrarme a su ausencia, no sé cómo olvidarla.

Se fue…, y yo sigo aquí en ese andén llamado “vida”, esperando el momento de subir a mi último tren.

Blog, Pensamientos que nunca debieron salir de mi cabeza.

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