Pensamientos

Tú mism@

Tú mism@

Tú mism@.

Nos empeñamos día a día en ser lo que no somos, tenemos la necesidad de ser aceptados por los demás de tal forma que somos capaces de anularnos nosotros mismos con tal de que los demás nos acepten y nos den el privilegio de estar a nuestro lado.

Pues no…señores y señoras. No estoy dispuesto a vender mi alma por un saludo, por una amistad, por un hola, por un abrazo o por una palmadita en la espalda. Nunca lo he hecho y nunca lo voy a hacer. Me parece vergonzoso y éticamente reprobable el venderse a sí mismo como lo que no eres.

Toda mi vida he sido así, con mis pocas virtudes y mis innumerables defectos y a quién no les gusten… ya saben lo que tienen que hacer.

No estoy dispuesto a adaptarme a nada ni a nadie. Estoy harto de la falsedad de una sociedad que me dice lo que tengo que pensar, lo que tengo que decir y lo que tengo que hacer en cada momento para ser uno más del rebaño y no… no quiero ser “uno más del rebaño”. ¡Yo soy yo! Y a quien no le guste, que se busque aquello que más le convenga en cada momento de su existencia.

Lo más curioso de todo es que aquellas personas que más juzgan… son aquellas que primero desaparecen y ¿sabéis por qué?

Porque no son “ellos mism@s”. Simplemente son una copia mal impresa de lo que un día fueron. Son como las fotocopias de las fotocopias que con cada copia van perdiendo calidad hasta que llega un momento en el que ya no saben realmente quienes son.

Yo me niego a eso. Me niego a ser clonado. Me niego a ser una copia de mí y me niego a fingir ser lo que no soy. Es posible que nunca consiga realizar mis sueños pero por lo menos nadie me podrá decir que los compré vendiendo mi alma por una ficticia felicidad dada por mi adaptación a cualquier cosa, situación o persona que se cruzara por casualidad en mi vida. Yo sé lo que quiero y por eso…

— Cuando me di cuenta de que podía ser quien yo quisiera… decidí ser yo mism@ y esperar.

Yo soy yo… y el día que deje de ser yo mism@, dejaré de existir porque habrá vencido la mediocridad de aquellos que creen que puedo adaptarme a cualquier cosa y no… yo no puedo, ni quiero adaptarme a “cualquier cosa”. Yo sé muy bien lo que quiero y puedo esperar.

Qué grandes son aquell@s personas que a pesar de todos los golpes que les pueda dar la vida… siguen siendo “ell@s mism@s”. Mi admiración a tod@s aquell@s que a pesar de que día a día parece más difícil andar… siguen dando pasos para conseguir llegar a donde quieren ir y sobre todo… mi respeto y admiración a todas aquellas personas que día a día luchan por sus sueños sin dejarse amedrentar por aquellos que lo único que quieren es tenerl@s bajo su yugo haciendo que se adapten a todo lo que por “casualidad” les llega haciendo que su vida sea una mentira de la cual cada día que pasa es más difícil salir.

Yo solo os pido una cosa… Ser vosotr@s mism@s. A lo mejor al principio perdéis amistades y hay personas que desaparecen de vuestro lado pero a la larga… quedarán aquell@s que de verdad os quieren porque aquellos que os quieren siempre estarán ahí para que podáis llorar en su hombro. Aquell@s que de verdad os quieren no aparecen solo en los buenos momentos para pasar un rato ni por casualidad en los malos…

Aquell@s que os quieren siempre están cuando se les necesita porque no se adaptan a todo… simplemente son quienes son. Con sus pocas virtudes y sus innumerables defectos.

“Qué grandes son aquellas personas que a pesar de ser juzgados por ser quienes son…

…no cambian para complacer a nadie”

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La noche que conocí al Demonio

La noche que conocí al Demonio

Eran las tres de la madrugada cuando, harto del ruido y de las luces estridentes de aquel lugar, salí a dar una vuelta por las calles de mi cuidad. La noche tiene algo especial que me atrapa, no consigo entenderlo pero así es. De hecho… puede que me sienta más cómodo en la oscuridad que a la luz de todos, o quien sabe… puede que la luz queme todo aquello que soy.

Aquella noche cambió todo… no sé si realmente sucedió o si fue un sueño en una de mis innumerables noches sin dormir pero fuera lo que fuera, algo sucedió.

Paso tras paso iba deambulando sin rumbo fijo cuando sin darme cuenta tropecé y al levantar la mirada… allí estaba delante de mí esa figura estilizada y oscura tendiéndome la mano y ayudando a levantarme. Esa mano, fría como el hielo, tomó la mía con tal delicadeza que todo mi cuerpo se estremeció y empezó a sentir una paz como nunca había sentido. Ese frío iba traspasando cada una de las células de mi cuerpo hasta quedarme totalmente paralizado. Entonces me miró fijamente a los ojos y me dijo:

— ¿Sabes quién soy?

— No —le contesté.

No consigo saber si era el frío lo que paralizaba realmente mi cuerpo, si era el miedo o si era esa mirada penetrante cuando volvió a preguntar:

— ¿De verdad no sabes quién soy?

— No, lo siento —le volví a contestar— No te conozco. ¿Debería?

Entonces fue cuando me invitó a seguir caminando junto a él. Mis músculos se relajaron y comenzamos a andar en silencio. No había ruidos, ni siquiera se oían los pasos, solo mi agitada respiración.

En un momento dado se paró y preguntó:

— ¿Qué es lo que quieres?

Al principio no entendí la pregunta y tras unos momentos, simplemente le dije:

— Seguir caminando —y seguimos.

Poco a poco íbamos recorriendo esas calles iluminadas por farolas. De vez en cuando nos cruzábamos con alguien y él agachaba la cabeza como si no quisiera que le reconocieran o quien sabe… puede que para que yo hiciera lo mismo y los ignorara. De todas maneras, nadie nos miraba.

Caminamos durante horas o por lo menos eso creí yo hasta que me di cuenta de que andaba solo, fue una sensación muy extraña y turbadora. Aquella noche no había bebido ni me encontraba bajo la influencia de ninguna sustancia que pudiera alterar mi mente y sin embargo allí estaba yo, andando solo en la oscuridad de unas calles vacías y solitarias y así seguí, andando sin rumbo paso tras paso.

Crucé la calle y al llegar al otro lado, una voz alteró el silencio de la noche:

— ¿Te puedo acompañar en tu paseo?

Me di la vuelta y ahí estaba una mujer pálida y delgada.

— ¡Claro! —le dije— pero que sepas que no voy a ningún lugar. Solo ando.

— Perfecto —respondió ella, y empezó a andar junto a mí.

Tras un rato caminando en silencio, preguntó:

— ¿Sabes quién soy?

— No —le contesté, y seguimos caminando.

Ni siquiera recuerdo su rostro pero sí su voz. Una voz suave y delicada que empezó a hablar y a hablar sin parar hasta que en un momento dado paró sin ningún motivo. Al girar la cabeza para saber por qué había parado de hablar me di cuenta de que ya no estaba a mi lado. No sé decir en qué momento desapareció, solo que yo seguí caminando hasta que vi un banco en medio de una plaza y decidí sentarme a descansar un rato. Entonces fue cuando apareció aquel abuelo desaliñado que con voz grave me preguntó:

— ¿Puedo sentarme a su lado, caballero?

— Sí, ¿cómo no? — le contesté.

El abuelo se sentó sin decir nada más durante un rato, asintiendo con la cabeza mientras miraba al cielo hasta que volvió a susurrar:

— Hace años, desde aquí se podían ver las estrellas. Ahora, ya no.

Pasó un rato y me dijo:

— ¿Sabes quién soy?

— No —le contesté, y siguió mirando al cielo.

Una vez que había descansado un poco, me levanté y me despedí del abuelo. Él solo levantó su mano derecha para despedirse de mí y seguí caminando fijándome que tenía razón, no había ni una sola estrella en el firmamento y ni siquiera la luna había salido aquella noche. Tan solo las luces de las farolas y alguna que otra luz en las fachadas alumbraban una noche tan oscura como pocas veces había visto.

Andaba y andaba hasta que me encontré con un niño pequeño en medio de la calle. Me acerqué a él rápido diciendo:

— Pero chaval… ¿qué haces en la calle solo tan de noche?, ¿te has perdido?

El niño clavó sus ojos sobre mí y solo me dijo:

— ¿Sabes quién soy?

— No —le contesté— ¿Pero qué haces tú solo en la calle a estas horas?

— ¿De verdad no sabes quién soy? — volvió a preguntar, y desapareció.

En ese momento, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo al verme reflejado en el espejo de un escaparate de una tienda y sin darme cuenta me acerqué. Según estaba delante… el reflejo preguntó:

— ¿Sabes quién soy?

— Sí, eres yo —le contesté— ¿cómo puedes hablarme?

El reflejo desapareció del espejo y al rato “algo” me tocó la espalda y una voz dijo:

— ¿Ahora sabes quién soy?

— No puede ser —dije temblando— ¡yo no estoy muerto!

— ¿Quién ha dicho que estés muerto? —preguntó.

— ¿Estoy dormido?

— No lo sé —dijo la voz— ¿todavía no sabes quién soy?

— No, ¿quién eres? —pregunté gritando muy nervioso.

Nadie me contestó y seguí andando muy rápido, mirando hacia todos lados por si alguien me seguía, pero no. Nadie andaba por esas calles vacías y oscuras. Nadie volvió a estar a mi lado mientras caminaba. Sentía miedo y no podía parar de andar.

Miré el reloj y eran las 3:30 de la madrugada. No podía ser. No podían haber pasado tan solo treinta minutos desde que salí de aquel garito para dar una vuelta y no solo eso… seguía estando delante de la puerta de aquel local como si no me hubiese movido de allí. ¿Me estaba volviendo loco?

Cerré los ojos y al instante los abrí y al abrirlos estaba en casa, acostado en mi cama, mirando al techo de mi cuarto en medio de la oscuridad. La puerta cerrada a cal y canto y gente hablando en el salón.

Me levanté y al intentar abrir la puerta, no podía, parecía estar sellada. No conseguía encender la luz, tenía los ojos abiertos como platos pero no había luz. Al otro lado de la puerta se escuchaba la televisión encendida y al pegar la oreja a la puerta, solo conseguí oír:

— ¿Sabes quién soy?

Deprisa volví a la cama y me tapé la cara con las sábanas. Hacía mucho frío en mi cuarto y ahí fue donde le vi en la oscuridad. Estaba a mi lado, sentado a los pies de la cama riéndose de mí.

— ¿Ya sabes quién soy? —preguntó.

— No, ¡no lo sé! —contesté aterrado.

Dieron las 4:00 de la madrugada en el reloj. La luz se encendió como por arte de magia y fue entonces cuando me di cuenta de que la puerta estaba abierta, la tele del salón apagada y de que quien estaba sentado al pie de la cama era yo.

En ese momento fue cuando entendí que nuestros miedos, nuestros problemas, nuestros temores, nuestros rencores, nuestros odios y todas aquellas cosas que nos angustian son “Nuestros Demonios” y sí… el demonio existe y está en cada uno de nosotros. Aquella noche le conocí y resultó que el Demonio era yo.

“No todos los ojos cerrados duermen…

…ni todos los ojos abiertos ven”

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Pasado, Presente… Futuro

Pasado, Presente… Futuro

”Tanto miré por mi futuro, que me olvidé de mi presente… convirtiéndolo en pasado”

A veces no somos conscientes de que los días pasan y de que lo único que realmente tenemos es el pasado. El presente es un instante que pasa con cada segundo y lo que verdaderamente es nuestro pasado.

El futuro no existe, salvo en ese instante anterior al presente y que cada día inexorablemente se convierte en eso… en pasado.

“Tengo que mirar por mi futuro”

Curiosa frase.

Hace tiempo, en el pasado leí esta frase y todavía resuena en mi cabeza. Todavía no consigo entenderla y menos aún los motivos por los que fue pronunciada pero así fue. Lo único que espero es que la persona que la escribió haya podido conseguir ese futuro que tanto ansiaba aunque no comparta la forma de llegar a él.

Yo me quedé anclado en ese pasado. Para mí sigue siendo presente porque no consigo entender el futuro sin aquello que un día me pidió tiempo. Y esa, por desgracia, es mi condena. Condenado estoy por las circunstancias de una vida que no me permite mirar al futuro sin llorar por mi pasado.

Condenado por no poder asegurar un futuro a mi pasado. Condenado por no tener aquello que algunas personas consideran primordial para vivir. Condenado por una distancia infranqueable entre mi pasado y la felicidad que me suponía tenerla todos los días presente. Condenado por su futuro…

Algún día, y puede que ese día nunca llegue, su futuro será presente y yo posiblemente seguiré siendo pasado porque el mañana no existe, el hoy es efímero y el ayer… el ayer es eterno y cada día que pasa es un ladrillo más en ese muro que resultó ser su “tengo que mirar por mi futuro”.

Lo peor de todo es que “su todo” fue, es y será mentira. Una más que se pudre en el universo de mentiras dichas por esa boca a la que tanto me gustaba escuchar. Podía pasar las horas muertas escuchando esa boca y precisamente eso fue lo que hizo… Mató aquello que parecía verdad con sus mentiras.

“Tengo que mirar por mi futuro”

Y lo hizo, valla si lo hizo.

Buscó y buscó, y claro… casualmente encontró. Bueno, realmente creo que las casualidades no existen, las causalidades… sí y esa causalidad mató mi presente y me condenó al pasado donde convivo día a día con mis recuerdos y sus mentiras. No creo que le resultara difícil pues esa boca sabía mentir muy bien y esos ojos… Dios mío, esos ojos…

Yo sigo esperando, eso es lo único que hago… esperar con la esperanza de que su futuro algún día se acuerde de que un día tuvo pasado y que su pasado sigue aquí… esperando.

“Las casualidades No existen,

…las causalidades… Sí”

Y recuerda:

…destrozan presentes y los convierten en pasado para garantizar ese futuro por el que tú… tanto mirabas.

El problema es que ese futuro se basa en mentiras y las mentiras por muchas veces que se repitan… nunca serán verdad.

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Ahora también lo puedes ver y escuchar en nuestro canal de YouTube.

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El pájaro que perdió sus alas

El pájaro que perdió sus alas

Érase una vez un pájaro que perdió sus alas. Acostumbrado a volar, a mirar el mundo desde el cielo pensó que la vida se le acababa. Ya no surcaría más las nubes, ya no volaría más entre las copas de los árboles, ya no planearía más sobre las aguas.

Su vida se tornó gris y melancólica sin aquellos que un día fueron sus amigos y su familia en las alturas.

Comenzó a andar y con cada paso que daba se iba dando cuenta de que nunca más volvería a ser el que un día fue, nunca volvería a ser el de antes, ya nunca volvería a deslumbrar con sus hermosas alas a nadie… ya no las tenía.

Pasó el tiempo y siguió andando y andando. Fue conociendo a otros animales que como él, no podían volar. De hecho se dio cuenta de que la mayoría no podía hacerlo y no eran infelices por ello, pero él seguía mirando hacia arriba.

Al principio no entendía nada, todo su mundo había desaparecido y lo que ahora se le abría ante sus ojos era un mundo desconocido. Ahora el sol estaba lejos y la tierra muy cerca. Demasiado cerca en algunos momentos.

Cuando caía el sol y el cielo se tornaba negro, pasaba horas mirando los millones de estrellas de la bóveda celeste. En ocasiones conseguía quedarse dormido y en sus sueños volvía a volar. El problema es que pasaban las horas y con las horas la noche y tras la noche llegaba un nuevo día que lo primero que le recordaba era precisamente eso… que ya no podía volar.

Pasaron años y terminó acostumbrándose a andar y a andar sin descanso. Hoy aquí, mañana quién sabe… Dejó de mirar hacia arriba pero las noches seguían siendo iguales como si de una tortura nocturna se tratara a la que se entregaba con los ojos cerrados.

Un día se encontró en uno de esos caminos con un ser diminuto que resultó ser un hada con la que empezó a hablar de cosas intrascendentes. Ya nunca hablaba de sus sueños, los había dado ya por perdidos hacía mucho tiempo.

En un momento de la conversación, el hada le dijo:

Te concedo un deseo, ¿qué es lo que más quieres?

El pájaro, después de un rato en silencio, simplemente le respondió:

Olvidar.

El hada, sorprendida por la respuesta volvió a preguntarle:

— ¿No quieres unas alas?

— No —contestó el pájaro—Yo solo quiero olvidar

Pero… ¿por qué? —replicó el hada.

El pájaro, tras mirar el inmenso cielo y respirar profundamente, le preguntó al hada:

— ¿Esas alas me harán olvidar la gran decepción de mi vida?, ¿de qué sirven unas alas si aquello con lo que disfrutaba volando ya no está?, ¿para qué quiero volar si mis sueños volaron hace tiempo rumbo al sur y allí se quedaron encerrados?

— Yo solo quiero olvidar. Quiero olvidar a todos aquellos a los que un día quise porque ellos… ya no volverán.

­— ¿De qué sirven las alas? Yo solo quiero olvidar.

El hada le concedió el deseo y olvidó todo y a todos. Incluso llegó a olvidar quien era. Simplemente siguió andando.

Pasó mucho tiempo y en un lejano paraje se encontró con otro pájaro que también había perdido sus alas hace años como él y empezaron a caminar juntos. Ninguno recordaba quien había sido ni de dónde venía. Ninguno conseguía recordar nada de su pasado, solo hablaban del día a día y como mucho del anterior y según iban pasando los días… iban olvidando los anteriores.

Cada amanecer era un mundo nuevo, cada sendero era un camino nuevo, cada despertar una nueva vida y cada anochecer… una nueva muerte.

En un cruce de caminos se volvieron a encontrar con el hada que como hacía años se unió a ellos en su camino a ninguna parte. Tras varios kilómetros, les volvió a decir que les concedía un deseo y les volvió a hacer la misma pregunta a los dos.

— ¿Qué es lo que más queréis?

Los dos pájaros se miraron el uno al otro sin saber qué decir. No entendían nada, no recordaban nada pero algo en su interior hacía que se sintieran muy incómodos ante la presencia del hada y al final uno de los dos dijo:

— Quiero que no vuelvas más. Quiero seguir caminando.

El otro pájaro simplemente asintió mientras el hada les concedía el deseo y se iba para siempre. Ya no tendrían que preocuparse nunca más por su pasado. Solo hoy y mañana. Ayer dejaba de existir tras cada ocaso. Sin recuerdos, sin muletas del pasado, sin todo aquello que les ataba… Por fin libres.

“La ignorancia, muchas veces da esa mal llamada… felicidad”

La paradoja consiste en que todos queremos alas para volar, pero esas alas muchas veces nos hacen hacer cosas de las que nos arrepentimos el resto de nuestra vida.

Ojalá pudiéramos olvidar, ojalá esa hada existiera de verdad. Ojalá pudiéramos caminar día a día como personas libres pero no… Aunque perdamos las alas, nuestra mente se convierte en ese “Pepito Grillo” que constantemente nos echa en cara todo aquello en lo que nos equivocamos.

Algunas personas se revelan y cambian de camino, de compañía. Se acostumbran a cualquier cosa y siguen caminando. Otras simplemente… Esperamos.

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La Siembra

La Siembra

Por muy duro que sea, llega un momento en el que tienes que parar, reflexionar y cambiar de rumbo dejando atrás aquello que no pudo ser a pesar de las veces que lo intentaste, que no fueron pocas.

Llega un momento en el que la conclusión a todo tu esfuerzo y dedicación es… ¿y para qué he perdido yo tanto tiempo en personas que no merecen la pena?

Posiblemente la pregunta no es del todo correcta porque sí, sí había gente que merecía la pena, y mucho. El problema es que unos pocos, ávidos de poder y de seguir haciendo “nada por todo” son capaces de destruir día a día esa ilusión con la que hacías las cosas y poco a poco van minándote hasta que llega el día en el que explotas y dices:

“Hasta aquí hemos llegado…”

Y sí, hasta aquí hemos llegado. Estoy cansado de todo. Estoy cansado de sonrisas falsas que se convierten en puñales cuando das la espalda. Estoy cansado de hablar y mediar entre aquellos que no tienen intención de arreglar nada. Estoy cansado de que se pongan en mi boca palabras que nunca he dicho. Estoy cansado de ver personas para las cuales, su único propósito en la vida es salir en una foto y que cuando se les pide ayuda… huyen como cucarachas de la luz, no vaya a ser que tengan que mancharse las manos. Estoy cansado de estar cansado.

A todos “aquellos” y “aquellas” que de una manera u otra os deis por aludidos, solo os puedo decir una cosa:

 ¡Por algo será…! —y lo sabéis.

La conciencia, eso que se supone que nos hace humanos, hay veces que brilla por su ausencia, pero bueno… Tened mucho cuidado con aquellas personas de aspecto dulce, mirada cándida y bellas palabras…, son los peores. Son aquellos que continuamente te van a decir lo que quieres oír. El problema es que lo hacen con todos y eso no puede ser. No se puede decir a alguien que “algo” es de color marrón y al hablar con el siguiente decir que es rosa, eso es algo que llevo mucho tiempo viendo y ya estoy cansado… muy cansado.

Lo peor de todo es que dejo algo que me gusta de verdad, algo con lo que he disfrutado como un niño en los últimos años. Algo que siempre he dicho que me salvó la vida en uno de los momentos más duros de mi existencia, pero es que ya no puedo más, no quiero explotar y antes de que eso ocurra prefiero retirarme y dejar paso a los que vienen empujando. Prefiero ser yo el que se vaya porque no quiero ser un problema para nadie y sé que si me quedo, terminaré siéndolo, si es que no lo era ya.

Eso sí, lo único que os pido es que no destrocéis aquello que costó tanto esfuerzo que no desapareciera y a todos y todas las que os fuisteis por la puerta de atrás cuando más se os necesitaba…, por lo menos  tened la dignidad de estar calladitos y/o calladitas y no os subáis ahora al carro del triunfo. Pensar que algún día, alguien os hará lo mismo y ese día no os podréis quejar, porque estaréis comiendo de vuestro mismo plato.

Me quedo con las innumerables tardes con risas, cabreos, emociones y mil y un sentimientos que el escudo que llevas en el corazón te puede llegar a ofrecer. Me quedo con esos jugadores y jugadoras con los que tanto he disfrutado en partidos, entrenamientos, viajes, torneos… ya fuera desde la grada, desde el banquillo, desde la mesa de cronometraje, haciendo fotos a pie de pista (las veces que me ha podido regañar un árbitro porque decía que molestaba) preparando tantas y tantas cosas que hay que preparar para que “esa gente” pueda sentarse en “esa grada” y que muy poquitas personas ven y menos aún son las que lo reconocen.

Me quedo con ellos y ellas que hasta en ocasiones me han hecho llorar, (unas veces de alegría y otras de tristeza) a los que tantas y tantas fotos les he podido llegar a hacer para carteles, fichas técnicas y distintos reportajes de cientos de partidos a lo largo de estos años. ¡Joder… lo que me he podido reír con tod@s ell@s y lo que he sufrido a veces!

Me quedo con esos “goles” dedicados por esos fantásticos chavales y chavalas que me han puesto nudos en el estómago, me quedo con esos abrazos de alegría tras ganar un partido y con esas miradas hacia abajo tras perder. Es muy difícil enumerar miles de sentimientos en unas simples líneas, lo siento.

Todo esto es algo que la gente que solo se sienta en una grada junto a una bolsa de pipas a ver un partido y que en ocasiones se hace la foto con el alcalde, alcaldesa o concejal de turno (por supuesto, hecha por el tonto de siempre) nunca va a poder entender pero no importa… eso es algo que ya nadie me podrá quitar nunca.

Que se dé por aludid@ el que tenga que darse… Dicen que no hay palabras mal dichas, sino mal interpretadas y soy consciente de que se van a mal interpretar, sobre todo por alguna persona que por educación me voy a callar pero que debería hacérselo mirar porque no se puede ser tan mala persona, no se puede ir criticando y difamando como si eso fuera un deporte. Muchas veces me he preguntado si estas personas en casa siguen siendo así. Desde luego si lo son… madre mía… compadezco a sus parejas. El ser humano es así y yo no soy una excepción. Posiblemente soy el ser más imperfecto de la creación, lo que pasa es que a pesar de todos mis defectos, que son innumerables… hay algo que nadie en mis cuarenta y ocho febreros me ha podido decir a la cara…

Nadie me ha podido llamar falso y por desgracia, yo tengo una lista de falsos y falsas muy grande a los que decirles algún día que su falsedad será lo que dejarán de recuerdo a los demás pero claro… ese día también lo negarán y es muy posible que sea otro quien sufra las consecuencias. Si lo pienso bien, hasta los admiro. Son capaces de llenarse de mierda hasta el cuello y salir limpitos de todo. Nunca he conseguido saber cómo lo hacen y para ser sincero… creo que no quiero saberlo.

En fin, posiblemente la palabra que resume todo esto es “cansancio”. Estoy cansado física y psicológicamente y ya no tengo más fuerzas. Mi enhorabuena a tod@s aquell@s que día a día habéis ido sembrando, ahora es tiempo de recoger. Pero cuidado…

“Lo que se siembra… se recoge”

Y sí… había y hay mucha gente que merece la pena. A todos vosotr@s os deseo el mayor de los triunfos, os pido perdón por las veces en las que he podido equivocarme y muchas gracias por haberme aguantado durante estos años.

Y como siempre digo:

“lo aquí escrito no es ni verdad ni mentira,

…simplemente es mi verdad”

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Tormenta

Tormenta


Tormenta

Buenos días, buenas tardes, buenas noches… depende de cuando estés leyendo estas letras. En el fondo da lo mismo porque son intrascendentes. No son más que unos pensamientos transcritos según salen de una mente atormentada, sedienta de un poco de verdad, de un poco de honestidad, de un poco de empatía…

Cada vez que cierro los ojos intento transportarme a otro lugar, intento dejar de pensar, intento ser otra persona y vivir otra vida. Algunas noches lo consigo. Pocas veces…

El problema es que las horas pasan inexorablemente y el sol vuelve a salir un día más, y otro más, y otro más… y todo vuelve a ser igual. El mismo cuarto, la misma cama, la misma soledad.

Algunas veces deseo no despertar más. Deseo quedarme en ese sueño en el que consigo ser feliz, en ese sueño en el consigo ser libre, en ese sueño en el que consigo volar. El problema es que siempre caigo y al caer despierto y al despertar todo sigue en su sitio, todo sigue igual…

Otras veces intento despertar pero no puedo. Una pesadilla me atrapa como si de un monstruo se tratara, recordándome todos y cada uno de mis errores, que han sido muchos. Demasiados diría yo… Me golpea y no consigo mover mi cuerpo, tan solo los ojos que sin darme cuenta se quedan fijos mirando ese reloj que da la sensación de que no avanza y en algunas ocasiones incluso que va hacia atrás.

No sé si alguna vez te habrás sentido así, posiblemente sí porque en el fondo somos muy parecidos. Más de lo que crees.

¿Qué tipo de persona eres?, ¿eres de los que les da lo mismo todo o eres de los que sabiendo que le has jodido la vida a alguien no consigues dormir?

¿Duermes…?

Y si duermes… ¿lo haces a pierna suelta o tienes pesadillas?

¿Alguna vez te preguntas qué fue de la otra persona?

¿Alguna vez has deseado que el tiempo diera marcha atrás para no hacer aquello que hiciste?

¡Despierta!, eso no es posible. Todos somos culpables de nuestros actos; para bien o para mal.

A mí, sinceramente ya me da igual. Soy culpable de todo…, incluso de lo que no pasó. Ese es y será mi castigo para el resto de mis días. La tormenta se desató y seguirá lloviendo sobre mojado hasta el día que esa culpa se ahogue en ese mar de lágrimas secas que ya no fluyen por mis ojos. Se me acabaron… ya no me quedan más… y sin embargo… sigo esperando.

Sigo esperando esa señal que posiblemente nunca va a llegar porque hay personas que nunca se darán cuenta de nada. Hay personas que nunca escucharán. Hay personas que viven atrapadas por su orgullo y nunca despertarán de su sueño de mentiras porque eso es su vida… una mentira construida a base de medias verdades que nunca fueron escuchadas por nadie más que por su reflejo en el espejo.

Vuelve a mirarte en él y pregunta a tu reflejo si realmente eres feliz.

Si la respuesta es “Sí”… mi enhorabuena. Si la respuesta en “No”… sé lo suficientemente valiente para mandar a la mierda a tu orgullo y para ser tú de verdad por una vez en la vida.

Si no hallas respuesta… lo siento. ¡Todo está perdido!

Recuerda…

“No hay palabras mal dichas sino…

…mal interpretadas”.

Por cierto… ¿Sabes interpretar las palabras o sigues haciendo que “otros” las interpreten por ti?

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La Carta

La Carta


La Carta

Érase una vez un “Amor Roto”. Como todos los amores rotos, necesitaba una de esas despedidas en forma de “carta desgarradora”, llena de dolor, rencor, culpa. Llena de esas expresiones que surgen cuando no sabes realmente qué pasó… puesto que por lo general siempre es una de las partes la que lo rompe, la que incumple el pacto. Ese pacto que la otra parte creía irrompible, sagrado, inmaculado por su fe ciega y confianza en esa persona. En fin… la vida misma.

Como todas las cartas de despedida, la que sigue a continuación no es más que un cúmulo de sin sentidos que emanan de un Corazón Roto, el cual tiene la sensación que ha perdido las ganas de vivir. Es posible que algunos lectores se sientan identificados, otros pensarán que es una gilipollez, otros dirán que estas cosas no ocurren, otros lo leerán con indiferencia, pero… es posible que alguna persona crea que está hablando de su vida o quien sabe… es posible que incluso existan personas, entre las que me encuentro hoy en día, que pensarán que para que esto nunca le vuelva a pasar… lo mejor es estar solo con tu soledad.

Cuando te expones y te abres a los demás, te arriesgas a que te destrocen. No es menos cierto que si te cierras… siempre estarás solo.

Decidan por ustedes mismos. Yo ya no doy más consejos que luego termino siendo el culpable de decisiones que ni me van ni me vienen. Cada persona que tire de su carro, yo ya me retiré… simplemente sigo esperando y aunque la espera en ocasiones resulta desesperante… sigo esperando esa señal que nunca aparece en el firmamento.

Quién sabe si alguna vez aparecerá. Por si acaso yo sigo mirando todas las noches pero sé que “Don Orgullo” sigue allí y que es el compañero de viaje más obstinado que existe, aquel que nunca da su brazo a torcer a pesar de todos los pesares. (Yo me entiendo)

La carta podría rezar así:

Si estás leyendo estas letras es que por suerte o por desgracia yo ya no estoy. Se me hizo muy difícil todo, lo siento.

Nunca me creíste, yo siempre fui sincero contigo y tú no quisiste escucharme. Era más importante tu futuro y por supuesto… yo no entraba en él.

Una pena, ninguno de mis sueños se cumplió. A lo mejor es que eran imposibles. Puede ser.

Lo que más me dolió fue tu falta de corazón… Las pocas veces que me dijiste que me querías, y lo que me costó que lo hicieras, ahora sé que nunca fueron sinceras. Tú solo miras por ti y por tu futuro. El presente no es más que un medio para conseguir lo que pretendes y el pasado el eso… pasado.

Lo más dantesco, penoso y no sé qué calificativos más usar es que yo te quise con todo mi corazón, que te sigo queriendo y que siempre te querré esté donde esté. A pesar de todo el dolor que me has producido, a pesar de todo el daño que me has hecho… yo te quiero.

Lo perdí todo por ti. Yo era una persona feliz, a pesar de los problemas que pudiera tener, pero era feliz…, muy feliz. Un buen día apareciste y todo giró 180 grados.

Es verdad, y yo no me quito culpa. Yo también soy culpable de todo lo que ocurrió pero yo te quería, lo dejé todo por ti y tú me dejaste tirado precisamente en el peor momento de mi vida, en ese momento en el que me encontraba más hundido física, moral y económicamente hablando.

Me mataste, nunca conseguiré entender por qué lo hiciste. Nunca sabré si “algo” de estos últimos años fue verdad o simplemente me usaste para salir de tu jaula.

En eso también soy culpable. Te enseñé un mundo que nunca habías vivido. Te enseñé a volar y precisamente fue eso lo que hiciste… “volar”.

Lo que hubiera dado por volar contigo, lo que habría dado por despertar a tu lado cada mañana, lo que habría dado por reír y llorar en tu hombro… lo que habría dado…

Ya es tarde… demasiado tarde. La luna llena ya no es nuestra, se cubrió de sangre de tanto llorar. Por mucho que la mires por la ventana las noches que deje de llorar y que se atreva a salir, yo ya no estaré nunca más.

Quien sabe… posiblemente nunca me buscaste en ella, posiblemente eso también era otra de tus mentiras, posiblemente no fuiste nada más que otro de mis sueños incumplidos. Uno más.

En fin, ya da lo mismo. Ahora solo queda ese espacio abandonado que ni tú ni yo volveremos a recorrer. Ahora solo quedan palabras vacías que perdieron su significado. Ahora solo quedan imágenes en mi cerebro que no acierto a comprender si alguna vez fueron reales o si simplemente no son más que imaginaciones de una mente enferma que una vez creyó en ti. Eso sí…

No llores muerto…

…aquello que despreciaste vivo.

Espero que nadie se sienta ofendido. Como siempre digo: “lo aquí escrito no es verdad ni mentira… simplemente es mi verdad”.

De todas maneras, siempre seré el malo de la película. Haga lo que haga, diga lo que diga, escriba lo que escriba, piense lo que piense… siempre seré yo el que pierda… ¡Lo sé!

Y por supuesto… sigo esperando.

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Adiós

Adiós


Adiós

A veces es mejor dejar de mirar atrás y mirar hacia adelante, o quien sabe… a lo mejor lo mejor es dejar de mirar y dejar que todo termine de una vez por todas. De todas maneras ¿a quién le va a importar?

Desde hace ya tiempo, la vida ha dejado de tener ese aliciente que tenía, ya nada atrae esas ganas de hacer cosas. Hace tiempo que todo da igual. La gente no cambia, solo se comporta bien cuando quiere conseguir algo y yo ya estoy harto de eso. Ya no aguanto más.

Imagino un mundo en el que todos somos felices simplemente siendo nosotros mismos pero de repente me despierto y me doy cuenta que tan solo es eso… un sueño.

Os deseo a todos y a todas toda la felicidad del mundo, esa que yo no conseguí por más que lo intenté pero es que debe ser verdad eso del Karma. Que todos recibimos lo que damos y eso… a pesar de que yo di todo lo que tenía. Parece ser que no fue suficiente.

Solo me queda despedirme de todos y de todo. No hay nada más por lo que luchar, nada más por lo que despertarse día a día porque ya se fue todo lo que me hacía mirar hacia “ese futuro” en el cual posiblemente yo nunca entré.

A veces tienes que decir ADIÓS, no porque no te importen los demás, sino porque tú no les importas a ellos y por desgracia, esa es una de las conclusiones más duras a las que debes enfrentarte en la vida.

Decir ADIÓS no es un acto de debilidad, es una afirmación de tus propias convicciones puesto que no hay mayor mentira que mentirse a sí mismo.

Un ADIÓS sin despedida, un ADIÓS sin contestación, un ADIÓS sin nada más que su recuerdo atormentándome día a día. Ese es mi ADIÓS.

Posiblemente es verdad eso de que estoy enfadado con el mundo, es posible que sea verdad pero se lo ha ganado a pulso. Ese mundo en el que tanto creía y en el que yo diseñaba mi propia vida con toda gama de colores se volvió contra mí sin ni tan siquiera una explicación de qué estaba haciendo mal, sin ni tan siquiera un porqué todo se volvía gris oscuro hasta convertirse en negro azabache.

En fin… ahora ya no importa. Ahora ya todo terminó. Ahora ya tan solo queda esperar. Quien sabe… a lo mejor ni tan siquiera queda eso pero no quiero saberlo por si acaso algún día tú te das cuenta de que todo era un grito de auxilio. Un grito que se perdió en la inmensidad de ese futuro que ojalá algún día se te haga realidad, ojalá se te convierta en presente y te haga olvidar tu pasado. Ese pasado que tanto te quiso y que tanto lloró por ti y al que despreciaste por no ser lo que tanto soñaste que era.

Lo siento.

“Hice todo lo que estuvo en mis manos pero tú no te diste cuenta, o quien sabe… a lo mejor sí.

A lo mejor, simplemente… no quisiste verlo”.

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es lo que hay

es lo que hay


…es lo que hay

Qué difícil es escribir sobre cualquier cosa cuando sabes que todas tus palabras serán mal interpretadas, cuando sabes que cualquier cosa que digas o escribas se empleará más adelante en tu contra. (Hay personas que tienen la memoria muy selectiva). Esa sensación la tengo últimamente y lo peor de todo no son sus contestaciones; lo peor es su silencio.

Lo que daría por poder entrar en la mente de algunas personas y explicarles que las cosas no se hacen en su contra, eso sí… que nada sucede porque sí. Que somos nosotros, para bien o para mal, los que forzamos las situaciones y que es muy fácil echarle la culpa a ese compañero de viaje llamado “destino”, el cual nunca nos deja plenamente satisfechos y al mismo tiempo se encarga de destrozar vidas sin que nos demos cuenta. Bueno, a lo mejor si nos la damos.

Pero no, él no tiene la culpa. Nosotros somos los culpables de lo que decimos y sobre todo de lo que hacemos. Con el tiempo es posible que nos arrepintamos de muchas cosas, o no, pero somos nosotros los que tomamos las decisiones y en definitiva, los únicos que podemos cambiarlas o mantenerlas aunque estén basadas en una mentira. Si nuestro orgullo nos lo permite, claro.

Hay mentiras muy creíbles, que me lo digan a mí. Mi vida es una mentira de principio a fin y muchas de las personas a las que creí conocer, al final resultaron ser más extraños que “esa persona” con la que te cruzas por la calle y crees que la conoces de algo. Eso sí, una vez que llegas a la esquina, ya ni si siquiera te acuerdas de ella mientras que existen otras que no consigues que desaparezcan ni en sueños.

¿Por qué será que existen personas que piensan que el sol gira alrededor de ellas? Todo pasa por ellas, todos están en su contra. Todo lo que se piensa, se dice y se hace es por y para ellas. ¿Quién sabe?, a lo mejor es que es así.

¡Qué suerte tienen!, deben ser “los” o “las” elegidas de un “Ser Superior”, el cual les manda todo tipo de pruebas.

¿Quiere esto decir que los demás mortales no somos más que las pruebas para estas personas elegidas? Joder… ¡qué triste sería!

A ver si va a ser verdad eso de que no somos más que unos muñecos manejados por cuerdas, o teclas, para que otros u otras tengan una vida y unas pruebas que superar en su día a día. Eso explicaría el porqué de vez en cuando pasamos a un segundo plano y por qué hay veces que no sabemos qué hacer con nuestras vidas hasta que surge algo nuevo de la nada.

Me parece que estoy desvariando. En fin, lo dicho… ¡Qué fácil es echarle la culpa a lo desconocido de todo aquello que nos ocurre o mejor dicho… de todo aquello que queremos que nos ocurra y que nunca llega. Pasa un día, otro y otro y nada… ¡no pasa nada!

¿Cuántos de vosotros no os habéis sentido alguna vez así?, seguro que muchos sí. La cuestión es si sois capaces de reconocerlo y si vuestro “ego” os permitirá alguna vez asumir todos los errores de vuestra vida, que como yo…, seguro que los coleccionáis. Pero claro, es muy difícil ver nuestras equivocaciones y más difícil aún dar marcha atrás y reconocerlas.

Nosotros no nos equivocamos nunca. Bueno… yo sí, y mucho. Más de lo que sería recomendable para una sola vida, pero eso es algo que llevaré conmigo el resto de los días que me queden por vivir si “ese destino” en el que no creo no lo remedia.

Lo que pasa es que visto lo visto y vivido lo vivido… posiblemente lo haré desde la soledad de mis pensamientos, esos que nunca debieron salir de mi cabeza pero que salen y salen y día a día y me atormentan de tal manera que no me dejan pensar con claridad ni mirar hacia delante como posiblemente debería, pero:

“…es lo que hay, o mejor dicho… lo que no hay”.

Mientras, eso sí… yo sigo esperando.

 

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Lloramos

Lloramos


Lloramos

La mayoría de las veces no lloramos por las traiciones,

no lloramos por las heridas,

ni por las personas.

Lloramos por nosotros,

porque nuevamente volvimos a caer,

porque una vez más nos dañó la persona en la que más confiábamos.

(Anónimo)

y a pesar de todo, yo… sigo esperando.

 

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Daño colateral

Daño colateral



Daño colateral

Algunas entradas atrás, en la llamada “Siete días”, hablaba sobre la experiencia que viví cuando me comunicaron que tenía cáncer de pulmón y lo que se puede llegar a pensar a lo largo de los cuatro días en los que creí que mi vida llegaba a su fin de una manera precipitada.

En una de las secciones del mencionado capítulo, hablaba sobre la “Baja Laboral” y sobre la falta de humanidad del mercado de trabajo en los momentos actuales. Dejé escrita una frase que ahora se torna premonitoria que rezaba:

“En fin…, daremos las gracias por poder conservarlo”.

Pues bien, a los tres días de mi reincorporación a la empresa, a mi media jornada laboral, con su respectivo “Cuarto de jornada” en lo que a contrato legal se refiere, sin ni si quiera un “¿cómo estás?” por parte de los jefes… y cinco minutos antes de salir e iniciar el fin de semana… me comunican que he sido despedido.

El motivo del despido (frase textual):

“Disminución voluntaria del rendimiento”.

Lo más curioso de todo es que dos párrafos más abajo de dicha frase, la empresa reconoce la improcedencia del despido. En otras palabras… reconoce que es una burda mentira y procede a abonar una indemnización que saca del artículo 56 del Estatuto de los Trabajadores a razón de las dos horas que según contrato, se trabaja para la empresa (aunque eso no sea realmente lo cierto, pero sí lo firmado).

Tal y como está el mercado laboral, no dejaría de ser uno de tantos despidos que se producen diariamente. El problema y lo penoso de la situación es cómo se produce, las formas utilizadas y el despotismo con el que hoy en día se trata y un trabajador o trabajadora, los cuales ya ni si quiera tienen derecho a caer enfermos, a ser hospitalizados y a mantener una baja médica ordenada por un facultativo sin que exista tal “Daño Colateral”.

Y hablo de las formas porque además del hecho de trabajar media jornada (cuatro horas) y de que dos de ellas sean en “B”, una fórmula muy utilizada hoy en día por nuestros maravillosos empresarios para pagar menos impuestos y que los “Daños Colaterales” para ellos tengan el menor costo económico posible, ya que los despidos, finiquitos, indemnizaciones y todo lo que trae consigo toda esta situación, también se reducen a la mitad.

Alguien podría decir, y sinceramente no le podría quitar la razón del todo, que yo y otros muchos como yo aceptamos esta situación cuando firmamos el contrato. No les faltaría razón pero… ¿qué haces?, ¿rechazas todos los trabajos?, ¿de qué comes?

Realmente, todo esto es como una pescadilla que se muerde la cola, es decir… si no aceptas esas condiciones, no trabajas y por lo tanto no puedes pagar tus facturas y puedes llegar a perderlo todo y terminar en la más absoluta de las miserias.

Por el contrario, si aceptas todas esas condiciones, te conviertes en cómplice de algo ilegal que poco apoco va acabando con todos y cada uno de los derechos laborales que tanta sangre, sudor y lágrimas costó conseguir a lo largo de los años.

Esta es la sociedad en la que vivimos actualmente.

Todos los días se producen “Daños Colaterales” como éste y no pasa nada. La sensación de impunidad, de que todo vale, de que siempre son los mismos los que pierden… Algún día nos va a pasar una factura tan irreversible que ya no podremos dar marcha atrás. De hecho, por desgracia creo ya no podemos…

Es curioso, tengo la tentación de poner el nombre de la empresa pero… ¿sabéis lo mejor del tema…? Si lo pusiera aquí escrito hasta me podrían denunciar a mí por otra de las leyes llamada de “protección de datos”. Una ley, supuestamente creada para proteger a las personas, que puede llegar a convertirse en un arma en contra de ellas.

Pero volvamos al motivo del despido.

“Disminución voluntaria del rendimiento”.

¿Quiere esto decir que según la empresa… he sido hospitalizado de una manera voluntaria para así bajar el rendimiento productivo?

¿Quiere decir la empresa que si me pongo enfermo no puedo ser tratado como un ser humano y tengo que seguir produciendo a lo largo de los días que por desgracia he tenido que estar de baja laboral?

En esto se ha convertido nuestro país, gracias a “esa Reforma Laboral” tan aplaudida por un gran sector de “palmeros” de nuestra sociedad.

Recordar todos aquellos que la apoyasteis, que algún día también vosotros o vuestros hijos e hijas seréis victimas de aquello que claro, como no iba con vosotros… simplemente cerrasteis los ojos porque la promulgó el partido al que votáis. El día que la sufráis… no os quejéis, no os deis latigazos en la espalda ni digáis lo malos que son el gobierno de turno o los empresarios. Recordar que vosotros también sois cómplices y por lo tanto, asumir vuestro error como un “Daño Colateral”, producto de la aplicación de una norma que tira por tierra todos los derechos de los trabajadores y trabajadoras.

Y lo peor de todo…, tengo que dar la razón a aquella persona que hizo lo que hizo porque tenía que mirar por su futuro.

Es verdad… ¡NO HAY FUTURO!

Ojalá pueda alguna vez desdecirme de esa afirmación porque a pesar de todo…, todavía me queda un poco de fe en el ser humano. Todavía me queda un poco de esa esperanza que algunas personas dicen que es lo último que se debe perder.

El problema es que cada vez me queda menos, y menos… y menos…

Eso sí, yo… sigo esperando.

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Dicen que…

Dicen que…



Dicen que…

Todo el mundo, y yo no soy una excepción, damos charlas morales como si nosotros mismos nunca nos equivocáramos en nada. Todo el mundo dice cosas que pueden llegar a sonar profundas y que nos invitan a una reflexión interior.

Hoy en día los estados de las redes sociales parecen gabinetes de sicología que nos dan consejos de cómo actuar en cada momento para conseguir ser felices en unos casos, en otros… para olvidar las penas y en otros… para ser más fuertes ante la vida.

Todos dicen…, dicen… y vuelven a decir. El problema es que yo ya estoy un poco cansado de todas esas frases vacías que lo único que pretenden es subirnos el ánimo durarte un rato y hacer que nuestro ego se sumerja en una esperanza que no es real.

La vida no deja de ser como una montaña rusa…, hoy estás arriba y mañana abajo y claro… para cada cosa que nos sucede en la vida, ya sea buena o mala, parece ser que hay una frase que nos intenta dar una explicación del cómo y del por qué ocurre y no hay mejor escaparate para exhibirlas que los estados de nuestras redes sociales. El problema es que a veces hasta nos las creemos.

Dicen que… “la vida es como una suma de 1+1”. El problema es que esa suma no siempre da “2”.

Dicen que… “las cosas suceden por una razón”. El problema es que no consigo entender algunas razones.

Dicen que… “somos presos de nuestras palabras”. El problema es yo ya me quedé mudo.

Dicen que… “a la tercera va la vencida”. El problema es que no hay dos sin tres.

Dicen que… “nunca es tarde si la dicha es buena”. El problema es que ya es tarde.

Dicen que… “no hay mal que para bien no venga”. El problema es que ese mal hace mucho daño.

Dicen que… “lo que no te mata, te hace más fuerte”. El problema es que aunque no te mate, te puede dejar muy herido.

Dicen que… “la ignorancia es la madre de todos los vicios. El problema es que la sabiduría es la madre de muchas neurosis.

Dicen que… “pan para hoy, hambre para mañana. El problema es que si no comes hoy, puede que no haya mañana.

Dicen que… “mal de muchos, consuelo de tontos. El problema es que el mundo está lleno de tontos.

Dicen que… “nunca te debes reír de las desgracias ajenas. El problema es que tenemos pocos motivos para reír.

Dicen que… “el rencor envenena la sangre. El problema es que tenemos muchos motivos para tener rencor.

Dicen que… “nunca sirvas a quien sirvió. El problema es que entonces nadie me servirá a mí.

Dicen que… “no por mucho madrugar, amanece más temprano”. El problema es tener que madrugar por obligación.

Dicen que… “a los cien años, todos calvos. El problema es que no creo que llegue a los cien.

Dicen que… “nunca llueve a gusto de todos. El problema es que casi siempre llueve sobre mojado.

Dicen que… “Dios proveerá. El problema es que siempre provee a los mismos.

Dicen que… “la esperanza es lo último que se pierde. El problema es que yo hace tiempo que la perdí.

Dicen que… “nunca digas nunca jamás. El problema es que “nunca” siempre llega.

Dicen que… “a rey muerto, rey puesto. El problema es que soy republicano.

Dicen que… “el que espera, desespera. El problema es que espero demasiado de quien no espera nada de mí.

Dicen que… “dos son compañía y tres, multitud. El problema es cuando eres uno solo.

Dicen que… “ojos que no ven, corazón que no siente. El problema es que tarde o temprano, los ojos terminan viendo.

Dicen que… “no hay palabras mal dichas, sino mal interpretadas”. El problema es que solemos malinterpretar hasta las bien dichas.

Dicen que… “más vale tarde que nunca”. El problema es que tardé mucho en enterarme que ya era tarde.

Dicen que… “más vale pájaro en mano que ciento volando”. El problema es que yo prefiero verlos volar.

Dicen que… “no hay mal que cien años dure”. El problema es que puede durar noventa y nueve.

Dicen que… “a río revuelto, ganancia de pescadores”. El problema es que los pescadores siempre son los mismos.

Dicen que… el tiempo cura todas las heridas”. El problema es que esas heridas pueden llegar a dejar grandes cicatrices.

Dicen que… “hay que hacer el bien, sin mirar a quien”. El problema es que de vez en cuando creo que sí deberíamos mirar.

Dicen que… más vale prevenir que curar”. El problema es que de tanto prevenir… dejas de vivir.

Dicen que… piensa mal y acertarás”. El problema es que yo soy demasiado mal pensado.

Dicen que… “a nadie le amarga un dulce”. El problema es que hasta lo más dulce puede llegar a producir amargura.

Dicen que… “consejos vendo pero para mí no tengo y el problema es… ¡que es verdad!

Dicen que…

Hay miles de frases que intentan ayudarnos a ver las cosas de otra manera.

El problema es que muchas veces las tomamos al pie de la letra y en ocasiones puede llegar a ser peor el remedio que la enfermedad.

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Mariposa

Mariposa



Mariposa

Érase una vez una mariposa muy linda, de hecho era la más bella entre todas las mariposas del bosque y ella lo sabía, lo que le hacía mirar al resto con desdén al saberse la más hermosa.

Cada vez que todo el grupo se acercaba al lago a beber, ella se quedaba siempre al final mirando su propio reflejo en las cristalinas aguas sin hacer caso a todos los demás. Muchos fueron los que se acercaban a cortejarla pero ella siempre los rechazaba. No eran dignos de su belleza.

Con el tiempo fueron surgiendo parejitas de enamorados que felices revoloteaban por las flores pero ella seguía sin encontrar aquel que estuviera a la altura de sus exigencias.

Pasaron los años…

La belleza y la juventud también cumplen años y poco a poco la iban abandonando. El reflejo del lago empezó a no ser tan bello y fue entonces cuando se dio cuenta de que estaba sola.

Una tarde, mientras todo el grupo cumplía con su rutina de bajar al lago a beber, se fijó en una anciana mariposa que a duras penas conseguía mover sus alas. La anciana estaba rodeada de pequeñas maripositas que revoloteando a su alrededor le iban acercando pequeñas gotitas de agua para que bebiera, lo que le hizo pensar que algún día sería ella la que ya no podría volar. El problema era que no tenía a nadie que la diera de beber.

Se acercó a la anciana y preguntó:

— ¿Qué hay que hacer para no estar sola?

La anciana, mirándola a los ojos le contestó:

— Abrir tu corazón.

— No la entiendo —replicó.

La anciana, entonces dijo:

— Te conozco hace años, es más… te vi nacer, te vi crecer, te vi empezar a volar. La belleza de tus alas deslumbraba a todos pero nadie en todo este tiempo, que yo sepa, ha conseguido ver tu corazón.

— ¿Cómo se puede ver el corazón de alguien? —preguntó.

— Nuestro corazón lo enseñamos con nuestros actos, con nuestra actitud hacia los demás. La verdadera belleza, esa que no envejece está ahí, en el interior. Lo demás es solo fachada. Debes atraerlos a ti por las cosas que haces, no por el colorido de tus alas. Aquel que venga deslumbrado por tu belleza se irá cuando la pierdas. Aquel que venga deslumbrado por tu corazón, se quedará para siempre.

— Ya es tarde para eso —dijo la mariposa agachando la cabeza— yo no sé abrir mi corazón ni quiero hacerlo, me lo podrían dañar.

— Nunca es tarde para abrirse y rectificar —replicó la anciana— Eso sí, hasta que tú no te des cuenta, nadie podrá hacerlo por ti.

La mariposa se marchó pensando cómo podía abrir su corazón para que los demás lo vieran y tras pensar y pensar… no consiguió encontrar la forma de hacerlo.

Pasaron los días y volvió a preguntar a la anciana:

— ¿Cómo puedo abrir mi corazón?

A lo que la anciana esta vez respondió con otra pregunta:

— ¿De verdad nunca has querido a nadie?

— Sí, quise mucho a alguien, pero se fue —dijo suspirando.

— ¿Se fue o le echaste? —volvió a preguntar.

— ¿Por qué dice eso? —preguntó la mariposa con desdén.

— Por cómo lo has dicho —contestó.

— ¡Era un imposible!, nunca habría funcionado.

— ¿Y cómo lo sabes?, ¿acaso lo intentaste? —volvió a preguntar la anciana.

— ¿Para qué?, ya no tiene remedio y además ya no soy tan hermosa.

Siguieron pasando los años… y ahora la anciana era ella. Todos aquellos que habían revoloteado a su lado atraídos por la belleza de sus alas desaparecieron. Ya ninguno de esos “aduladores” le decían lo hermosa que era.

Y entonces fue cuando en un sueño volvió…

— Hola preciosa, ¿te acuerdas de mí? —dijo una voz.

— No, ¿quién eres? —contestó la mariposa.

— Soy aquel que te prometió que siempre te esperaría.

— No puede ser… —dijo temblorosa— él se marchó hace mucho tiempo de mi lado.

— Yo nunca me marché, siempre estuve ahí, dentro de tu corazón, pero tú no me veías porque lo cerraste.

La mariposa no despertó nunca más. En su sueño eterno fue donde consiguió por fin volver a abrir su corazón y fue allí donde encontró aquello que nunca se había ido, aquello que siempre había estado en su interior.

Moraleja:

“Abre tu corazón y dime que ves.

Quién sabe…

…a lo mejor resulta que sigo dentro”.

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Tiempo

Tiempo



Tiempo

— Uno, dos, tres…

El Tiempo pasa inexorablemente y se nos va escapando. Pasan los segundos, los minutos, las horas, los días…

Es como una condena que nunca va a terminar. Pasan y pasan sin que nada ni nadie los pueda detener.

— Veinte, veintiuno, veintidós…

El tiempo es algo que no podemos controlar. Según estás leyendo estas letras van pasando los segundos y ya no volverán nunca más. Otro, otro más, otro…

— Treinta y cinco, treinta y seis…

Hay veces que nos gustaría congelarlo, otras sin embargo desearíamos que se acelerara y otras que parara de una vez por todas.

— Cuarenta y cuatro, cuarenta y cinco, cuarenta y seis…

Es curiosa la percepción que tenemos del tiempo según sea nuestro estado de ánimo o las circunstancias de la vida. La velocidad el segundero siempre es la misma pero nuestra mente no siempre va a la misma carencia del “tic-tac”.

Ha pasado un minuto y has llegado hasta aquí. La cuestión es… ¿ha sido un minuto vivido o un minuto perdido?

Sea como sea, ese minuto ya nunca volverá.

— Tres, dos, uno…

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Desprecio

Desprecio



Desprecio

Dicen que el mayor desprecio es no hacer aprecio, y posiblemente sea verdad.

A lo largo de la vida nos vamos cruzando con personas a las que de una manera u otra quedamos unidos con más o menos apego. Conocidos, amigos, parejas… y una larga lista de palabras que utilizamos para clasificarlas.

Unas pasan sin pena ni gloria, de algunas nos acordamos de vez en cuando pero hay personas que consiguen marcar puntos de inflexión en nosotros como si de tatuajes en nuestra piel se trataran. Personas de las que no conseguimos olvidarnos, personas que por mucho que lo intentemos nunca desaparecen de nuestra cabeza y a las que tenemos en nuestra mente día a día y sobre todo… noche a noche.

Esas personas, por lo general nos despreciaron alguna vez en nuestra vida o lo siguen haciendo. En algunas ocasiones porque no te consideraron digno o quien sabe… posiblemente porque el miedo no les dejó seguir hacia delante con aquello que supuestamente querían. Personas que pasan su vida lamentándose de “lo que pudo ser y no fue”. Personas que se adaptan a todo lo que les llega simplemente para no sentirse culpables de nada, para así poder justificar las cosas que hacen y no tener remordimientos por los cadáveres dejados en su camino.

Yo soy uno de esos cadáveres y puedo dar fe de que el mayor desprecio que he sentido en mi vida es la falta de aprecio. He sentido esa humillación que siente la persona olvidada. He sido testigo de excepción de un adiós sin despedida, sin una explicación, sin un por qué y lo peor de todo es que no es la primera vez y posiblemente no será la última.

Esperar puede llegar a ser algo desesperante pero a todo llegas a acostumbrarte, o por lo menos eso dicen algunas personas. Yo nunca he estado de acuerdo con eso de que “a todo te acostumbras” pero sin embargo espero y espero sin hallar una respuesta. Simplemente espero.

De hecho… es lo único que hago día a día y sobre todo… noche a noche.

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Siete días

Siete días



Siete días

Parece mentira, cómo te puede cambiar la vida de un día para otro. Un día estás en casa, tumbado en el sillón, viendo la tele después de comerte una pizza y una bolsa de palomitas con una coca cola y por supuesto… ese cigarrito que tanto te relaja y a las 24 horas te encuentras en la habitación de un hospital, debatiéndote entre la vida y la muerte, o mejor dicho… deseando que el primer diagnóstico que te dieron en urgencias no se cumpla al cien por cien.

Cuando escuchas a un médico decir la palabra “tumor”, el cuerpo se contrae de tal forma que si en ese momento tuvieras que salir corriendo, creo que no podrías mover ni un sólo músculo.

¿Y qué decir cuando la segunda doctora cambia la palabra “tumor” directamente por “cáncer”?

En ese momento te acuerdas de todas las veces que quisiste dejar de fumar, de todas las personas que te han echado una y otra vez la bronca y te han dicho una y mil veces lo que te iba a pasar si seguías fumando y entonces… agachas la cabeza, te humillas ante ellos y lo único que consigues decir es:

— Lo siento.

En un momento dado, después de la enésima prueba, te dicen que tampoco hay que ser tan pesimista. Que puede ser neumonía y es entonces cuando te agarras a esa palabra, la cual si te la dicen antes, en condiciones normales, tanto acojona pero en tu caso es tu tabla de salvación.

— ¡Ojalá sea una Neumonía!

Si hace unos días, tan sólo unos días, alguien me dice que voy a pasar una neumonía ingresado en un hospital y con calmantes las 24 horas del día, no me lo habría creído o me habría echado a temblar. Sin embargo, hasta he llegado a desear que fuera neumonía. La otra alternativa era devastadora.

Cuando te enseñan la radiografía y te dicen:

— Esas manchas en el pulmón no me gustan.

Tú te quedas mirando esa pantalla y piensas:

— ¿De qué manchas me está hablando?

Entonces es cuando te las señalan con el boli en la mano y te las rodean haciendo pequeños círculos alrededor de una imagen en blanco y negro que tú no llegas a entender e inocentemente preguntas:

— Doctor, ¿eso es malo?

El médico te mira como queriendo quitar hierro al asunto y te dice:

— No tiene por qué, pero tenemos que hacer pruebas para descartar que sean tumores.

Para los profanos, el lenguaje médico puede llegar a ser bastante poco entendible y por lo general, por lo menos yo, no consigo entenderles a la primera. A veces ni siquiera a la segunda.

Llega un momento en el que les preguntas:

— ¿Me lo podría explicar usted con otras palabras?, ¿me voy a morir?

Ahí llegan esos segundos en los que si la tensión se pudiera cortar, se harían rebanadas. Él o ella no quieren, ni pueden decir algo que desconocen al cien por cien pero saben que te tienen que dar una respuesta y es entonces cuando te dicen:

— Te vamos a ingresar para hacerte todas las pruebas que sean necesarias y así poder descartar cualquier tipo de patología adversa.

Tú te quedas mirándolos, con cara de haberlo entendido todo, y lo único que se te ocurre es dar las gracias y asentir. Aunque realmente no hayas entendido nada de lo que te han dicho.

Cuando te suben a la habitación y empiezan a ponerte todo tipo de calmantes, tubos e incluso oxígeno es cuando empiezas a ser consciente de que algo realmente no va como debería ir, pero te dejas llevar. Ya no eres dueño de tu cuerpo y haces en todo momento lo que te dicen que has de hacer.

He de decir algo… Mi eterno agradecimiento a todas y cada una de las personas que trabajan en nuestros hospitales. Empezando por los/as médicos y terminando por los bedeles y muy especialmente a todo el personal de enfermería, personas que son unos verdaderos profesionales, que te tratan de una manera increíble y que son como padres y madres para todas aquellas personas que por desgracia tienen que pasar algún tiempo en un hospital. Mi respeto y admiración para tod@s ell@s.

Lo que me lleva a una pregunta…

— ¿Cómo podemos permitirnos el lujo de criticar a nuestro sistema sanitario?

Sinceramente, si yo hubiera tenido que pagar de mi bolsillo todas las pruebas y el tratamiento que me han hecho, no habría podido hacerlo.

Se nos debería caer la cara de vergüenza cada vez que criticamos a nuestra Seguridad Social, a nuestros doctoras y doctores, a nuestras enfermeras y enfermeros y a todo el personal que hace que un hospital funcione.

Entiendo que a todos nos gusta que nos atiendan los primeros, a todos nos gusta tener una habitación para nosotros solos, a todos nos gusta no tener que esperar pero señores y señoras… tenemos un sistema médico que es la envidia del mundo entero y que no podemos permitirnos el lujo de perderlo. Si algún día eso pasara, nos arrepentiríamos el resto de nuestras vidas.

Lo dicho… “Mi respeto y admiración por toda aquellas personas dedicadas a la salud en mi país”.

Hecha esta aclaración, seguimos…

Los días van pasando y cada día que pasa se convierte en la incertidumbre del día siguiente que es cuando te dicen el resultado de las pruebas efectuadas a lo largo de la jornada.

Una jornada que empieza sobre las ocho de la mañana con la visita de una enfermera, que con una sonrisa te dice que viene a sacarte sangre, pero que no te preocupes porque tan solo va a ser un pinchacito o para medirte la tensión, la temperatura y el ritmo cardiaco, darte tu medicación y que todo quede bien apuntado.

Dependiendo de las pruebas que te tengan que hacer, desayunas o no y las horas van pasando lentamente entre la visita de los médicos, los cambios de medicamentos y/o calmantes en vena, algún que otro paseo por esos pasillos llenos de puertas. Esas puertas que cuando pasas al lado de cada una de ellas, sin darte cuenta giras el cuello para ver quien hay dentro de la habitación. Es posible que lo neguéis, pero todos lo hacemos.

Sobre las 13:00h. llega la comida, esa famosa y siempre vilipendiada comida de hospital a la que llegas a coger gusto, no sé si por esas bandejas o por el hambre que tienes, o quien sabe… la abstinencia de fumar que te hace comer todo como si no hubiera un mañana.

Las tardes, por lo general suelen ser más entretenidas, pues es cuando suelen venir las visitas y llega un momento en el que hasta puedes llegar a olvidarte de dónde estás y el por qué estás ahí. En mi caso, siguen las pruebas para descartar la temida palabra.

Cuando llega la noche y te quedas sólo, hay un pequeño momento de angustia que te hace dar vueltas y vueltas a la cabeza pensando si saldrás de esta, si todo al final será una anécdota o si esta visita al centro hospitalario marcará tu vida hasta el final de tus días pero entonces llega la enfermera o enfermero que con una sonrisa, siempre esa sonrisa, te cambian la medicación, te dicen que si les necesitas sólo tienes que llamarles y entonces apagas la luz, o te quedas un rato viendo la tele y termina otra jornada. Si es que los calmantes consiguen que esa noche consigas dormir, eso sí.

La Baja Laboral

Una de las cosas que no consigo entender es el tema de la baja laboral, y me explico…

Tienes tres días para llevarla a tu centro de trabajo. Te dicen que la tiene que hacer tu médico de cabecera con el informe del hospital pero, ¿qué informe?, si estas ingresado.

Entonces te dicen que con el justificante del ingreso, que vayas al médico de cabecera y se lo lleves a ellos. Tú, te sigues preguntando:

— Pero, ¿cómo voy si estoy ingresado?

Entonces te dicen que vaya un familiar tuyo pero, ¿y si no tienes un familiar que pueda hacerlo por ti?

Entonces te dicen que vaya un amigo o conocido tuyo pero, ¿y si no tienes un amigo o conocido que pueda hacerlo por ti?

En fin, tú estás dándole vueltas a la cabeza sin en alguna de esa pruebas sale la palabra “cáncer” y desde tu trabajo te dicen que si no llevas ese dichoso papel al tercer día…, puedes tener problemas, es irónico…

— ¿En qué mundos vivimos?

La conclusión es que no dejamos de ser más que “números”, eso de “personas” ya no está de moda. Todavía estoy esperando que alguien de mi trabajo llame para saber cómo estoy. Eso sí, ya tienen el papel de mi baja laboral. No vaya a ser que pierdan dinero. Total…, trabajadores hay muchos.

Da rabia, pero es así. Hoy en día hemos perdido la humanidad. No sabes si tienes futuro pero tienes que conseguir un papel que diga que aunque te puedes estar muriendo, estás intentando que no sea así y que sientes con todo tu corazón el daño irreparable que le estás causando a tu empresa por el hecho de estar hospitalizado y no poder desarrollar aquello por lo que te pagan. Quien sabe, lo mismo es el castigo implícito por lo malo que estás siendo.

En fin…, daremos las gracias por poder conservarlo.

Las Redes Sociales

Es curioso lo de las redes sociales, te permiten estar en contacto con todo el mundo y que todos puedan hacerte llegar sus ánimos y una pronta recuperación pero lo verdaderamente curioso son aquellas personas que ni por esas preguntan cómo te encuentras. Hay veces en la vida que cualquier palabra de aliento es como un espaldarazo para seguir hacia delante y hay personas a las que echas de menos. A otras no.

Mi agradecimiento a todas las personas que han mandado ánimos y con los que he estado constantemente en contacto, en especial a una persona que aunque se encuentra muy lejos, siempre está y estará a mi lado (esto no es del todo cierto pero yo soy un poco más tonto de lo que siempre he querido creer y me gusta pensar que es así, aunque la realidad sea algo diferente). Ella sabe quién es. ¡Gracias!

A los que ni siquiera habéis preguntado, no os guardo rencor, pensaré que no os habéis enterado, que de hecho, será lo más probable.

El dichoso Tabaco y la Ansiedad

Ansiedad, esa palabra me da miedo.

Según el diccionario, la palabra ansiedad tiene dos acepciones:

  1. Estado mental que se caracteriza por una gran inquietud, una intensa excitación y una extrema inseguridad.
  2. Angustia que acompaña a algunas enfermedades, en especial a ciertas neurosis.

Lo que está claro es que al hospital me ha traído el tabaco y si quiero seguir dando guerra durante algún tiempo, he de dejarlo como sea, cosa que he intentado en varias ocasiones sin éxito.

Ahora me acuerdo de las muchas veces que al ir a mi médico de cabecera le decía:

— Doctora, yo quiero dejar de fumar pero no lo consigo.

A lo que siempre la doctora me respondía…

— Para dejar de fumar, lo único que hace falta es querer dejarlo y fuerza de voluntad.

A lo que yo siempre le contestaba…

— ¡Quiero dejarlo! Pero precisamente es eso lo que me falta…, fuerza de voluntad.

En realidad, siempre era como un diálogo de sordos. Yo, diciendo que quería dejarlo, ella diciendo que todo era fuerza de voluntad y yo respondiendo que no la tenía. Al final, todo terminaba en la calle, en las escaleras del ambulatorio encendiendo un cigarrillo.

Para dejar de fumar, dicen que hay varias formas de hacerlo:

  1. La citada “fuerza de voluntad”, que yo no tengo.
  2. Tratamientos médicos, que son muy caros.
  3. Chicles, parches y demás cosas que venden en las farmacias, acupuntura, hipnosis, etc…
  4. ¡Un susto de cojones!

Yo creo que el número cuatro es el más efectivo aunque eso sí, el más peligroso y por lo general, sin marcha atrás. Pero como siempre digo: “somos seres humanos” y hasta que no le vemos las orejas al lobo, no actuamos. Qué le vamos a hacer, somos así.

Hay situaciones en esta vida que te pueden poner tan al límite que sin darte cuenta encuentras esa “fuerza de voluntad” que no tenías. Claro, que para mí no es fuerza de voluntad, sino “miedo” al darte cuenta de que si no haces lo que te dicen, la próxima vez puede ser la última. Eso sí…, me da mucho miedo la ansiedad.

Cuando tienes ansiedad no puedes pensar, te encuentras nervioso, el tiempo pasa lentamente y parece que todo el mundo está en tu contra. Es un estado muy desagradable y ahí, al otro lado está el tabaco que puede hacerla desaparecer. Toda una tentación.

La cuestión es si vuelves a caer en la tentación o si sigues luchando aunque eso haga que las horas pasen lentas, tu cuerpo sea un amasijo de nervios y para los demás seas un personaje irascible.

En fin, todo sea por recuperar esa “salud” que aunque ya no vuelva al 100%, por lo menos nos de la esperanza de mantenernos en este valle durante algún tiempo más. Cosa que sinceramente, en ocasiones, no sé si es un premio o la consecuencia de mis pecados.

Es curioso, hay veces que deseas que “esa añorada muerte” no sea más que el paso necesario para que tu mente pueda descansar por fin. Que tu cabeza deje de pensar en todas esas cosas que sin querer has hecho mal y que día y noche te atormentan porque no encuentras ninguna explicación del porqué algunas cosas suceden.

Pero cuando llega “ese momento” en el que te dicen que es posible que tu marcha sea realmente para siempre, te entra un escalofrío por todo el cuerpo que es muy difícil, por no decir imposible, explicar. La mente se bloquea e intentas protegerte con uno se esos comentarios que si los pensaras dos veces…, nunca los dirías.

Cuando me dijeron que podía tener cáncer, me quedé mirando al doctor durante un rato y ni corto ni perezoso, simplemente le dije:

— ¡No me puede decir eso, yo no me puedo morir sin ver a mi Atleti campeón de la Champions!

Puede parecer una tontería, pero así fue. La mente no deja de tener su sarcasmo.

Una vez que empiezas a asimilar lo que te han dicho, no dejas de pensar en todas aquellas personas a las que no volverás a ver más y deseas poder hablar con todas ellas para despedirte pero al mismo tiempo te agarras a “esa esperanza” de que todo sea una broma de mal gusto.

Fueron siete días pero… ¡vaya siete días!

Siete días en los que me di cuenta quien está y quién no está.

Siete días que volvieron a generar una promesa que posiblemente nunca se cumplirá, como la inmensa mayoría de las promesas.

Eso sí, se piensa mucho. De esos días posiblemente me quedo con ese sabor agridulce del deseo de vivir a pesar de haber perdido todo. Bueno…, no todo.

Me quedo con esas personas que supieron estar aunque sus reproches me atormenten el resto de la prórroga que la vida me ha concedido.

Me quedo con su silencio, un silencio que no consigo entender y por supuesto…, me quedo con una frase:

“Pensaría muy mal si pensaras que no pienso,

porque pienso mucho, aunque hay veces que me gustaría pensar menos”

 (Soledad Hurtado Cortijo)

Siete días…, el resto es historia.

Nunca busqué nada y seguiré sin buscar. ¿Para qué buscar si ya tenía lo que quería?

Yo simplemente espero, de hecho, es lo que hago día a día. Sigo esperando ese perdón por algo que no sé muy bien cómo pudo pasar. Sigo esperando que su orgullo se duerma.

Lo único que pido es que no sea demasiado tarde…

Sigo esperando…

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Mea Culpa

Mea Culpa



Mea Culpa

Hay veces que desearía que el tiempo se detuviera, que todo se quedara inmóvil y que mi cabeza dejara de pensar, pero es entonces cuando desde mis adentros y sin quererlo, entono un “Mea Culpa”.

Por más que lo intento, no entiendo al ser humano. No entiendo algunas formas de pensar, no entiendo el ¿por qué? de algunas cosas, no entiendo cómo se puede llegar a algunas situaciones. No lo entiendo…

Me he pasado la vida intentando comprender la mente humana y he llegado a la conclusión de que es imposible. Sé, comprendo y de hecho entiendo que cada uno de nosotros tenemos diferentes maneras de ver la vida, de ver lo que sucede a nuestro alrededor pero lo que no consigo entender son algunas formas de actuar y lo que es peor…, creo que nunca llegaré a entenderlas.

Qué fácil sería hacer las cosas bien si todos pusiéramos algo de nuestra parte pero qué difícil es en realidad cuando ves que por mucho que lo intentas, todo al final se desmorona por el simple hecho de que “siempre tenemos nosotros la razón mientras que el otro es el que se equivoca”.

Estoy muy cansado…, ya no me quedan fuerzas.

Toda mi vida he sido un defensor de que las cosas se arreglan hablando, de que se puede llegar a discutir, ¿por qué no?, de que cada uno de nosotros podemos tener nuestra propia manera de pensar y de ver la vida, de que cada uno de nosotros podemos llegar a ser la mejor y la peor persona a ojos de los demás simplemente porque no pensamos igual o porque en un momento dado decimos o hacemos cosas que no gustan o ¿por qué no decirlo…?, porque no nos gusta una persona y su forma de ser.

Todos tenemos nuestras virtudes y nuestros defectos, en realidad somos más parecidos de lo que nosotros mismos vemos, o mejor dicho…, más de lo que queremos ver. Algunas veces nos ciega la amistad, otras la cabezonería y otras el simple hecho de quedar por encima de los demás. No queremos ver algunas cosas porque sería como gritar a los cuatro vientos que nos hemos equivocado y claro, ¡nosotros nunca nos equivocamos!

Si alguien nos preguntara por nuestras virtudes, posiblemente al describirlas, algo en nuestra cabecita nos estaría llamando mentirosos o ¿quién sabe?, a lo mejor nos daríamos cuenta de que no tenemos tantas.

Si alguien nos preguntara por nuestros defectos, posiblemente al describirlos, ese mismo “algo” en nuestra cabecita diría que nada de eso es verdad pero que hay que decirlos para quedar bien.

Virtudes hay muchas y seguro que cada uno de nosotros tenemos un ramillete de ellas pero son nuestros defectos los que en realidad ven los demás. Puedes hacer mil cosas bien (o creer que las haces bien), que como te equivoques en una…, ya nada de lo hecho se recuerda.

Hace tiempo, una persona a la que llegué a considerar casi un hermano, después de innumerables favores por mi parte hacia su persona y familia, un día no pude hacer algo que me pidió por el simple hecho de que me era imposible hacerlo. Esta persona me dijo algo que nunca he podido olvidar y que se ha quedado grabado en mi mente desde entonces:

“Hazme muchas…, fállame en una… ¡no me has hecho ninguna!”

De entre todos nuestros defectos, la cabezonería y el orgullo son los peores. No damos nuestro brazo a torcer, sería un signo de debilidad y claro, ¿cómo vamos a cometer el error de que los demás vean que somos débiles?, eso no puede ser.

Pues sí, señores y señoras, ¡Sí puede ser! Reconocer que nos hemos equivocado en algo no es un signo de debilidad, más bien de madurez. La cuestión es si somos lo suficientemente maduros para verlo y dar el primer paso.

Por lo tanto, humildemente creo que la verdadera pregunta sería:

— ¿Tenemos la suficiente madurez para reconocer nuestras equivocaciones?

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Vocales

Vocales



Vocales

Érase una vez las letras del abecedario. Todas vivían unidas y ordenadas de la A a la Z.

Decidieron mezclarse y se dieron cuenta que podían formar palabras, con las palabras podían formar frases. Las frases formaban párrafos y los párrafos historias que eran contadas a los cuatro vientos hasta los confines de la tierra.

Un día, una de las letras observó que cinco de ellas eran las que daban sentido a las palabras y que eran las más utilizadas a pesar de ser una minoría. Se juntaron en un pequeño grupo y se llamaron “Vocales”. A las demás las empezaron a llamar “Consonantes”.

“A”, que era la primera en todo, decidió erigirse como la líder del pequeño grupo y empezó a malmeter a sus cuatro compañeras:

— Somos las más importantes.

— Sin nosotras, no hay género.

— Sin nosotras, no pueden existir las palabras porque estamos en todas. Las demás no pueden decir nada sin nosotras.

En parte tenía razón. Lo que no decía era que ellas tampoco podían hacerlo por sí solas pero como lo sabía, decidió convencer a las consonantes que le interesaban para que se unieran a ellas, quitándose de en medio a aquellas que no les fueran útiles.

— ¡Qué rara es la “ñ”!, ¡no me sirve! —decía.

— ¿Y la “w”…?, ¡tampoco!

— ¿Para qué tener “b” y “v” si suenan igual?, ¡con una nos basta!

— ¿Y esa “h”?, ¡si es muda!

Poco a poco fue quitándose de en medio las consonantes que no le interesaban porque decía que no eran como las demás y por lo tanto…, había que deshacerse de ellas.

Así fueron surgiendo diferentes grupos de letras en los diferentes lugares y con el tiempo, esos grupos se llamaron a sí mismos “idiomas”. Cada lugar tenía el suyo propio y cada grupo terminó expulsando a las consonantes que le eran molestas.

Las consonantes que iban siendo aceptadas no decían nada, a ellas lo que les interesaba era poder formar palabras, estuvieran en el orden que fuera y las desechadas no eran su problema.

Un día, descubrieron que existían otros grupos totalmente diferentes a ellas. Unos se llamaban “números”. Otros, signos de ortografía. Como también les servían para sus propósitos, los acogieron con la excusa de que enriquecían el lenguaje.

Durante mucho tiempo, las vocales fueron las amas y señoras de los diferentes idiomas hasta que un día empezaron a darse cuenta de que ellas podrían ser también prescindibles al aparecer otros grupos. Uno de ellos llamado “caracteres especiales”, comandado por una letra llamada arroba “@” y otro llamado “emoticonos”.

Surgió como de la nada un nuevo lenguaje que omitía en unos casos las vocales y en otros a palabras completas en una cosa llamada “chats” y se asustaron.

— ¡Vamos a desaparecer! —se decían unas a otras—, ¡eso no puede ser!

— No os preocupéis. —decía “a”— Es sólo una moda. Todo eso es pasajero.

Todo esto no deja de ser una metáfora de la vida actual y de los tiempos que nos ha tocado vivir. Nos empeñamos en echar al que consideramos “diferente”. Nos da miedo ser rechazados porque sabemos que nosotros mismos lo hacemos día a día bajo la falsa excusa de nuestra protección, sin darnos cuenta de que en realidad todos formamos parte de esto que llamamos “mundo” y queramos o no, tenemos la obligación de respetarnos los unos a los otros. Reconozco que es fácil decirlo y de hecho, se queda muy bien cuando se dice, lo difícil es hacerlo. Todavía me queda un poquito de esperanza en el ser humano.

El problema es que es muy poquito lo que me queda…

Moraleja:

“No excluyas a nadie por ser diferente a ti…

…algún día, el diferente puedes ser tú”.

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Dios y la Religión

Dios y la Religión



Dios y la Religión

“Padre…, perdóname porque he pecado…”

Toda mi vida he sido crítico pero con la esperanza de ver una señal que me hiciera conservar la fe y no lo he conseguido. Más bien todo lo contrario, cada vez estoy más desilusionado de algo que no tiene ninguna explicación lógica por más que haya personas que intenten justificarlo.

Yo soy católico porque mis padres me bautizaron, hice la comunión, fui seminarista, no me confirmé, me casé por la iglesia, bauticé a mis dos hijos y los dos han hecho la comunión. Yo, que siempre digo que lo que más me molesta en esta vida es la falsedad, soy también un falso.

En el fondo de mi alma, siempre albergué la esperanza de que mis dudas se disiparan, un mundo tan maravilloso como en el que vivimos ha tenido que ser obra de “algo” o “alguien” increíble pero no es verdad. La naturaleza se hace y se destruye a sí misma. Las mareas, los terremotos, tsunamis, huracanes, volcanes…, todo tiene su explicación científica. Las cosas no son así porque sí. Todo tiene su explicación.

En la religión (sea cual sea) eso no es así. A las cosas que no se pueden explicar se les llama “Dogma de Fe”, o sea, ¡hay que creerlo sí o sí!

Por ejemplo, la famosa virginidad de la Virgen María. Desde el punto de vista de una persona de fe (cosa que a pesar de todo, respeto), una mujer que nunca ha tenido relación sexual con varón, resulta que es madre de una criatura. Claro, hay que pensar que lógicamente es algo que no es posible, que yo sepa la fecundación in vitro no existía hace 2000 años. ¿Cómo lo explica la Iglesia?, muy sencillo. El Espíritu Santo. La frase exacta es:

“… y fue concebida por obra y gracia del Espíritu Santo”.

Obra puede que sí, pero gracia, lo que se dice gracia; no creo que le hiciera mucha gracia a José pero, en fin…, como la explicación no es muy clara que digamos, la iglesia sentencia con la famosa frase “DOGMA DE FÉ”.

Existen muchos dogmas, tantos como explicaciones que no se pueden dar desde un punto de vista lógico: la mencionada virginidad de María, la ascensión a los cielos de Jesús en cuerpo y alma, que el pan y el vino se conviertan en cuerpo y sangre, los milagros, etc.…

Hay que entender una cosa, algo que a lo largo de la historia, desde que el mundo es mundo ha sucedido. El ser humano necesita algo en lo que creer, algo en lo que apoyarse, algo a lo que echarle la culpa, algo a lo que darle las gracias, algo por lo que luchar, algo de lo que renegar y lo que para mí es y ha sido lo más importante…, algo con lo que atemorizar a los demás.

“Si eres bueno y haces lo que Dios dice, irás al cielo.

Si no lo haces, te quemarás en las llamas eternas del infierno.”

La verdad es que acojona.

Puedo entender otras épocas en las que la gente no tenía la cultura que se nos presume a nosotros hoy en día. Las lluvias las traía Dios, el agua hacía que los campos florecieran y dieran sustento a la gente. Si no era así, si no había lluvias y la sequía arruinaba las cosechas (quien dice sequía, dice granizo, viento o incluso fuego), era Dios que había castigado a su pueblo por haberse separado de Él y como reprimenda les mandaba esas penurias. La solución se basaba en pedir perdón y clemencia, en muchos casos mediante sacrificios (incluso humanos). O sea, había que aplacar la “Ira de Dios”. Lo más curioso es que entre los siete pecados capitales está la “Ira”. ¿Eso quiere decir que Dios es otro pecador?

Yo, como cristiano católico desencantado, me estoy centrando en la que desde mi bautismo ha sido mi religión pero realmente todas son iguales. Todas utilizan el miedo a la perdición y al infierno como excusa para dominar y atemorizar al pueblo.

Iglesia y poder siempre han ido de la mano, se han hecho Guerras Santas, se ha masacrado y asesinado en nombre de Dios, se ha sometido a pueblos con la excusa de convertirles a la fe y por la salvación de sus almas. Se ha robado, violado abusado y torturado en nombre de un “Dios Misericordioso”. ¿Misericordioso?, ¿qué misericordia existe en el hambre, la pobreza, la enfermedad, la falta de derechos, la injusticia, el sometimiento y el odio?

Curiosamente los polos más opuestos de una sociedad son siempre los más creyentes. Por un lado está la gente más humilde, deseosa de que algo o alguien les dé una esperanza para seguir viviendo día a día y para que cuando llegue la hora de dejar este “Valle de Lágrimas” les acoja en su seno para toda la eternidad.

Desde siempre, esta parte de la sociedad ha sido y es el sustento de la fé. Siempre pidiendo a Dios que le haga prosperar, que les cuide y mire por ellos. Cuando vienen desgracias, surgen las famosas frases:

“Es voluntad de Dios”

“…que sea lo que Dios quiera”

“…si Dios quiere”.

y fin de la discusión.

Sin embargo, cuando suceden cosas buenas…,

“Gracias a Dios”

“Dios te ha bendecido”

“Dios está contigo”

“Dios te ha recompensado…”

Para muchas personas, todo sucede por designio de Dios. Si eso es así, ¿somos libres? Si hagamos lo que hagamos el que decide es Dios, ¿qué es lo bueno y lo malo?, ¿por qué hay tanta gente buena, que nunca le ha hecho mal a nadie y que lo pasa tal mal? Y lo que es peor, ¿por qué hay tanto “hijo de puta”, el cual, su vida consiste en joder la de los demás al que le va tan bien? ¿Eso es justicia divina?, ¿eso es misericordia?, ¿eso es mirar por su pueblo? Yo creo que no pero ante todo esto, surge otra famosa frase lapidaria…:

“los designios de Dios son inescrutables”

¡Tócate los huevos! Cuando alguien pasa penurias, desgracias, etc.…, son pruebas y cuando las cosas salen bien no es porque te lo hayas currado, no señor…, es porque Dios ha hecho que eso suceda, demostrando lo bueno que es. El problema es que por lo general es más bueno con los malos. Curioso, ¿no?

Por otro lado, está la gente más favorecida de la sociedad, el dinero, el poder, aquellas personas que manejan los hilos de todo. En este sector, la iglesia siempre está presente y se mueve como pez en el agua para lavar las conciencias de ricos y opulentos y como no…, para recaudar. Si fuera mal pensado haría mía otra famosa frase:

“La iglesia es la empresa que más ha prosperado, empezó con un pesebre y mira dónde ha llegado”

Palacios, grandes catedrales, El Vaticano (con su propio banco), posesiones en todo el mundo, joyas, obras de arte, donaciones por doquier, dinero corriendo por las esquinas como si se tratara de cucarachas…, eso sí, la iglesia reza siempre por los pobres.

“Pobrecillos los pobres si esperan que los poderos dirigentes eclesiásticos les lleven un plato de sopa a su mesa”

*

Aquí he de hacer un inciso. Es verdad que dentro de la iglesia y de cualquier religión, existen buenas personas, personas generosas que dan su vida y su salud por los demás, sobre todo en países deprimidos por la hambruna, las guerras o en las parroquias de barrios humildes. Éstas sí son personas de fe. Para todas ellas…, mi reconocimiento y admiración. (Lo cortés, no quita lo valiente).

Dicho esto, ¿cómo puede ser que en un momento en el que la gente lo pasa mal, no tiene trabajo y vive con miedo por no tener diez euros en el bolsillo, se pueda gastar millones de euros en la visita de un Papa?, ¿por qué un Cardenal tiene que vivir en un palacio episcopal?, ¿por qué una institución con ese poder, tanto social como económico tiene que recibir ayudas de un estado al que se supone laico mientras existen personas a las que se les niega un subsidio para poder dar comer a sus hijos?, ¿quién es la iglesia para decidir por nosotros lo que está bien o lo que está mal?, ¿por qué no son esas personas que dicen tener tanta fe las que financien un negocio tan lucrativo?, ¿por qué tiene la iglesia que estar exenta de pagar el impuesto sobre bienes inmuebles, recibir ayudas al mantenimiento de sus posesiones y al mismo tiempo cobrar por entrar a ver una catedral?, ¿no es un templo?. Si la iglesia defendiera que realmente son lugares de culto, sencillamente sólo se podría entrar a rezar pero no, te cobran y te dejan hacer fotos, siempre y cuando no sean ellos los que tengan un chiringuito de recuerdos; entonces ¡no!, Todo es un negocio. ¿Éstas son las enseñanzas de Jesús?, yo creo que no. Son demasiadas preguntas a las que la respuesta siempre es la misma, bajo mi humilde punto de vista, claro.

Como ex seminarista, la biblia es un libro que he leído y estudiado a fondo y que siempre me ha llamado mucho la atención. ¡Qué manipulación se ha hecho siempre de las palabras ahí escritas!

Como todo el mundo conoce (o debería conocer), se compone del Antiguo y del nuevo Testamento. El Nuevo Testamento cuenta la vida de Jesús desde el punto de vista de los cuatro evangelistas: Juan, Mateo, Lucas y Marcos desde su nacimiento, muerte en la cruz y ascensión a los cielos y posteriormente, los Hechos de los Apóstoles. Realmente existen otros evangelios, los llamados apócrifos que no son reconocidos por la iglesia, como por ejemplo el de Judas. Pero esa sería otra historia.

El Antiguo Testamento es una recopilación, más o menos histórica, de acontecimientos sucedidos antes de la venida de “Jesús, hijo de Dios, hecho hombre que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo”. Valla frasecita.

De todos ellos, siempre me ha llamado la atención por encima de los demás el Génesis y dentro del Génesis, lo relativo a Adán y Eva.

Cuando era seminarista, cada “x” meses realizábamos ejercicios espirituales. Se supone que el retiro te hace reflexionar sobre las cosas importantes de la vida a la que supuestamente te vas a dedicar y sin embargo “ese retiro”, supuso el principio del fin de mi vida religiosa.

Teníamos que comentar pasajes de la Biblia y a mí me tocó el Génesis, el cual me produjo una duda existencial que, ni corto ni perezoso expliqué en mi exposición. Hay veces que pienso que me pasé pero, realmente tiene su lógica lo que dije (siempre bajo mi punto de vista, claro). Eso sí, no gustó nada y a la larga me trajo muchos problemas.

Como antes dije, en el Génesis se habla de la creación del mundo por parte de Dios. Los cielos, el mar, las montañas, los ríos, etc.…, hasta la creación del hombre a imagen y semejanza de Dios, ¿ok?

Pues bien, como el pobre hombre estaba sólo, le dio una compañera (como verán, la religión siempre tan machista. Desde que existe cualquiera de las religiones o culto a dioses, la mujer siempre ha estado en un segundo plano como si se tratara de una posesión del “hombre”), a la que llamó “Eva”, formándola a partir de una costilla de “Adán”. De hecho, esta es la explicación que da la biblia para demostrar el por qué el hombre tiene una costilla menos que la mujer, cosa que por cierto, tampoco es verdad.

Adán y Eva tuvieron dos hijos, Abel y Caín. Caín mató a Abel por lo que éste fue desterrado y toda su descendencia maldita (primer asesinato de la historia), por lo tanto, quedaron en el mundo sólo tres personas. Si nos ceñimos estrictamente a los escritos, Dios no creó a ningún otro ser humano por lo que para llegar a los millones de personas de la actualidad, Adán y Eva tuvieron que tener más hijos y éstos debieron procrear entre sí. Por otro lado, si Caín se quedó sólo, ¿cómo pudo tener descendencia? La única posibilidad era tener hijos con su propia madre. De hecho, en muchos escritos se habla de “los hijos de Caín”, refiriéndose a todos nosotros.

Pues bien, si esto fue así; según la tradición de las antiguas enseñanzas sobre Dios y las distintas religiones que basan su apostolado en la Biblia, a ese tipo de relaciones se les llama “Incesto”, o sea…, un pecado mortal.

Conclusión, partimos de uno de los pecados que la iglesia a aborrecido más a lo largo de su historia y por el cual se llegó a quemar a personas en la hoguera por brujería y pactos con el diablo por parte de la famosa inquisición.

Yo siempre he defendido que la Biblia es un compendio de historias que no se deben tomar al pie de la letra, la mayoría son ejemplos. Metáforas para explicar lo inexplicable pero siempre se ha hecho de una forma interesada y se ha utilizado para atemorizar a los creyentes, más que para enseñar.

¿Verdad o mentira? Sinceramente, no lo sé. Lo único que sé es que por esta exposición llegaron a llamarme “Apóstata y Hereje” pero lo más curioso es que nunca nadie la rebatió, simplemente ahí quedó y con el tiempo trajo sus consecuencias.

*

Algunas personas me preguntan qué es lo que tengo en contra de la religión. Yo no tengo nada en contra de ella, de lo que estoy en contra es de la falsedad que rodea ese mundo, por ejemplo:

Domingo, misa de once en mi barrio de toda la vida. Allí se congregan un grupo de personas para escuchar la palabra de Dios y recibir el sacramento de la Comunión.

A la mayoría de la gente que allí acude la conozco hace muchos años, hablo con ellos, sé cómo piensan, sus virtudes, sus defectos, su mucha o poca creencia, su pecados (los confesables, los otros no) pero en definitiva, sé de qué pie cojean al igual que ellos de mí. Si son envidiosos, si son irascibles e incluso alguno que otro adúltero, ladrón, mezquino, blasfemo, etc. Los hay que aun llevándose mal, en el momento de dar la paz, le dan la mano a “esa persona” a la que no tragan y le dicen “la paz sea contigo”, simplemente porque la tienen a su lado por accidente y los que más pasmado me deja, cuando llega la hora de comulgar, lo hacen.

A alguno de ellos, le he preguntado en alguna ocasión cómo se puede comulgar si no cree en Dios. Además, si no te confiesas antes, no puedes. Pues bien, la contestación más sub realista que he escuchado has ido la siguiente:

—Mi nene hace la comunión este año y es para que el cura me vea y no me regañe.

¡Ole sus cojones!

Luego están los que van de santos o santas y más tarde les oyes criticar y hablar mal de todo hijo de vecino, eso sí, dan dinero al cepillo de la iglesia lavando así sus miserias, se confiesan (poniendo su contador de pecados a cero) y luego comulgan. Lo malo es que una vez que salen del templo se olvidan de lo buenos que han sido durante una hora e incluso miran con desprecio al mendigo que suele estar a las puertas de todas y cada una de las iglesias.

También están los que continuamente están hablando de Dios, de la Virgen y de todos los santos y luego ponen a parir a los curas y a la Iglesia pero los que más me gustan son aquellos que se las dan de ateos, anticlericales, anti curas, anti todo y cuando llega la Semana Santa se visten de Nazarenos y llevan a hombros la imagen de su Virgen o de su Cristo. Eso sí, una vez que termina, vuelven a cagarse en Dios, cosa que a pesar de mi falta de fe, yo jamás haría por respeto.

Todo esto es por lo que digo que Dios no existe. Hoy en día, el único dios verdadero es el dinero. A “ese” sí que se le rinde pleitesía y se le hacen genuflexiones y si lo tienes, hasta te ponen en un púlpito y te suben a los altares un ejército de fanáticos pelotas y rastreros que van como satélites dando vueltas a tu alrededor pero, hay de ti como no lo tengas. Te convertirás en el más ruin y mezquino de los pecadores, te apedrearán como a las “rameras y adúlteras” tiempo atrás pero tranquilo, rezarán por ti.

“Dios aprieta, pero no ahoga”

Esta frase la debió inventar una persona muy creyente, un rico o alguien para que la gente que lo está pasando mal tenga un consuelo y una esperanza para salir adelante.

*

Si usted es creyente, le respeto aunque hoy por hoy no lo comparta, lo único que le pido es que si yo respeto sus “creencias”, usted respete mis “no creencias”. Esta es otra de las cosas que siempre me ha llamado la atención de la gente que se dice creyente. Piden respeto pero no respetan. Si dices que no crees en Dios, automáticamente pasas a ser inferior porque no estás en posesión de la verdad, ellos sí.

La iglesia debería reflexionar sobre el porqué de la gran desbandada de feligreses de sus templos.  ¿Son ellos los culpables o simplemente es que la gente ha aprendido a pensar por ella misma?, ¿ha tenido que ver algo la televisión y la tecnología?

Todas las religiones se nutren de la ignorancia. Los países más pobres y con menos educación son los más fanáticos en lo que se refiere a las creencias. Occidente, que supuestamente es la zona más avanzada, tanto en educación como en tecnología, es el sitio donde más adeptos han perdido la religión. Sin embargo es curioso, cada día surgen nuevas religiones (sectas) que aprovechan el negocio que es “Dios” y amasan grandes fortunas a cambio de la promesa de la salvación eterna.

Posiblemente este sí que es un “Pensamiento que no debería haber salido de mi cabeza” y por lo tanto pido perdón si alguien se ha sentido ofendido pero yo, como dice Sabina:

“Gracias a Dios, no soy creyente”

A lo que añado:

“pero por si acaso…, que Dios me perdone por lo que aquí he escrito, que es posible que no tenga perdón de Dios”.

Amén.

Blog, Pensamientos que nunca debieron salir de mi cabeza.

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Publicado por 1331ocho en Pensamientos, 1 comentario
Érase una vez…

Érase una vez…



Érase una vez…

Hay gente que me dice que ya está pasado de moda empezar los cuentos con “Érase una vez…” pero no estoy de acuerdo.

Los cuentos son esas historias que toda la vida nos contaban nuestros padres y madres, nuestros abuelos y abuelas. Ellos las empezaban así y yo, en su honor, hago lo mismo.

Cuando de pequeños, nuestra abuela pronunciaba esas tres palabras, todos los hermanos nos callábamos y escuchábamos una y otra vez aquellas historias que por muy repetidas que fueran, siempre nos hacían soñar porque para eso son los cuentos, para soñar con otros mundos, para soñar que eres un héroe, un príncipe, una princesa o quién sabe si con aquello que nunca tendrás.

Hay cuentos para todos los gustos. Unos con final feliz, otros con un triste final. De pequeño siempre me gustaba el famoso final de “…y fueron felices y comieron perdices”. Creía que cuando fuera mayor, ese sería el final de “mi cuento”.

Con el paso de los años me he dado cuenta de que en la mayoría de los casos no es así, de hecho el final siempre es incierto, pero eso es precisamente lo bonito de los cuentos. El final no está escrito y cada uno puede hacer un cuento a su medida. Muchas veces depende del estado de ánimo a la hora de escribir y de las circunstancias que en ese momento vivas. En otras, simplemente expresas tus anhelos.

Yo nunca me he creído un escritor, considero esa palabra de tan alto nivel que soy consciente de que yo no llego ni llegaré nunca a esa altura. Yo sólo cuento historias con más o menos acierto. Como digo en la presentación de mi Blog “Pensamientos…, que nunca debieron salir de mi cabeza”:

“Lo aquí escrito no es verdad ni mentira, simplemente es mi verdad”

Por lo tanto, que cada uno que saque sus propias conclusiones, que para gustos…, están los colores y por qué no decirlo…, las palabras.

Cada uno tiene su propio estilo. Por suerte o por desgracia, cada vez que se escribe algo, vas a tener gente a favor y gente en contra e incluso aquellas que entienden o creen sacar conclusiones de lo que han leído totalmente contrarias a lo que has querido expresar. Personas que se sienten identificadas y personas que critican por el simple hecho de criticar. A mí es algo que no me preocupa y por qué no decirlo, hasta me gusta porque eso es algo en lo que creo; la libertad de expresión. Poder decir o decidir si algo te gusta o no te gusta y dar tu propia opinión sobre lo leído.

Pero volvamos a los cuentos, que me disperso…

La vida es como un cuento que siempre empieza por “Érase una vez…”. Hay protagonistas, actores secundarios, localizaciones y por supuesto…, una historia que contar.

A mí, particularmente me gustan los cuentos protagonizados por animales, es decir, las fábulas y por una razón. Siempre me ha gustado mucho la simbología, y los animales por lo general y cada uno en particular, simboliza alguna de las virtudes o defectos del ser humano. Incluso los hay que simbolizan aptitudes y formas de comportamiento y a lo largo de la historia, siempre han sido utilizados como metáfora de la vida, a la cual siempre se le intenta sacar una enseñanza, o “moraleja”.

Bonita palabra (“moraleja”). Según el diccionario, es la enseñanza que se deduce de algo, especialmente de un cuento o de una fábula y lleva implícita la palabra “moral”, bastante en desuso hoy en día, por cierto.

Los cuentos son pequeñas historias, reales o no. ¿Quién no ha vivido un cuento de hadas?, ¿tú no?, pues es una pena porque todos en algún momento de nuestra vida deberíamos sentirnos protagonistas de alguno y a poder ser, con final feliz, …faltaría más.

Hace algún tiempo, alguien me recordó la película Pretty Woman, cuando Julia Robers y Richard Gere, en los papeles de Vivian y Edward Lewis tienen el siguiente diálogo:

—Quiero más

—Ya sé lo que es querer más. Yo inventé ese concepto. La cuestión es cuánto más.

—Quiero el cuento de hadas.

¿Recordáis esa escena en el hotel?, ¿y el final?, ¿por qué no se puede completar un cuento de hadas?, ¿por qué no puede tener un final feliz si los dos protagonistas quieren que así sea?

  • ¿Qué puede más a la hora de decidir el final de un cuento, la cabeza o el corazón?
  • ¿De qué sirve el corazón sin una cabeza que no razone?
  • ¿Por qué no hacer que la cabeza entienda que el corazón es quien la riega de sangre?
  • ¿Por qué no hacer que el corazón entienda que no sirve de nada seguir vivo si la cabeza no funciona?
  • ¿De qué sirve la cabeza sin un corazón que palpite?
  • ¿Por qué el corazón dice una cosa y la cabeza otra?

Estás son siempre las preguntas que al final deciden para bien o para mal si los protagonistas comen perdices y son felices o si terminan comiéndose su orgullo por separado.

Posiblemente, lo ideal sería una mezcla de los dos, pero entonces dejaría de ser un cuento. Los cuentos se viven con el corazón, son historias en las que muchas veces la razón es el malo de la película, el antihéroe o la bruja malvada.

Por cierto, ¿qué sería de los cuentos sin los “malos”? Esos personajes, a veces incomprendidos y siempre vilipendiados sin los que la trama en realidad, no tendría sentido. Para que exista el bien, debe existir el mal y viceversa. Uno no tiene sentido sin el otro; como en la vida misma, sin ir más lejos.

Uno de los finales más típicos de los cuentos de hadas era o es:

“…y vivieron felices y comieron perdices”

Pero hay otro final, que a mí particularmente, siempre me ha gustado:

“…y colorín, colorado…

…este cuento se ha acabado”

Pero claro…

Con el tiempo me di cuenta de que este final sería la antítesis del primero, es decir, que todo se ha acabado y eso es algo a lo que me resisto porque el cuento… todavía no ha acabado o por lo menos, eso espero.

Después del final, siempre habría que poner:

…y ahora, ¿qué?

Sea cual sea el final, lo único que tengo claro, a pesar de que muchos digan que es algo anticuado, de que ya no se lleva, de que los tiempos y los estilos cambian, es que los cuentos empiezan y deben empezar por un…

“Érase una vez…”

… el final ya lo irán escribiendo los protagonistas del cuento y esa gran escritora que es “la vida”.

Blog, Pensamientos que nunca debieron salir de mi cabeza.

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