Pensamientos

Nunca digas nunca jamás

Nunca digas nunca jamás

— ¿Puedes hablar?

— Será mejor que ya no hablemos, no vaya a ser que entre mis palabras se incluya eso que tú llamas reproches y que te hacen sentirte tan mal. Además… no vaya a ser que se enteren de que vuelves a romper otro de tus pactos y te hagan devolver todo aquello cedido por la venta de tu alma, esa paz y ese habitáculo al que siempre puedes volver en caso de que te vallan mal las cosas.

Estas fueron las últimas palabras que se dijeron, o quién sabe… lo mismo ni si quiera se dijeron pero… ¡qué más da!, ya nunca más volvieron a cruzarse. Todo por esa mal entendida felicidad o quien sabe… lo mismo todo había sido orquestado desde el principio y él solo fue una pieza más de todo aquel puzle. Quizá no era más que el pretexto para que ella lograra salir de su jaula y una vez fuera… Ya no era tan necesario.

No solo no era necesario, en realidad era una carga porque ella solo había querido desprenderse de esa losa que era su vida y conseguir una felicidad a la carta que difícilmente puede llegar a cumplirse pero bueno… por lo menos lo intentó. Eso sí, dejó sus cadáveres consciente o inconscientemente, eso nunca lo sabré porque aunque alguna vez llegue a escuchar una explicación, no creo que pueda creer nada. Cuando todo es una mentira, hasta la verdad se disfraza y no es posible creerla.

“Es difícil creer una verdad cuando se mezcla con tantas mentiras”

Lo que no consigo entender, y no creo que nunca lo consiga, es cómo alguien puede dormir después de destrozar la vida y los sentimientos de otro. Y lo digo por experiencia porque a mí me pasó hace años, hice mucho daño a una persona que no lo merecía y desde entonces no duermo. Hay quien dirá que mi insomnio es producido por otras muchas cosas y es posible pero… la verdad es que desde hace años no consigo dormir más de dos horas seguidas y las noches no es que sean largas, son eternas pero… ¡qué más da! Lo verdaderamente importante es “esa paz” y “ese habitáculo” donde poder volver en caso de que las cosas vayan mal, ¿no?

Por cierto, esta es otra de las cosas que a pesar de que la mayoría de la gente diga que es lo correcto, yo no consigo entender ni compartir:

Muchos se empeñan en dejar cosas preparadas por si lo que tienen entre manos no les va bien, lo que a mi juicio ya les predispone a que nada realmente les va salir como realmente desean. Si constantemente vives pensando que lo que tienes como presente va a salir mal o puede salir mal… terminará saliendo mal y es entonces cuando yo me hago una pregunta:

— ¿Esta gente disfruta de la vida?

Personalmente creo que no, porque siempre están preparando la huida por esa posibilidad de fracaso y claro… tanto piensan en el fracaso de su presente que tarde o temprano, como tienen que tener la razón en todo, terminan provocándolo. Eso sí… siempre son los demás los culpables y si les pides explicaciones, siempre pueden decir que son reproches.

Yo le haría una pregunta a mucha gente:

— ¿Qué es lo que realmente queréis?

La mayoría de la gente no sabe contestar a esta pregunta porque quiere muchas cosas y muchas de ellas son incompatibles… y cuando tienen que priorizar se dan cuenta de que hay cosas realmente imprescindibles y otras que no lo son del todo y a estas últimas se les va dando salida, en algunas ocasiones digna y en otras de la forma más cruel y sin anestesia, cosa que por lo general… suele ser lo más habitual.

Por eso, nunca digas “nunca jamás”, porque nunca sabes qué es lo que vas a tener que pagar a cambio de tu paz, de esa falsa felicidad y del habitáculo que te van a ceder para que pases tus horas con aquellos que perdonándote la vida después de haberte echado de la suya tiempo atrás, te vuelven a atrapar a cambio de que entierres tu corazón en el lodo y de que reniegues de tus sueños y tus pensamientos. Esos pensamientos que un día te hicieron volar y que poco a poco fuiste volviendo a encerrar en su jaula de cristal para que nadie se diera cuenta que de vez en cuando vuelves a pensar preguntándote si te equivocaste o no. Tú sabrás.

— ¿Te equivocaste?

Eso solo el tiempo lo dirá, el problema es que si al final te das cuenta de que te equivocaste… ya no tendrá remedio.

Yo nunca doy consejos o por lo menos lo intento. Sigo esa frase de Sabina que dice: “¿Qué consejos voy a darte yo?, que ni siquiera sé cuidar de mí”. Pero hoy… voy a dar uno.

Ten cuidado con la gente más cercana, esas “personitas” que se disfrazan de aliadas y te dicen lo importante que eres. Esas que te hacen la pelota diciendo en cada momento lo que quieres oír y que sin embargo sin darte cuenta, te hacen hacer todo lo que te dicen que debes hacer y te manipulan de tal manera que nunca te vas a dar cuenta, porque claro… ¿cómo van a querer ellas algo malo para ti?

Y no es que quieran algo malo… realmente no es eso. Lo que quieren en lo mejor para sí mismos sin importarles nada las demás personas y para conseguir sus propósitos no les importará nada lo que a terceras personas les pueda suceder, ni siquiera a ti. Tú solo eres otro instrumento más.

El problema es que lo hacen con todos, esa es su estrategia. Dividir y quitarse de en medio aquellas personas que en un futuro pueden llegar a ser molestas porque realmente ellas piensan que son el centro de atención de todo y sin darte cuenta son los que más te extraen la sangre y se aprovechan de ti.

Un día se irán con el pretexto de que ya tienen años para volar por su cuenta y ese día… ese día te darás cuenta de que nunca debiste decir “nunca jamás” y de que nunca fue una aliada, más bien fue todo lo contrario, pero bueno… tú, por unos años encontraste esa paz, aunque fuera de mentira, esa mal llamada felicidad y ese habitáculo al que volver todas las veces que “todo” salió mal y del que en realidad… nunca saliste.

Posiblemente, la verdadera pregunta es:

— Y… ¿después qué?

 

Nunca digas, nunca jamás

…porque jamás es demasiado tiempo

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Soledad

Soledad

Según la Rae, la soledad es:

  1. Carencia voluntaria o involuntaria de compañía.
  2. Lugar desierto, o tierra no habitada.
  3. Pesar y melancolía que se sienten por la ausencia, muerte o pérdida de alguien o de algo.

Por supuesto, nos centraremos en las acepciones 1 y 3.

Todos en algún momento de nuestra vida nos hemos sentido solos, abandonados por esas personas a las que creíamos que nunca perderíamos. La cuestión no es el hecho de estar solo sino de sentirse solo. La soledad puede ser una gran amiga y la peor de tus enemigos. Puede hacerte conocer lo más profundo de tu alma, tanto para bien como para mal y con el tiempo puede llegar a destrozarte sin ninguna compasión.

Hay momentos en la vida en los que esa soledad hasta puede parecer una bendición. Nadie que te diga lo que debes hacer en cada momento. Nadie que te diga cómo debes pensar, hablar y actuar. Nadie que controle tus movimientos ni tus aficiones. Nadie que te imponga horarios ni costumbres. En definitiva… la libertad absoluta las veinticuatro horas del día sin una voz que te diga lo que toca hacer en cada momento.

Puede parecer maravilloso, por lo menos por algún tiempo, pero no nos engañemos, somos seres humanos y necesitamos contacto con otros seres como nosotros. Aunque solo sea para maldecir todo aquello que nos imponen y para renegar por nuestra falta de libertad. Si no nos quejamos por algo, perdemos precisamente eso que nos hace humanos.

Aunque lo neguemos, necesitamos llevar la contraria a alguien, unas veces teniendo razón y otras no. La cuestión es poder llevar la contraria a alguien.

Eso sí, si se entra en ese juego, tienen que ser los dos responsables de sus actos y ser conscientes de que unas veces ganará uno y otras veces ganará el otro. No puedo entender una relación en la que siempre uno tiene la razón sobre todo y el otro no puede decir nada sin que se consideren reproches todas sus palabras.

Todos nos equivocamos, eso es cierto, pero ¿sabemos todos asumir de la misma manera esas equivocaciones o pensamos casi siempre que la culpa es del otro?

La soledad es muchas veces la consecuencia de nuestra falta de autocrítica. Aunque pueda parecer una opción, a la larga no lo es. La soledad impuesta por la vida no deja de ser un castigo que día a día pasa de ser algo momentáneo a ser un modo de vida en el que hasta te puede llegar a molestar la compañía. Puede llegar un momento, si no nos damos cuenta, que hasta nos puede llegar a molestar que nos dirijan la palabra por el miedo a que nos lleven la contraria.

Según pasa el tiempo y esa soledad se instala en nuestra vida, llega un momento en el que todo da lo mismo. Si hablan bien de no nosotros… bien, si no… pues también bien.

Si algo tengo seguro en esta vida, es que nunca más voy a forzar una situación. Que venga lo que tenga que venir y que se valla lo que se tenga que ir. El que esté… que esté porque quiera estar y el que se quiera ir… tal día hará un año y quien sabe… lo mismo hasta en navidad o en el día de su cumpleaños, si me acuerdo, les felicitaré si es que no se me pasa la fecha, cosa que por cierto no sería nada raro. Total, ¿para qué forzar a nadie ni a nada a que se quede si realmente no está de corazón?

Soledad, si alguna vez te vuelvo a encontrar, ya no te voy a esquivar pero si te quieres ir… te vas.

Si te quieres quedar, siempre tendrás un rincón a mi lado donde llorar pero nunca digas que estás sola… tú eres la “soledad” y siempre estarás acompañada de solitarios como yo y sí… precisamente eso es lo que te hace tan importante y tan insignificante al mismo tiempo.

Te crees imprescindible y no lo eres.

Te crees poca cosa… y lo eres todo.

Puede parecer una contradicción pero no lo es del todo. Aquel que en algún momento de su vida haya convivido con la soledad sabe que puede ser lo mejor y lo peor. Sabe que puede llegar a tocar el cielo con ella y descender a los infiernos en un instante. Sabe que es una relación de amor odio difícil de digerir. Algo que como todo aquello que no se tiene, se desea y en el momento que lo consigues… no sabes qué hacer para que se valla de tu lado. Todo eso es la soledad… y mucho más.

Hay gente que dice que es mejor estar solo que mal acompañado y puede que tengan razón, yo no soy quien para juzga a nadie. Lo único que sé es que la soledad no es una buena compañera de camino, por algún tiempo puede ser buena y afable pero con el tiempo sale su verdadera naturaleza destructiva y te va ahogando hasta que llega un momento que pierdes todo aquello que creías que eras. Te atrapa y no te deja ser tú. Te apresa de tal forma que ya no existe nada más y lo peor de todo es que el único culpable de tu soledad eres tú. Ella nunca va a tener la culpa de nada porque “ella” está porque tú te quedaste solo por culpa de tu mala cabeza, de tus absurdos sueños y de la confianza que pusiste en personas que no la merecían porque no saben estar solas igual que tú, esperando el momento exacto para conseguir todo aquello que soñabas, sin claudicar ante los chantajes ni las amenazas de nadie porque creías en algo con todo tu corazón y sobre todo… sin utilizar a nadie como moneda de cambio para conseguir una ficticia paz con aquellos que te menospreciaron, insultaron y te expulsaron de su vida con mentiras tan solo para conseguir algo material.

Puede que la soledad termine siendo mi compañera lo que me queda de existencia. Si es así, voy a tener que acostumbrarme y yo no soy de los que se amolda fácilmente a lo que viene impuesto por ese destino en el que nunca he creído y al que siempre se le echa la culpa de nuestras gracias y desgracias.

En fin… que sea lo que tenga que ser.

Si la soledad quiere quedarse conmigo… bienvenida sea.

Si la soledad se quiere ir… tal día hará un año.

“Quiero estar solo con alguien más que quiera estar solo

(Dimitri Zaik)

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Help me!

Help me!

“Ayuda” es una palabra que cuesta mucho pronunciar cuando la necesitas porque muchas veces nos hace sentirnos inferiores a los demás.

Nuestro ego no nos permite sentirnos por debajo de otras personas. Creemos que si pedimos ayuda nos estamos infravalorando.

A todos, en un momento dado nos gusta decir que ayudaríamos a cualquier persona, en cualquier caso y a cualquier precio. Nos encanta sentirnos héroes salvando a pobrecillos que no saben cuidarse de sí mismos pero… ¿es eso realmente cierto?, ¿de verdad estamos cuando se nos necesita?, ¿somos capaces de escuchar los “gritos del silencio”?

El silencio, muchas veces puede llegar a ser un grito atronador y no todas las personas saben escucharlo. El hecho de no quejarse no es síntoma de que todo va bien. Puede que sí, pero en ese caso se diría eso… todo va bien. A mí, los silencios siempre me han dado mucho miedo por lo que ocultan. Casi siempre son un síntoma de que algo no va todo lo bien como debería ir pero… también hay que saber interpretarlos de manera correcta y no es nada fácil.

Hay personas de todos los tipos y colores que se expresan de mil maneras diferentes, pero los silencios son muy característicos de algo no tan bueno, sea como sea la persona y su manera de ser.

Las veces que he podido gritar y pedir ayuda en el más absoluto de los silencios, angustiado por situaciones que se iban sumando y que me hacían hundirme más y más… sin que nadie me escuchara.

Atormentado por no saber decir en voz alta lo que mi alma grita hasta desgarrar esas paredes invisibles a los ojos de los demás mortales con los que día a día vivo en la cercanía del “hola” y “adiós” o esas eternas charlas en la distancia que terminan con un “hasta mañana” en el mejor de los casos, con una falsa esperanza o con la acusación de estar reprochando algo si se me ocurre decir que hay cosas que no consigo entender…

¡Porque no las entiendo!

Entonces intentas cerrar los ojos para dormir y terminas dándote cuenta de que el sueño tampoco viene a visitarte esa noche, posiblemente porque también se olvidó de que le necesitabas al no saber pedir ayuda ni tan siquiera para eso y es entonces cuando te sorprendes mirando el techo en la oscuridad contando los segundos, los minutos y las horas. Dando vueltas como si con eso consiguieras encontrar esa posición que te haga descansar por fin.

Entonces gritas… ¡Ayuda!, pero no hay nadie. Nadie escucha tu grito, nadie viene en tu ayuda.

Y así pasan los días y las noches. Por más que gritas… nadie te escucha.

Llegará un día en el que alguien se preguntará qué fue de aquel personaje que ya no dice nada, que ya no hace reproches porque ya no pregunta el por qué pasaron las cosas como pasaron y ya será demasiado tarde porque ya no estará.

Se habrá ido gritando, eso sí… en silencio, como siempre. No vaya a ser que al final sea verdad y exista “ese Dios” del que algunas personas hablan y por el camino a esa otra existencia le impida llegar a todo aquello que negó en vida porque simplemente no entendía las cosas. Porque simplemente no supo gritar para que todo el mundo le escuchara. Porque simplemente nadie quiso escuchar sus gritos en la inmensidad de su silencio.

Entonces algunos dirán que no sabían nada, otros que no podían hacer nada y los demás… los demás seguirán con su día a día y seguirán diciendo que ayudarían a cualquier persona en cualquier caso y a cualquier precio y así su conciencia seguirá estando libre de toda culpa, eso sí… con los oídos tapados, no vaya a ser que por error escuchen algún grito en su inmenso silencio.

“No hay nada más atronador en la cabeza que los gritos del silencio”

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Esperanza

Esperanza

Según la Rae, la esperanza es:

Estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que se desea.

La esperanza es algo muy peligroso porque te hace creer que puedes alcanzar aquello que deseas. Al mismo tiempo es necesaria para salir adelante cuando todo se torna oscuro pero… ¿qué pasa cuando malinterpretamos las palabras de alguien y eso nos da una falsa esperanza?

Siempre se ha dicho que no hay palabras mal dichas, sino mal interpretadas y puede que sea verdad pero… no es menos verdad que resulta muy difícil interpretar algunas palabras cuando ante una pregunta de “sí” o “no”, te contestan con cincuenta cosas diferentes y ninguna de ellas es una de esas dos, que es realmente lo que quieres saber.

Todos pensamos sin darnos cuenta que los demás nos entienden cuando escribimos o decimos algo. Pensamos que la gente toma nuestras palabras igual que son pronunciadas pero cada día estoy más convencido de que eso no es así. Cada uno de nosotros, sin excepción, tenemos una manera diferente de ver la vida, de ver lo que es o no es importante. Lo que para unos es básico… para otros resulta intrascendente.

Por eso, hay que tener mucho cuidado con lo que se dice y sobre todo con lo que se escribe porque siempre va a haber alguien que te va a corregir como si supiera en todo momento qué te llevó a decir o a escribir algo.  Eso sí… las palabras se las puede llevar el viento, pero lo escrito… escrito queda a pesar de las muchas interpretaciones que pueda llegar a tener.

Aparte de si se está de acuerdo o no con algo, cosa que me parece lo más normal del mundo, existe otro factor que puede llegar a dar problemas con lo que se escribe. Me refiero a la comprensión lectora de cada uno de nosotros. Llevo toda mi vida observando a la gente y su forma de actuar ante cualquier tipo de información y he llegado a las siguientes conclusiones:

  1. Es prácticamente imposible que tras leer un texto, todos obtengan la misma versión de los hechos.
  2. A la hora de asimilar una información, es increíble cómo ésta cambia según el estado de ánimo de la persona lectora.
  3. La mayoría de la gente lee lo que quiere leer, dando por bueno aquello que se amolda a su manera de pensar, rechazando aquello con lo que no está de acuerdo.
  4. Hay muchas más posibilidades de que un texto te guste si sabes quién lo ha escrito y si te gusta el autor o autora. Es muy curioso cómo algo escrito por alguien que no nos gusta o por alguien con el que en un momento dado estamos enfadados nos produce automáticamente un rechazo y no nos gusta.
  5. Puedes estar haciendo “loas” a alguien o a algo, que como la persona que lee en ese momento esté en tu contra por alguna razón, tan solo va a recordar al final del texto cualquier cosa, por pequeña que sea en su contra, dejando a un lado (como si no las hubiera leído) todas las alabanzas hacia su persona.
  6. Hoy puedes escribir algo y al día siguiente estar totalmente en desacuerdo, lo que demuestra que al igual que al leer, el estado de ánimo es fundamental a la hora de escribir. Hay días que ves las cosas de color azul celeste de día y negro pero con un millón de estrellas por la noche y otros días se torna gris y por las noches desaparecen todas las estrellas del firmamento.

La mente… esa “cosa” intangible, en ocasiones maravillosa y por momentos odiosa… nos puede hacer pasar momentos únicos y horribles por igual. Ojalá todo fuera como las matemáticas en las que dos más dos siempre suman cuatro pero no… la vida no es así. Hay veces que la suma puede dar cinco y en ocasiones tres. Hoy estás arriba y mañana abajo sin darte cuenta.

Qué importantes pueden llegar a ser unas palabras de aliento para no seguir cayendo en el abismo. Tan importantes pueden ser que se pueden convertir en un flotador y si consigues agarrarte a ellas con todas tus fuerzas… pueden llegar a salvarte. Eso sí, siempre con el miedo de si al otro lado de la cuerda seguirá estando mañana la persona que te la lanzó o si solo era una esperanza infundada porque simplemente entendiste mal lo que la otra persona quiso decir o peor aún… porque entendiste lo que deseabas en ese momento porque era lo que necesitabas entender.

Ojalá hubiera alguna manera de saber si las demás personas han entendido al cien por cien lo que has querido expresar en cada momento pero como soy consciente de que eso no es así, tendré que confiar en esa “capacidad lectora” de aquellas personas que sean capaces de perder su precioso tiempo en leer estas líneas que no dejan de ser otro pensamiento que a lo mejor nunca debió salir de mi cabeza pero… es que por suerte o por desgracia, tengo la esperanza de que alguna vez no sean mal interpretadas mis palabras, que simplemente se lean y  se juzguen tal y como han sido escritas. No tienes que estar de acuerdo con ellas. De hecho… siempre he creído y sigo manteniendo que si todos pensáramos igual… la vida sería muy aburrida. No hay nada más tedioso en el mundo que estar dando la razón por sistema a todos y todas. Yo creo en la libertad de pensamiento y que cada uno es libre de pensar lo que quiera, incluso es libre hasta para no pensar.

Cuidado con la “Esperanza”. Es algo muy peligroso porque nos hace soñar con que es posible alcanzar lo que deseamos. Si es así y al final lo conseguimos… incluso alguien nos echará en cara la suerte que hemos tenido o que lo hemos conseguido gracias a Dios. Si no es así, si no conseguimos nuestros deseos, esa misma persona nos reprochará que no hemos hecho lo suficiente para lograr nuestros objetivos. Lo dicho… cuidado con esas palabras que pueden ser mal interpretadas y que aunque en un momento dado pueden ser un bálsamo, a la larga se pueden convertir en una losa difícil de levantar y de mantener porque ante todo hay que ser coherente con uno mismo. El hecho de decir algo en un momento de debilidad para quedar bien… no exime de responsabilidad y esa persona a la que has dado esperanzas puede que algún día te recuerde tus palabras.

La pregunta es… ¿estarás ahí si eso ocurre?

“No des nunca esperanzas a alguien que desea algo de corazón porque si al final no cumples… le estarás haciendo más daño del que crees”

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El sueño incumplido

El sueño incumplido

Érase una vez un sueño que nunca pudo cumplirse porque la estrella de la que dependía… se apagó.

Él siempre creyó en sus palabras:

“Mientras queden estrellas… podemos seguir pidiendo deseos”

Y precisamente eso fue lo que ocurrió, se apagaron las estrellas por culpa de sus mentiras. La noche ya nunca más se iluminaría.

— ¿Qué quieres? —simplemente pregunté.

— No quiero nada. No te preocupes —contestó.

Yo sé que no siempre es necesario, pero a veces me gustaría saber por qué. No creo que pida mucho. Solo un “¿por qué”, porque entre mis innumerables defectos se encuentra el que no poseo el don de la adivinación. No soy adivino y no sé lo que pasa por la cabeza de esas personas que simplemente dicen que no pasa nada y desaparecen sin dar ninguna explicación y luego se hacen las mártires renegando de su vida y de su infelicidad. Quien sabe… a lo mejor hasta eso también es mentira y simplemente viven de dar pena.

Esto pretendía ser un cuento sobre un sueño que nunca pudo cumplirse y ni siquiera eso se va a cumplir. Así que me ahorro eso de “y fueron felices…” porque no lo fueron. También me ahorro eso de “colorín colorado…” porque el cuento nunca acabó. Simplemente no existió como “ese sueño que nunca se cumplió”

Si alguien lee esto alguna vez… que sea valiente y escriba en los comentarios “ese sueño que nunca se cumplió” porque no nos engañemos, todos tenemos un sueño que nunca se cumplirá.

“Yo sé que no siempre es necesario, pero a veces me gustaría saber por qué”.

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Ahora también lo puedes ver y escuchar en nuestro canal de YouTube.

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Intuición

Intuición

Hace unos días leí:

Intuición

“Es eso que sabes,

que no sabes cómo sabes pero sabes que lo sabes”

… y la persona que lo puso como estado de su perfil se quedó tan a gusto, al mismo tiempo que desaparecía.

Cualquiera que lea esta frase deprisa, puede llegar a pensar que es un deshecho de filosofía y verdades ocultas pero, ¿qué es realmente la intuición?

Según la Rae, Intuición es:

  1. Facultad de comprender las cosas instantáneamente, sin necesidad de razonamiento.
  2. Percepción íntima e instantánea de una idea o una verdad que aparece como evidente a quien la tiene.

¿De verdad tenemos ese poder?

¿No será más bien un mecanismo de defensa porque no nos fiamos de nadie y siempre queremos dar una explicación a nuestra medida?

¿No será que necesitamos inventarnos nuestra propia verdad para no asumir lo que pensamos realmente y así no sentirnos culpables por nuestros actos?

¿No sería más sencillo preguntar al otro directamente antes hacer “elucubraciones” que a lo único a lo que llevan es a sentirnos mal pensando que el otro siempre está en nuestra contra y que solo nosotros tenemos la razón?

Ese mal llamado “Instinto” ha destrozado, destroza y destrozará a personas que han sido, son y serán juzgadas por una simple percepción mental. Simplemente juzgadas y sentenciadas por esa “falsa facultad” que algunas personas tienen de comprender cosas automáticamente.

Si alguna vez razonaran y no se dejaran llevar siempre por esa “intuición”, las cosas irían mejor. Yo prefiero el “hablar” a la “intuición”. Prefiero un “¿por qué?” a un “no me hacen falta explicaciones”. Prefiero un “lo siento” a un “ya lo sabía yo”. Prefiero una conversación a que otros me laven el cerebro y no me dejen ser quien soy y lo más importante… prefiero ser yo el que se equivoque a equivocarme porque otros me digan lo que tengo que pensar, decir o hacer.

La intuición es muy peligrosa porque es algo muy íntimo que depende fundamentalmente de nuestro estado psíquico y que siempre va a anteponer “mi YO” a de los demás y no deja de ser una “falsa” autoprotección para no dar la cara y para esconder la cabeza bajo la tierra. Más aún cuando lo que se disfraza es la falta de personalidad intentando llamar “intuición” a los comentarios interesados de terceras personas que lo único que hacen es maquillar la realidad y manipularla.

Yo no creo en la intuición, más bien creo que cada uno nos inventamos nuestra propia realidad y cuando algo no nos cuadra… tenemos que hacer que cuadre como sea para no sentirnos culpables.

Lo peor de todo… es que hay personas que aparte de tener esa “intuición” a la que siempre hacen caso… además lo llevan a gala y no se dan cuenta de que no es “intuición”, sino manipulación. Pero bueno… como se suele decir:

“Sarna con gusto no pica” y yo no soy nadie para decirle a nadie cómo debe ser, no soy nadie para decirle a nadie como debe actuar y menos aún cómo debe pensar. De eso ya se encargan otras personas… y lo hacen muy bien, valla si lo hacen…

“No llames Intuición a tu cobardía”

“Pasarán los años…

…algún día será demasiado tarde”

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Tú mism@

Tú mism@

Tú mism@

Nos empeñamos día a día en ser lo que no somos, tenemos la necesidad de ser aceptados por los demás de tal forma que somos capaces de anularnos nosotros mismos con tal de que los demás nos acepten y nos den el privilegio de estar a nuestro lado.

Pues no…señores y señoras. No estoy dispuesto a vender mi alma por un saludo, por una amistad, por un hola, por un abrazo o por una palmadita en la espalda. Nunca lo he hecho y nunca lo voy a hacer. Me parece vergonzoso y éticamente reprobable el venderse a sí mismo como lo que no eres.

Toda mi vida he sido así, con mis pocas virtudes y mis innumerables defectos y a quién no les gusten… ya saben lo que tienen que hacer.

No estoy dispuesto a adaptarme a nada ni a nadie. Estoy harto de la falsedad de una sociedad que me dice lo que tengo que pensar, lo que tengo que decir y lo que tengo que hacer en cada momento para ser uno más del rebaño y no… no quiero ser “uno más del rebaño”. ¡Yo soy yo! Y a quien no le guste, que se busque aquello que más le convenga en cada momento de su existencia.

Lo más curioso de todo es que aquellas personas que más juzgan… son aquellas que primero desaparecen y ¿sabéis por qué?

Porque no son “ellos mism@s”. Simplemente son una copia mal impresa de lo que un día fueron. Son como las fotocopias de las fotocopias que con cada copia van perdiendo calidad hasta que llega un momento en el que ya no saben realmente quienes son.

Yo me niego a eso. Me niego a ser clonado. Me niego a ser una copia de mí y me niego a fingir ser lo que no soy. Es posible que nunca consiga realizar mis sueños pero por lo menos nadie me podrá decir que los compré vendiendo mi alma por una ficticia felicidad dada por mi adaptación a cualquier cosa, situación o persona que se cruzara por casualidad en mi vida. Yo sé lo que quiero y por eso…

— Cuando me di cuenta de que podía ser quien yo quisiera… decidí ser yo mism@ y esperar.

Yo soy yo… y el día que deje de ser yo mism@, dejaré de existir porque habrá vencido la mediocridad de aquellos que creen que puedo adaptarme a cualquier cosa y no… yo no puedo, ni quiero adaptarme a “cualquier cosa”. Yo sé muy bien lo que quiero y puedo esperar.

Qué grandes son aquell@s personas que a pesar de todos los golpes que les pueda dar la vida… siguen siendo “ell@s mism@s”. Mi admiración a tod@s aquell@s que a pesar de que día a día parece más difícil andar… siguen dando pasos para conseguir llegar a donde quieren ir y sobre todo… mi respeto y admiración a todas aquellas personas que día a día luchan por sus sueños sin dejarse amedrentar por aquellos que lo único que quieren es tenerl@s bajo su yugo haciendo que se adapten a todo lo que por “casualidad” les llega haciendo que su vida sea una mentira de la cual cada día que pasa es más difícil salir.

Yo solo os pido una cosa… Ser vosotr@s mism@s. A lo mejor al principio perdéis amistades y hay personas que desaparecen de vuestro lado pero a la larga… quedarán aquell@s que de verdad os quieren porque aquellos que os quieren siempre estarán ahí para que podáis llorar en su hombro. Aquell@s que de verdad os quieren no aparecen solo en los buenos momentos para pasar un rato ni por casualidad en los malos…

Aquell@s que os quieren siempre están cuando se les necesita porque no se adaptan a todo… simplemente son quienes son. Con sus pocas virtudes y sus innumerables defectos.

“Qué grandes son aquellas personas que a pesar de ser juzgados por ser quienes son…

…no cambian para complacer a nadie”

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La noche que conocí al Demonio

La noche que conocí al Demonio

Eran las tres de la madrugada cuando, harto del ruido y de las luces estridentes de aquel lugar, salí a dar una vuelta por las calles de mi cuidad. La noche tiene algo especial que me atrapa, no consigo entenderlo pero así es. De hecho… puede que me sienta más cómodo en la oscuridad que a la luz de todos, o quien sabe… puede que la luz queme todo aquello que soy.

Aquella noche cambió todo… no sé si realmente sucedió o si fue un sueño en una de mis innumerables noches sin dormir pero fuera lo que fuera, algo sucedió.

Paso tras paso iba deambulando sin rumbo fijo cuando sin darme cuenta tropecé y al levantar la mirada… allí estaba delante de mí esa figura estilizada y oscura tendiéndome la mano y ayudando a levantarme. Esa mano, fría como el hielo, tomó la mía con tal delicadeza que todo mi cuerpo se estremeció y empezó a sentir una paz como nunca había sentido. Ese frío iba traspasando cada una de las células de mi cuerpo hasta quedarme totalmente paralizado. Entonces me miró fijamente a los ojos y me dijo:

— ¿Sabes quién soy?

— No —le contesté.

No consigo saber si era el frío lo que paralizaba realmente mi cuerpo, si era el miedo o si era esa mirada penetrante cuando volvió a preguntar:

— ¿De verdad no sabes quién soy?

— No, lo siento —le volví a contestar— No te conozco. ¿Debería?

Entonces fue cuando me invitó a seguir caminando junto a él. Mis músculos se relajaron y comenzamos a andar en silencio. No había ruidos, ni siquiera se oían los pasos, solo mi agitada respiración.

En un momento dado se paró y preguntó:

— ¿Qué es lo que quieres?

Al principio no entendí la pregunta y tras unos momentos, simplemente le dije:

— Seguir caminando —y seguimos.

Poco a poco íbamos recorriendo esas calles iluminadas por farolas. De vez en cuando nos cruzábamos con alguien y él agachaba la cabeza como si no quisiera que le reconocieran o quien sabe… puede que para que yo hiciera lo mismo y los ignorara. De todas maneras, nadie nos miraba.

Caminamos durante horas o por lo menos eso creí yo hasta que me di cuenta de que andaba solo, fue una sensación muy extraña y turbadora. Aquella noche no había bebido ni me encontraba bajo la influencia de ninguna sustancia que pudiera alterar mi mente y sin embargo allí estaba yo, andando solo en la oscuridad de unas calles vacías y solitarias y así seguí, andando sin rumbo paso tras paso.

Crucé la calle y al llegar al otro lado, una voz alteró el silencio de la noche:

— ¿Te puedo acompañar en tu paseo?

Me di la vuelta y ahí estaba una mujer pálida y delgada.

— ¡Claro! —le dije— pero que sepas que no voy a ningún lugar. Solo ando.

— Perfecto —respondió ella, y empezó a andar junto a mí.

Tras un rato caminando en silencio, preguntó:

— ¿Sabes quién soy?

— No —le contesté, y seguimos caminando.

Ni siquiera recuerdo su rostro pero sí su voz. Una voz suave y delicada que empezó a hablar y a hablar sin parar hasta que en un momento dado paró sin ningún motivo. Al girar la cabeza para saber por qué había parado de hablar me di cuenta de que ya no estaba a mi lado. No sé decir en qué momento desapareció, solo que yo seguí caminando hasta que vi un banco en medio de una plaza y decidí sentarme a descansar un rato. Entonces fue cuando apareció aquel abuelo desaliñado que con voz grave me preguntó:

— ¿Puedo sentarme a su lado, caballero?

— Sí, ¿cómo no? — le contesté.

El abuelo se sentó sin decir nada más durante un rato, asintiendo con la cabeza mientras miraba al cielo hasta que volvió a susurrar:

— Hace años, desde aquí se podían ver las estrellas. Ahora, ya no.

Pasó un rato y me dijo:

— ¿Sabes quién soy?

— No —le contesté, y siguió mirando al cielo.

Una vez que había descansado un poco, me levanté y me despedí del abuelo. Él solo levantó su mano derecha para despedirse de mí y seguí caminando fijándome que tenía razón, no había ni una sola estrella en el firmamento y ni siquiera la luna había salido aquella noche. Tan solo las luces de las farolas y alguna que otra luz en las fachadas alumbraban una noche tan oscura como pocas veces había visto.

Andaba y andaba hasta que me encontré con un niño pequeño en medio de la calle. Me acerqué a él rápido diciendo:

— Pero chaval… ¿qué haces en la calle solo tan de noche?, ¿te has perdido?

El niño clavó sus ojos sobre mí y solo me dijo:

— ¿Sabes quién soy?

— No —le contesté— ¿Pero qué haces tú solo en la calle a estas horas?

— ¿De verdad no sabes quién soy? — volvió a preguntar, y desapareció.

En ese momento, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo al verme reflejado en el espejo de un escaparate de una tienda y sin darme cuenta me acerqué. Según estaba delante… el reflejo preguntó:

— ¿Sabes quién soy?

— Sí, eres yo —le contesté— ¿cómo puedes hablarme?

El reflejo desapareció del espejo y al rato “algo” me tocó la espalda y una voz dijo:

— ¿Ahora sabes quién soy?

— No puede ser —dije temblando— ¡yo no estoy muerto!

— ¿Quién ha dicho que estés muerto? —preguntó.

— ¿Estoy dormido?

— No lo sé —dijo la voz— ¿todavía no sabes quién soy?

— No, ¿quién eres? —pregunté gritando muy nervioso.

Nadie me contestó y seguí andando muy rápido, mirando hacia todos lados por si alguien me seguía, pero no. Nadie andaba por esas calles vacías y oscuras. Nadie volvió a estar a mi lado mientras caminaba. Sentía miedo y no podía parar de andar.

Miré el reloj y eran las 3:30 de la madrugada. No podía ser. No podían haber pasado tan solo treinta minutos desde que salí de aquel garito para dar una vuelta y no solo eso… seguía estando delante de la puerta de aquel local como si no me hubiese movido de allí. ¿Me estaba volviendo loco?

Cerré los ojos y al instante los abrí y al abrirlos estaba en casa, acostado en mi cama, mirando al techo de mi cuarto en medio de la oscuridad. La puerta cerrada a cal y canto y gente hablando en el salón.

Me levanté y al intentar abrir la puerta, no podía, parecía estar sellada. No conseguía encender la luz, tenía los ojos abiertos como platos pero no había luz. Al otro lado de la puerta se escuchaba la televisión encendida y al pegar la oreja a la puerta, solo conseguí oír:

— ¿Sabes quién soy?

Deprisa volví a la cama y me tapé la cara con las sábanas. Hacía mucho frío en mi cuarto y ahí fue donde le vi en la oscuridad. Estaba a mi lado, sentado a los pies de la cama riéndose de mí.

— ¿Ya sabes quién soy? —preguntó.

— No, ¡no lo sé! —contesté aterrado.

Dieron las 4:00 de la madrugada en el reloj. La luz se encendió como por arte de magia y fue entonces cuando me di cuenta de que la puerta estaba abierta, la tele del salón apagada y de que quien estaba sentado al pie de la cama era yo.

En ese momento fue cuando entendí que nuestros miedos, nuestros problemas, nuestros temores, nuestros rencores, nuestros odios y todas aquellas cosas que nos angustian son “Nuestros Demonios” y sí… el demonio existe y está en cada uno de nosotros. Aquella noche le conocí y resultó que el Demonio era yo.

“No todos los ojos cerrados duermen…

…ni todos los ojos abiertos ven”

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Pasado, Presente… Futuro

Pasado, Presente… Futuro

”Tanto miré por mi futuro, que me olvidé de mi presente… convirtiéndolo en pasado”

A veces no somos conscientes de que los días pasan y de que lo único que realmente tenemos es el pasado. El presente es un instante que pasa con cada segundo y lo que verdaderamente es nuestro pasado.

El futuro no existe, salvo en ese instante anterior al presente y que cada día inexorablemente se convierte en eso… en pasado.

“Tengo que mirar por mi futuro”

Curiosa frase.

Hace tiempo, en el pasado leí esta frase y todavía resuena en mi cabeza. Todavía no consigo entenderla y menos aún los motivos por los que fue pronunciada pero así fue. Lo único que espero es que la persona que la escribió haya podido conseguir ese futuro que tanto ansiaba aunque no comparta la forma de llegar a él.

Yo me quedé anclado en ese pasado. Para mí sigue siendo presente porque no consigo entender el futuro sin aquello que un día me pidió tiempo. Y esa, por desgracia, es mi condena. Condenado estoy por las circunstancias de una vida que no me permite mirar al futuro sin llorar por mi pasado.

Condenado por no poder asegurar un futuro a mi pasado. Condenado por no tener aquello que algunas personas consideran primordial para vivir. Condenado por una distancia infranqueable entre mi pasado y la felicidad que me suponía tenerla todos los días presente. Condenado por su futuro…

Algún día, y puede que ese día nunca llegue, su futuro será presente y yo posiblemente seguiré siendo pasado porque el mañana no existe, el hoy es efímero y el ayer… el ayer es eterno y cada día que pasa es un ladrillo más en ese muro que resultó ser su “tengo que mirar por mi futuro”.

Lo peor de todo es que “su todo” fue, es y será mentira. Una más que se pudre en el universo de mentiras dichas por esa boca a la que tanto me gustaba escuchar. Podía pasar las horas muertas escuchando esa boca y precisamente eso fue lo que hizo… Mató aquello que parecía verdad con sus mentiras.

“Tengo que mirar por mi futuro”

Y lo hizo, valla si lo hizo.

Buscó y buscó, y claro… casualmente encontró. Bueno, realmente creo que las casualidades no existen, las causalidades… sí y esa causalidad mató mi presente y me condenó al pasado donde convivo día a día con mis recuerdos y sus mentiras. No creo que le resultara difícil pues esa boca sabía mentir muy bien y esos ojos… Dios mío, esos ojos…

Yo sigo esperando, eso es lo único que hago… esperar con la esperanza de que su futuro algún día se acuerde de que un día tuvo pasado y que su pasado sigue aquí… esperando.

“Las casualidades No existen,

…las causalidades… Sí”

Y recuerda:

…destrozan presentes y los convierten en pasado para garantizar ese futuro por el que tú… tanto mirabas.

El problema es que ese futuro se basa en mentiras y las mentiras por muchas veces que se repitan… nunca serán verdad.

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El pájaro que perdió sus alas

El pájaro que perdió sus alas

Érase una vez un pájaro que perdió sus alas. Acostumbrado a volar, a mirar el mundo desde el cielo pensó que la vida se le acababa. Ya no surcaría más las nubes, ya no volaría más entre las copas de los árboles, ya no planearía más sobre las aguas.

Su vida se tornó gris y melancólica sin aquellos que un día fueron sus amigos y su familia en las alturas.

Comenzó a andar y con cada paso que daba se iba dando cuenta de que nunca más volvería a ser el que un día fue, nunca volvería a ser el de antes, ya nunca volvería a deslumbrar con sus hermosas alas a nadie… ya no las tenía.

Pasó el tiempo y siguió andando y andando. Fue conociendo a otros animales que como él, no podían volar. De hecho se dio cuenta de que la mayoría no podía hacerlo y no eran infelices por ello, pero él seguía mirando hacia arriba.

Al principio no entendía nada, todo su mundo había desaparecido y lo que ahora se le abría ante sus ojos era un mundo desconocido. Ahora el sol estaba lejos y la tierra muy cerca. Demasiado cerca en algunos momentos.

Cuando caía el sol y el cielo se tornaba negro, pasaba horas mirando los millones de estrellas de la bóveda celeste. En ocasiones conseguía quedarse dormido y en sus sueños volvía a volar. El problema es que pasaban las horas y con las horas la noche y tras la noche llegaba un nuevo día que lo primero que le recordaba era precisamente eso… que ya no podía volar.

Pasaron años y terminó acostumbrándose a andar y a andar sin descanso. Hoy aquí, mañana quién sabe… Dejó de mirar hacia arriba pero las noches seguían siendo iguales como si de una tortura nocturna se tratara a la que se entregaba con los ojos cerrados.

Un día se encontró en uno de esos caminos con un ser diminuto que resultó ser un hada con la que empezó a hablar de cosas intrascendentes. Ya nunca hablaba de sus sueños, los había dado ya por perdidos hacía mucho tiempo.

En un momento de la conversación, el hada le dijo:

Te concedo un deseo, ¿qué es lo que más quieres?

El pájaro, después de un rato en silencio, simplemente le respondió:

Olvidar.

El hada, sorprendida por la respuesta volvió a preguntarle:

— ¿No quieres unas alas?

— No —contestó el pájaro—Yo solo quiero olvidar

Pero… ¿por qué? —replicó el hada.

El pájaro, tras mirar el inmenso cielo y respirar profundamente, le preguntó al hada:

— ¿Esas alas me harán olvidar la gran decepción de mi vida?, ¿de qué sirven unas alas si aquello con lo que disfrutaba volando ya no está?, ¿para qué quiero volar si mis sueños volaron hace tiempo rumbo al sur y allí se quedaron encerrados?

— Yo solo quiero olvidar. Quiero olvidar a todos aquellos a los que un día quise porque ellos… ya no volverán.

­— ¿De qué sirven las alas? Yo solo quiero olvidar.

El hada le concedió el deseo y olvidó todo y a todos. Incluso llegó a olvidar quien era. Simplemente siguió andando.

Pasó mucho tiempo y en un lejano paraje se encontró con otro pájaro que también había perdido sus alas hace años como él y empezaron a caminar juntos. Ninguno recordaba quien había sido ni de dónde venía. Ninguno conseguía recordar nada de su pasado, solo hablaban del día a día y como mucho del anterior y según iban pasando los días… iban olvidando los anteriores.

Cada amanecer era un mundo nuevo, cada sendero era un camino nuevo, cada despertar una nueva vida y cada anochecer… una nueva muerte.

En un cruce de caminos se volvieron a encontrar con el hada que como hacía años se unió a ellos en su camino a ninguna parte. Tras varios kilómetros, les volvió a decir que les concedía un deseo y les volvió a hacer la misma pregunta a los dos.

— ¿Qué es lo que más queréis?

Los dos pájaros se miraron el uno al otro sin saber qué decir. No entendían nada, no recordaban nada pero algo en su interior hacía que se sintieran muy incómodos ante la presencia del hada y al final uno de los dos dijo:

— Quiero que no vuelvas más. Quiero seguir caminando.

El otro pájaro simplemente asintió mientras el hada les concedía el deseo y se iba para siempre. Ya no tendrían que preocuparse nunca más por su pasado. Solo hoy y mañana. Ayer dejaba de existir tras cada ocaso. Sin recuerdos, sin muletas del pasado, sin todo aquello que les ataba… Por fin libres.

“La ignorancia, muchas veces da esa mal llamada… felicidad”

La paradoja consiste en que todos queremos alas para volar, pero esas alas muchas veces nos hacen hacer cosas de las que nos arrepentimos el resto de nuestra vida.

Ojalá pudiéramos olvidar, ojalá esa hada existiera de verdad. Ojalá pudiéramos caminar día a día como personas libres pero no… Aunque perdamos las alas, nuestra mente se convierte en ese “Pepito Grillo” que constantemente nos echa en cara todo aquello en lo que nos equivocamos.

Algunas personas se revelan y cambian de camino, de compañía. Se acostumbran a cualquier cosa y siguen caminando. Otras simplemente… Esperamos.

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La Siembra

La Siembra

Por muy duro que sea, llega un momento en el que tienes que parar, reflexionar y cambiar de rumbo dejando atrás aquello que no pudo ser a pesar de las veces que lo intentaste, que no fueron pocas.

Llega un momento en el que la conclusión a todo tu esfuerzo y dedicación es… ¿y para qué he perdido yo tanto tiempo en personas que no merecen la pena?

Posiblemente la pregunta no es del todo correcta porque sí, sí había gente que merecía la pena, y mucho. El problema es que unos pocos, ávidos de poder y de seguir haciendo “nada por todo” son capaces de destruir día a día esa ilusión con la que hacías las cosas y poco a poco van minándote hasta que llega el día en el que explotas y dices:

“Hasta aquí hemos llegado…”

Y sí, hasta aquí hemos llegado. Estoy cansado de todo. Estoy cansado de sonrisas falsas que se convierten en puñales cuando das la espalda. Estoy cansado de hablar y mediar entre aquellos que no tienen intención de arreglar nada. Estoy cansado de que se pongan en mi boca palabras que nunca he dicho. Estoy cansado de ver personas para las cuales, su único propósito en la vida es salir en una foto y que cuando se les pide ayuda… huyen como cucarachas de la luz, no vaya a ser que tengan que mancharse las manos. Estoy cansado de estar cansado.

A todos “aquellos” y “aquellas” que de una manera u otra os deis por aludidos, solo os puedo decir una cosa:

 ¡Por algo será…! —y lo sabéis.

La conciencia, eso que se supone que nos hace humanos, hay veces que brilla por su ausencia, pero bueno… Tened mucho cuidado con aquellas personas de aspecto dulce, mirada cándida y bellas palabras…, son los peores. Son aquellos que continuamente te van a decir lo que quieres oír. El problema es que lo hacen con todos y eso no puede ser. No se puede decir a alguien que “algo” es de color marrón y al hablar con el siguiente decir que es rosa, eso es algo que llevo mucho tiempo viendo y ya estoy cansado… muy cansado.

Lo peor de todo es que dejo algo que me gusta de verdad, algo con lo que he disfrutado como un niño en los últimos años. Algo que siempre he dicho que me salvó la vida en uno de los momentos más duros de mi existencia, pero es que ya no puedo más, no quiero explotar y antes de que eso ocurra prefiero retirarme y dejar paso a los que vienen empujando. Prefiero ser yo el que se vaya porque no quiero ser un problema para nadie y sé que si me quedo, terminaré siéndolo, si es que no lo era ya.

Eso sí, lo único que os pido es que no destrocéis aquello que costó tanto esfuerzo que no desapareciera y a todos y todas las que os fuisteis por la puerta de atrás cuando más se os necesitaba…, por lo menos  tened la dignidad de estar calladitos y/o calladitas y no os subáis ahora al carro del triunfo. Pensar que algún día, alguien os hará lo mismo y ese día no os podréis quejar, porque estaréis comiendo de vuestro mismo plato.

Me quedo con las innumerables tardes con risas, cabreos, emociones y mil y un sentimientos que el escudo que llevas en el corazón te puede llegar a ofrecer. Me quedo con esos jugadores y jugadoras con los que tanto he disfrutado en partidos, entrenamientos, viajes, torneos… ya fuera desde la grada, desde el banquillo, desde la mesa de cronometraje, haciendo fotos a pie de pista (las veces que me ha podido regañar un árbitro porque decía que molestaba) preparando tantas y tantas cosas que hay que preparar para que “esa gente” pueda sentarse en “esa grada” y que muy poquitas personas ven y menos aún son las que lo reconocen.

Me quedo con ellos y ellas que hasta en ocasiones me han hecho llorar, (unas veces de alegría y otras de tristeza) a los que tantas y tantas fotos les he podido llegar a hacer para carteles, fichas técnicas y distintos reportajes de cientos de partidos a lo largo de estos años. ¡Joder… lo que me he podido reír con tod@s ell@s y lo que he sufrido a veces!

Me quedo con esos “goles” dedicados por esos fantásticos chavales y chavalas que me han puesto nudos en el estómago, me quedo con esos abrazos de alegría tras ganar un partido y con esas miradas hacia abajo tras perder. Es muy difícil enumerar miles de sentimientos en unas simples líneas, lo siento.

Todo esto es algo que la gente que solo se sienta en una grada junto a una bolsa de pipas a ver un partido y que en ocasiones se hace la foto con el alcalde, alcaldesa o concejal de turno (por supuesto, hecha por el tonto de siempre) nunca va a poder entender pero no importa… eso es algo que ya nadie me podrá quitar nunca.

Que se dé por aludid@ el que tenga que darse… Dicen que no hay palabras mal dichas, sino mal interpretadas y soy consciente de que se van a mal interpretar, sobre todo por alguna persona que por educación me voy a callar pero que debería hacérselo mirar porque no se puede ser tan mala persona, no se puede ir criticando y difamando como si eso fuera un deporte. Muchas veces me he preguntado si estas personas en casa siguen siendo así. Desde luego si lo son… madre mía… compadezco a sus parejas. El ser humano es así y yo no soy una excepción. Posiblemente soy el ser más imperfecto de la creación, lo que pasa es que a pesar de todos mis defectos, que son innumerables… hay algo que nadie en mis cuarenta y ocho febreros me ha podido decir a la cara…

Nadie me ha podido llamar falso y por desgracia, yo tengo una lista de falsos y falsas muy grande a los que decirles algún día que su falsedad será lo que dejarán de recuerdo a los demás pero claro… ese día también lo negarán y es muy posible que sea otro quien sufra las consecuencias. Si lo pienso bien, hasta los admiro. Son capaces de llenarse de mierda hasta el cuello y salir limpitos de todo. Nunca he conseguido saber cómo lo hacen y para ser sincero… creo que no quiero saberlo.

En fin, posiblemente la palabra que resume todo esto es “cansancio”. Estoy cansado física y psicológicamente y ya no tengo más fuerzas. Mi enhorabuena a tod@s aquell@s que día a día habéis ido sembrando, ahora es tiempo de recoger. Pero cuidado…

“Lo que se siembra… se recoge”

Y sí… había y hay mucha gente que merece la pena. A todos vosotr@s os deseo el mayor de los triunfos, os pido perdón por las veces en las que he podido equivocarme y muchas gracias por haberme aguantado durante estos años.

Y como siempre digo:

“lo aquí escrito no es ni verdad ni mentira,

…simplemente es mi verdad”

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Tormenta

Tormenta


Tormenta

Buenos días, buenas tardes, buenas noches… depende de cuando estés leyendo estas letras. En el fondo da lo mismo porque son intrascendentes. No son más que unos pensamientos transcritos según salen de una mente atormentada, sedienta de un poco de verdad, de un poco de honestidad, de un poco de empatía…

Cada vez que cierro los ojos intento transportarme a otro lugar, intento dejar de pensar, intento ser otra persona y vivir otra vida. Algunas noches lo consigo. Pocas veces…

El problema es que las horas pasan inexorablemente y el sol vuelve a salir un día más, y otro más, y otro más… y todo vuelve a ser igual. El mismo cuarto, la misma cama, la misma soledad.

Algunas veces deseo no despertar más. Deseo quedarme en ese sueño en el que consigo ser feliz, en ese sueño en el consigo ser libre, en ese sueño en el que consigo volar. El problema es que siempre caigo y al caer despierto y al despertar todo sigue en su sitio, todo sigue igual…

Otras veces intento despertar pero no puedo. Una pesadilla me atrapa como si de un monstruo se tratara, recordándome todos y cada uno de mis errores, que han sido muchos. Demasiados diría yo… Me golpea y no consigo mover mi cuerpo, tan solo los ojos que sin darme cuenta se quedan fijos mirando ese reloj que da la sensación de que no avanza y en algunas ocasiones incluso que va hacia atrás.

No sé si alguna vez te habrás sentido así, posiblemente sí porque en el fondo somos muy parecidos. Más de lo que crees.

¿Qué tipo de persona eres?, ¿eres de los que les da lo mismo todo o eres de los que sabiendo que le has jodido la vida a alguien no consigues dormir?

¿Duermes…?

Y si duermes… ¿lo haces a pierna suelta o tienes pesadillas?

¿Alguna vez te preguntas qué fue de la otra persona?

¿Alguna vez has deseado que el tiempo diera marcha atrás para no hacer aquello que hiciste?

¡Despierta!, eso no es posible. Todos somos culpables de nuestros actos; para bien o para mal.

A mí, sinceramente ya me da igual. Soy culpable de todo…, incluso de lo que no pasó. Ese es y será mi castigo para el resto de mis días. La tormenta se desató y seguirá lloviendo sobre mojado hasta el día que esa culpa se ahogue en ese mar de lágrimas secas que ya no fluyen por mis ojos. Se me acabaron… ya no me quedan más… y sin embargo… sigo esperando.

Sigo esperando esa señal que posiblemente nunca va a llegar porque hay personas que nunca se darán cuenta de nada. Hay personas que nunca escucharán. Hay personas que viven atrapadas por su orgullo y nunca despertarán de su sueño de mentiras porque eso es su vida… una mentira construida a base de medias verdades que nunca fueron escuchadas por nadie más que por su reflejo en el espejo.

Vuelve a mirarte en él y pregunta a tu reflejo si realmente eres feliz.

Si la respuesta es “Sí”… mi enhorabuena. Si la respuesta en “No”… sé lo suficientemente valiente para mandar a la mierda a tu orgullo y para ser tú de verdad por una vez en la vida.

Si no hallas respuesta… lo siento. ¡Todo está perdido!

Recuerda…

“No hay palabras mal dichas sino…

…mal interpretadas”.

Por cierto… ¿Sabes interpretar las palabras o sigues haciendo que “otros” las interpreten por ti?

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La Carta

La Carta


La Carta

Érase una vez un “Amor Roto”. Como todos los amores rotos, necesitaba una de esas despedidas en forma de “carta desgarradora”, llena de dolor, rencor, culpa. Llena de esas expresiones que surgen cuando no sabes realmente qué pasó… puesto que por lo general siempre es una de las partes la que lo rompe, la que incumple el pacto. Ese pacto que la otra parte creía irrompible, sagrado, inmaculado por su fe ciega y confianza en esa persona. En fin… la vida misma.

Como todas las cartas de despedida, la que sigue a continuación no es más que un cúmulo de sin sentidos que emanan de un Corazón Roto, el cual tiene la sensación que ha perdido las ganas de vivir. Es posible que algunos lectores se sientan identificados, otros pensarán que es una gilipollez, otros dirán que estas cosas no ocurren, otros lo leerán con indiferencia, pero… es posible que alguna persona crea que está hablando de su vida o quien sabe… es posible que incluso existan personas, entre las que me encuentro hoy en día, que pensarán que para que esto nunca le vuelva a pasar… lo mejor es estar solo con tu soledad.

Cuando te expones y te abres a los demás, te arriesgas a que te destrocen. No es menos cierto que si te cierras… siempre estarás solo.

Decidan por ustedes mismos. Yo ya no doy más consejos que luego termino siendo el culpable de decisiones que ni me van ni me vienen. Cada persona que tire de su carro, yo ya me retiré… simplemente sigo esperando y aunque la espera en ocasiones resulta desesperante… sigo esperando esa señal que nunca aparece en el firmamento.

Quién sabe si alguna vez aparecerá. Por si acaso yo sigo mirando todas las noches pero sé que “Don Orgullo” sigue allí y que es el compañero de viaje más obstinado que existe, aquel que nunca da su brazo a torcer a pesar de todos los pesares. (Yo me entiendo)

La carta podría rezar así:

Si estás leyendo estas letras es que por suerte o por desgracia yo ya no estoy. Se me hizo muy difícil todo, lo siento.

Nunca me creíste, yo siempre fui sincero contigo y tú no quisiste escucharme. Era más importante tu futuro y por supuesto… yo no entraba en él.

Una pena, ninguno de mis sueños se cumplió. A lo mejor es que eran imposibles. Puede ser.

Lo que más me dolió fue tu falta de corazón… Las pocas veces que me dijiste que me querías, y lo que me costó que lo hicieras, ahora sé que nunca fueron sinceras. Tú solo miras por ti y por tu futuro. El presente no es más que un medio para conseguir lo que pretendes y el pasado el eso… pasado.

Lo más dantesco, penoso y no sé qué calificativos más usar es que yo te quise con todo mi corazón, que te sigo queriendo y que siempre te querré esté donde esté. A pesar de todo el dolor que me has producido, a pesar de todo el daño que me has hecho… yo te quiero.

Lo perdí todo por ti. Yo era una persona feliz, a pesar de los problemas que pudiera tener, pero era feliz…, muy feliz. Un buen día apareciste y todo giró 180 grados.

Es verdad, y yo no me quito culpa. Yo también soy culpable de todo lo que ocurrió pero yo te quería, lo dejé todo por ti y tú me dejaste tirado precisamente en el peor momento de mi vida, en ese momento en el que me encontraba más hundido física, moral y económicamente hablando.

Me mataste, nunca conseguiré entender por qué lo hiciste. Nunca sabré si “algo” de estos últimos años fue verdad o simplemente me usaste para salir de tu jaula.

En eso también soy culpable. Te enseñé un mundo que nunca habías vivido. Te enseñé a volar y precisamente fue eso lo que hiciste… “volar”.

Lo que hubiera dado por volar contigo, lo que habría dado por despertar a tu lado cada mañana, lo que habría dado por reír y llorar en tu hombro… lo que habría dado…

Ya es tarde… demasiado tarde. La luna llena ya no es nuestra, se cubrió de sangre de tanto llorar. Por mucho que la mires por la ventana las noches que deje de llorar y que se atreva a salir, yo ya no estaré nunca más.

Quien sabe… posiblemente nunca me buscaste en ella, posiblemente eso también era otra de tus mentiras, posiblemente no fuiste nada más que otro de mis sueños incumplidos. Uno más.

En fin, ya da lo mismo. Ahora solo queda ese espacio abandonado que ni tú ni yo volveremos a recorrer. Ahora solo quedan palabras vacías que perdieron su significado. Ahora solo quedan imágenes en mi cerebro que no acierto a comprender si alguna vez fueron reales o si simplemente no son más que imaginaciones de una mente enferma que una vez creyó en ti. Eso sí…

No llores muerto…

…aquello que despreciaste vivo.

Espero que nadie se sienta ofendido. Como siempre digo: “lo aquí escrito no es verdad ni mentira… simplemente es mi verdad”.

De todas maneras, siempre seré el malo de la película. Haga lo que haga, diga lo que diga, escriba lo que escriba, piense lo que piense… siempre seré yo el que pierda… ¡Lo sé!

Y por supuesto… sigo esperando.

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Adiós

Adiós


Adiós

A veces es mejor dejar de mirar atrás y mirar hacia adelante, o quien sabe… a lo mejor lo mejor es dejar de mirar y dejar que todo termine de una vez por todas. De todas maneras ¿a quién le va a importar?

Desde hace ya tiempo, la vida ha dejado de tener ese aliciente que tenía, ya nada atrae esas ganas de hacer cosas. Hace tiempo que todo da igual. La gente no cambia, solo se comporta bien cuando quiere conseguir algo y yo ya estoy harto de eso. Ya no aguanto más.

Imagino un mundo en el que todos somos felices simplemente siendo nosotros mismos pero de repente me despierto y me doy cuenta que tan solo es eso… un sueño.

Os deseo a todos y a todas toda la felicidad del mundo, esa que yo no conseguí por más que lo intenté pero es que debe ser verdad eso del Karma. Que todos recibimos lo que damos y eso… a pesar de que yo di todo lo que tenía. Parece ser que no fue suficiente.

Solo me queda despedirme de todos y de todo. No hay nada más por lo que luchar, nada más por lo que despertarse día a día porque ya se fue todo lo que me hacía mirar hacia “ese futuro” en el cual posiblemente yo nunca entré.

A veces tienes que decir ADIÓS, no porque no te importen los demás, sino porque tú no les importas a ellos y por desgracia, esa es una de las conclusiones más duras a las que debes enfrentarte en la vida.

Decir ADIÓS no es un acto de debilidad, es una afirmación de tus propias convicciones puesto que no hay mayor mentira que mentirse a sí mismo.

Un ADIÓS sin despedida, un ADIÓS sin contestación, un ADIÓS sin nada más que su recuerdo atormentándome día a día. Ese es mi ADIÓS.

Posiblemente es verdad eso de que estoy enfadado con el mundo, es posible que sea verdad pero se lo ha ganado a pulso. Ese mundo en el que tanto creía y en el que yo diseñaba mi propia vida con toda gama de colores se volvió contra mí sin ni tan siquiera una explicación de qué estaba haciendo mal, sin ni tan siquiera un porqué todo se volvía gris oscuro hasta convertirse en negro azabache.

En fin… ahora ya no importa. Ahora ya todo terminó. Ahora ya tan solo queda esperar. Quien sabe… a lo mejor ni tan siquiera queda eso pero no quiero saberlo por si acaso algún día tú te das cuenta de que todo era un grito de auxilio. Un grito que se perdió en la inmensidad de ese futuro que ojalá algún día se te haga realidad, ojalá se te convierta en presente y te haga olvidar tu pasado. Ese pasado que tanto te quiso y que tanto lloró por ti y al que despreciaste por no ser lo que tanto soñaste que era.

Lo siento.

“Hice todo lo que estuvo en mis manos pero tú no te diste cuenta, o quien sabe… a lo mejor sí.

A lo mejor, simplemente… no quisiste verlo”.

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es lo que hay

es lo que hay


…es lo que hay

Qué difícil es escribir sobre cualquier cosa cuando sabes que todas tus palabras serán mal interpretadas, cuando sabes que cualquier cosa que digas o escribas se empleará más adelante en tu contra. (Hay personas que tienen la memoria muy selectiva). Esa sensación la tengo últimamente y lo peor de todo no son sus contestaciones; lo peor es su silencio.

Lo que daría por poder entrar en la mente de algunas personas y explicarles que las cosas no se hacen en su contra, eso sí… que nada sucede porque sí. Que somos nosotros, para bien o para mal, los que forzamos las situaciones y que es muy fácil echarle la culpa a ese compañero de viaje llamado “destino”, el cual nunca nos deja plenamente satisfechos y al mismo tiempo se encarga de destrozar vidas sin que nos demos cuenta. Bueno, a lo mejor si nos la damos.

Pero no, él no tiene la culpa. Nosotros somos los culpables de lo que decimos y sobre todo de lo que hacemos. Con el tiempo es posible que nos arrepintamos de muchas cosas, o no, pero somos nosotros los que tomamos las decisiones y en definitiva, los únicos que podemos cambiarlas o mantenerlas aunque estén basadas en una mentira. Si nuestro orgullo nos lo permite, claro.

Hay mentiras muy creíbles, que me lo digan a mí. Mi vida es una mentira de principio a fin y muchas de las personas a las que creí conocer, al final resultaron ser más extraños que “esa persona” con la que te cruzas por la calle y crees que la conoces de algo. Eso sí, una vez que llegas a la esquina, ya ni si siquiera te acuerdas de ella mientras que existen otras que no consigues que desaparezcan ni en sueños.

¿Por qué será que existen personas que piensan que el sol gira alrededor de ellas? Todo pasa por ellas, todos están en su contra. Todo lo que se piensa, se dice y se hace es por y para ellas. ¿Quién sabe?, a lo mejor es que es así.

¡Qué suerte tienen!, deben ser “los” o “las” elegidas de un “Ser Superior”, el cual les manda todo tipo de pruebas.

¿Quiere esto decir que los demás mortales no somos más que las pruebas para estas personas elegidas? Joder… ¡qué triste sería!

A ver si va a ser verdad eso de que no somos más que unos muñecos manejados por cuerdas, o teclas, para que otros u otras tengan una vida y unas pruebas que superar en su día a día. Eso explicaría el porqué de vez en cuando pasamos a un segundo plano y por qué hay veces que no sabemos qué hacer con nuestras vidas hasta que surge algo nuevo de la nada.

Me parece que estoy desvariando. En fin, lo dicho… ¡Qué fácil es echarle la culpa a lo desconocido de todo aquello que nos ocurre o mejor dicho… de todo aquello que queremos que nos ocurra y que nunca llega. Pasa un día, otro y otro y nada… ¡no pasa nada!

¿Cuántos de vosotros no os habéis sentido alguna vez así?, seguro que muchos sí. La cuestión es si sois capaces de reconocerlo y si vuestro “ego” os permitirá alguna vez asumir todos los errores de vuestra vida, que como yo…, seguro que los coleccionáis. Pero claro, es muy difícil ver nuestras equivocaciones y más difícil aún dar marcha atrás y reconocerlas.

Nosotros no nos equivocamos nunca. Bueno… yo sí, y mucho. Más de lo que sería recomendable para una sola vida, pero eso es algo que llevaré conmigo el resto de los días que me queden por vivir si “ese destino” en el que no creo no lo remedia.

Lo que pasa es que visto lo visto y vivido lo vivido… posiblemente lo haré desde la soledad de mis pensamientos, esos que nunca debieron salir de mi cabeza pero que salen y salen y día a día y me atormentan de tal manera que no me dejan pensar con claridad ni mirar hacia delante como posiblemente debería, pero:

“…es lo que hay, o mejor dicho… lo que no hay”.

Mientras, eso sí… yo sigo esperando.

 

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Lloramos

Lloramos


Lloramos

La mayoría de las veces no lloramos por las traiciones,

no lloramos por las heridas,

ni por las personas.

Lloramos por nosotros,

porque nuevamente volvimos a caer,

porque una vez más nos dañó la persona en la que más confiábamos.

(Anónimo)

y a pesar de todo, yo… sigo esperando.

 

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Daño colateral

Daño colateral



Daño colateral

Algunas entradas atrás, en la llamada “Siete días”, hablaba sobre la experiencia que viví cuando me comunicaron que tenía cáncer de pulmón y lo que se puede llegar a pensar a lo largo de los cuatro días en los que creí que mi vida llegaba a su fin de una manera precipitada.

En una de las secciones del mencionado capítulo, hablaba sobre la “Baja Laboral” y sobre la falta de humanidad del mercado de trabajo en los momentos actuales. Dejé escrita una frase que ahora se torna premonitoria que rezaba:

“En fin…, daremos las gracias por poder conservarlo”.

Pues bien, a los tres días de mi reincorporación a la empresa, a mi media jornada laboral, con su respectivo “Cuarto de jornada” en lo que a contrato legal se refiere, sin ni si quiera un “¿cómo estás?” por parte de los jefes… y cinco minutos antes de salir e iniciar el fin de semana… me comunican que he sido despedido.

El motivo del despido (frase textual):

“Disminución voluntaria del rendimiento”.

Lo más curioso de todo es que dos párrafos más abajo de dicha frase, la empresa reconoce la improcedencia del despido. En otras palabras… reconoce que es una burda mentira y procede a abonar una indemnización que saca del artículo 56 del Estatuto de los Trabajadores a razón de las dos horas que según contrato, se trabaja para la empresa (aunque eso no sea realmente lo cierto, pero sí lo firmado).

Tal y como está el mercado laboral, no dejaría de ser uno de tantos despidos que se producen diariamente. El problema y lo penoso de la situación es cómo se produce, las formas utilizadas y el despotismo con el que hoy en día se trata y un trabajador o trabajadora, los cuales ya ni si quiera tienen derecho a caer enfermos, a ser hospitalizados y a mantener una baja médica ordenada por un facultativo sin que exista tal “Daño Colateral”.

Y hablo de las formas porque además del hecho de trabajar media jornada (cuatro horas) y de que dos de ellas sean en “B”, una fórmula muy utilizada hoy en día por nuestros maravillosos empresarios para pagar menos impuestos y que los “Daños Colaterales” para ellos tengan el menor costo económico posible, ya que los despidos, finiquitos, indemnizaciones y todo lo que trae consigo toda esta situación, también se reducen a la mitad.

Alguien podría decir, y sinceramente no le podría quitar la razón del todo, que yo y otros muchos como yo aceptamos esta situación cuando firmamos el contrato. No les faltaría razón pero… ¿qué haces?, ¿rechazas todos los trabajos?, ¿de qué comes?

Realmente, todo esto es como una pescadilla que se muerde la cola, es decir… si no aceptas esas condiciones, no trabajas y por lo tanto no puedes pagar tus facturas y puedes llegar a perderlo todo y terminar en la más absoluta de las miserias.

Por el contrario, si aceptas todas esas condiciones, te conviertes en cómplice de algo ilegal que poco apoco va acabando con todos y cada uno de los derechos laborales que tanta sangre, sudor y lágrimas costó conseguir a lo largo de los años.

Esta es la sociedad en la que vivimos actualmente.

Todos los días se producen “Daños Colaterales” como éste y no pasa nada. La sensación de impunidad, de que todo vale, de que siempre son los mismos los que pierden… Algún día nos va a pasar una factura tan irreversible que ya no podremos dar marcha atrás. De hecho, por desgracia creo ya no podemos…

Es curioso, tengo la tentación de poner el nombre de la empresa pero… ¿sabéis lo mejor del tema…? Si lo pusiera aquí escrito hasta me podrían denunciar a mí por otra de las leyes llamada de “protección de datos”. Una ley, supuestamente creada para proteger a las personas, que puede llegar a convertirse en un arma en contra de ellas.

Pero volvamos al motivo del despido.

“Disminución voluntaria del rendimiento”.

¿Quiere esto decir que según la empresa… he sido hospitalizado de una manera voluntaria para así bajar el rendimiento productivo?

¿Quiere decir la empresa que si me pongo enfermo no puedo ser tratado como un ser humano y tengo que seguir produciendo a lo largo de los días que por desgracia he tenido que estar de baja laboral?

En esto se ha convertido nuestro país, gracias a “esa Reforma Laboral” tan aplaudida por un gran sector de “palmeros” de nuestra sociedad.

Recordar todos aquellos que la apoyasteis, que algún día también vosotros o vuestros hijos e hijas seréis victimas de aquello que claro, como no iba con vosotros… simplemente cerrasteis los ojos porque la promulgó el partido al que votáis. El día que la sufráis… no os quejéis, no os deis latigazos en la espalda ni digáis lo malos que son el gobierno de turno o los empresarios. Recordar que vosotros también sois cómplices y por lo tanto, asumir vuestro error como un “Daño Colateral”, producto de la aplicación de una norma que tira por tierra todos los derechos de los trabajadores y trabajadoras.

Y lo peor de todo…, tengo que dar la razón a aquella persona que hizo lo que hizo porque tenía que mirar por su futuro.

Es verdad… ¡NO HAY FUTURO!

Ojalá pueda alguna vez desdecirme de esa afirmación porque a pesar de todo…, todavía me queda un poco de fe en el ser humano. Todavía me queda un poco de esa esperanza que algunas personas dicen que es lo último que se debe perder.

El problema es que cada vez me queda menos, y menos… y menos…

Eso sí, yo… sigo esperando.

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Dicen que…

Dicen que…



Dicen que…

Todo el mundo, y yo no soy una excepción, damos charlas morales como si nosotros mismos nunca nos equivocáramos en nada. Todo el mundo dice cosas que pueden llegar a sonar profundas y que nos invitan a una reflexión interior.

Hoy en día los estados de las redes sociales parecen gabinetes de sicología que nos dan consejos de cómo actuar en cada momento para conseguir ser felices en unos casos, en otros… para olvidar las penas y en otros… para ser más fuertes ante la vida.

Todos dicen…, dicen… y vuelven a decir. El problema es que yo ya estoy un poco cansado de todas esas frases vacías que lo único que pretenden es subirnos el ánimo durarte un rato y hacer que nuestro ego se sumerja en una esperanza que no es real.

La vida no deja de ser como una montaña rusa…, hoy estás arriba y mañana abajo y claro… para cada cosa que nos sucede en la vida, ya sea buena o mala, parece ser que hay una frase que nos intenta dar una explicación del cómo y del por qué ocurre y no hay mejor escaparate para exhibirlas que los estados de nuestras redes sociales. El problema es que a veces hasta nos las creemos.

Dicen que… “la vida es como una suma de 1+1”. El problema es que esa suma no siempre da “2”.

Dicen que… “las cosas suceden por una razón”. El problema es que no consigo entender algunas razones.

Dicen que… “somos presos de nuestras palabras”. El problema es yo ya me quedé mudo.

Dicen que… “a la tercera va la vencida”. El problema es que no hay dos sin tres.

Dicen que… “nunca es tarde si la dicha es buena”. El problema es que ya es tarde.

Dicen que… “no hay mal que para bien no venga”. El problema es que ese mal hace mucho daño.

Dicen que… “lo que no te mata, te hace más fuerte”. El problema es que aunque no te mate, te puede dejar muy herido.

Dicen que… “la ignorancia es la madre de todos los vicios. El problema es que la sabiduría es la madre de muchas neurosis.

Dicen que… “pan para hoy, hambre para mañana. El problema es que si no comes hoy, puede que no haya mañana.

Dicen que… “mal de muchos, consuelo de tontos. El problema es que el mundo está lleno de tontos.

Dicen que… “nunca te debes reír de las desgracias ajenas. El problema es que tenemos pocos motivos para reír.

Dicen que… “el rencor envenena la sangre. El problema es que tenemos muchos motivos para tener rencor.

Dicen que… “nunca sirvas a quien sirvió. El problema es que entonces nadie me servirá a mí.

Dicen que… “no por mucho madrugar, amanece más temprano”. El problema es tener que madrugar por obligación.

Dicen que… “a los cien años, todos calvos. El problema es que no creo que llegue a los cien.

Dicen que… “nunca llueve a gusto de todos. El problema es que casi siempre llueve sobre mojado.

Dicen que… “Dios proveerá. El problema es que siempre provee a los mismos.

Dicen que… “la esperanza es lo último que se pierde. El problema es que yo hace tiempo que la perdí.

Dicen que… “nunca digas nunca jamás. El problema es que “nunca” siempre llega.

Dicen que… “a rey muerto, rey puesto. El problema es que soy republicano.

Dicen que… “el que espera, desespera. El problema es que espero demasiado de quien no espera nada de mí.

Dicen que… “dos son compañía y tres, multitud. El problema es cuando eres uno solo.

Dicen que… “ojos que no ven, corazón que no siente. El problema es que tarde o temprano, los ojos terminan viendo.

Dicen que… “no hay palabras mal dichas, sino mal interpretadas”. El problema es que solemos malinterpretar hasta las bien dichas.

Dicen que… “más vale tarde que nunca”. El problema es que tardé mucho en enterarme que ya era tarde.

Dicen que… “más vale pájaro en mano que ciento volando”. El problema es que yo prefiero verlos volar.

Dicen que… “no hay mal que cien años dure”. El problema es que puede durar noventa y nueve.

Dicen que… “a río revuelto, ganancia de pescadores”. El problema es que los pescadores siempre son los mismos.

Dicen que… el tiempo cura todas las heridas”. El problema es que esas heridas pueden llegar a dejar grandes cicatrices.

Dicen que… “hay que hacer el bien, sin mirar a quien”. El problema es que de vez en cuando creo que sí deberíamos mirar.

Dicen que… más vale prevenir que curar”. El problema es que de tanto prevenir… dejas de vivir.

Dicen que… piensa mal y acertarás”. El problema es que yo soy demasiado mal pensado.

Dicen que… “a nadie le amarga un dulce”. El problema es que hasta lo más dulce puede llegar a producir amargura.

Dicen que… “consejos vendo pero para mí no tengo y el problema es… ¡que es verdad!

Dicen que…

Hay miles de frases que intentan ayudarnos a ver las cosas de otra manera.

El problema es que muchas veces las tomamos al pie de la letra y en ocasiones puede llegar a ser peor el remedio que la enfermedad.

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Mariposa

Mariposa



Mariposa

Érase una vez una mariposa muy linda, de hecho era la más bella entre todas las mariposas del bosque y ella lo sabía, lo que le hacía mirar al resto con desdén al saberse la más hermosa.

Cada vez que todo el grupo se acercaba al lago a beber, ella se quedaba siempre al final mirando su propio reflejo en las cristalinas aguas sin hacer caso a todos los demás. Muchos fueron los que se acercaban a cortejarla pero ella siempre los rechazaba. No eran dignos de su belleza.

Con el tiempo fueron surgiendo parejitas de enamorados que felices revoloteaban por las flores pero ella seguía sin encontrar aquel que estuviera a la altura de sus exigencias.

Pasaron los años…

La belleza y la juventud también cumplen años y poco a poco la iban abandonando. El reflejo del lago empezó a no ser tan bello y fue entonces cuando se dio cuenta de que estaba sola.

Una tarde, mientras todo el grupo cumplía con su rutina de bajar al lago a beber, se fijó en una anciana mariposa que a duras penas conseguía mover sus alas. La anciana estaba rodeada de pequeñas maripositas que revoloteando a su alrededor le iban acercando pequeñas gotitas de agua para que bebiera, lo que le hizo pensar que algún día sería ella la que ya no podría volar. El problema era que no tenía a nadie que la diera de beber.

Se acercó a la anciana y preguntó:

— ¿Qué hay que hacer para no estar sola?

La anciana, mirándola a los ojos le contestó:

— Abrir tu corazón.

— No la entiendo —replicó.

La anciana, entonces dijo:

— Te conozco hace años, es más… te vi nacer, te vi crecer, te vi empezar a volar. La belleza de tus alas deslumbraba a todos pero nadie en todo este tiempo, que yo sepa, ha conseguido ver tu corazón.

— ¿Cómo se puede ver el corazón de alguien? —preguntó.

— Nuestro corazón lo enseñamos con nuestros actos, con nuestra actitud hacia los demás. La verdadera belleza, esa que no envejece está ahí, en el interior. Lo demás es solo fachada. Debes atraerlos a ti por las cosas que haces, no por el colorido de tus alas. Aquel que venga deslumbrado por tu belleza se irá cuando la pierdas. Aquel que venga deslumbrado por tu corazón, se quedará para siempre.

— Ya es tarde para eso —dijo la mariposa agachando la cabeza— yo no sé abrir mi corazón ni quiero hacerlo, me lo podrían dañar.

— Nunca es tarde para abrirse y rectificar —replicó la anciana— Eso sí, hasta que tú no te des cuenta, nadie podrá hacerlo por ti.

La mariposa se marchó pensando cómo podía abrir su corazón para que los demás lo vieran y tras pensar y pensar… no consiguió encontrar la forma de hacerlo.

Pasaron los días y volvió a preguntar a la anciana:

— ¿Cómo puedo abrir mi corazón?

A lo que la anciana esta vez respondió con otra pregunta:

— ¿De verdad nunca has querido a nadie?

— Sí, quise mucho a alguien, pero se fue —dijo suspirando.

— ¿Se fue o le echaste? —volvió a preguntar.

— ¿Por qué dice eso? —preguntó la mariposa con desdén.

— Por cómo lo has dicho —contestó.

— ¡Era un imposible!, nunca habría funcionado.

— ¿Y cómo lo sabes?, ¿acaso lo intentaste? —volvió a preguntar la anciana.

— ¿Para qué?, ya no tiene remedio y además ya no soy tan hermosa.

Siguieron pasando los años… y ahora la anciana era ella. Todos aquellos que habían revoloteado a su lado atraídos por la belleza de sus alas desaparecieron. Ya ninguno de esos “aduladores” le decían lo hermosa que era.

Y entonces fue cuando en un sueño volvió…

— Hola preciosa, ¿te acuerdas de mí? —dijo una voz.

— No, ¿quién eres? —contestó la mariposa.

— Soy aquel que te prometió que siempre te esperaría.

— No puede ser… —dijo temblorosa— él se marchó hace mucho tiempo de mi lado.

— Yo nunca me marché, siempre estuve ahí, dentro de tu corazón, pero tú no me veías porque lo cerraste.

La mariposa no despertó nunca más. En su sueño eterno fue donde consiguió por fin volver a abrir su corazón y fue allí donde encontró aquello que nunca se había ido, aquello que siempre había estado en su interior.

Moraleja:

“Abre tu corazón y dime que ves.

Quién sabe…

…a lo mejor resulta que sigo dentro”.

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Tiempo

Tiempo



Tiempo

— Uno, dos, tres…

El Tiempo pasa inexorablemente y se nos va escapando. Pasan los segundos, los minutos, las horas, los días…

Es como una condena que nunca va a terminar. Pasan y pasan sin que nada ni nadie los pueda detener.

— Veinte, veintiuno, veintidós…

El tiempo es algo que no podemos controlar. Según estás leyendo estas letras van pasando los segundos y ya no volverán nunca más. Otro, otro más, otro…

— Treinta y cinco, treinta y seis…

Hay veces que nos gustaría congelarlo, otras sin embargo desearíamos que se acelerara y otras que parara de una vez por todas.

— Cuarenta y cuatro, cuarenta y cinco, cuarenta y seis…

Es curiosa la percepción que tenemos del tiempo según sea nuestro estado de ánimo o las circunstancias de la vida. La velocidad el segundero siempre es la misma pero nuestra mente no siempre va a la misma carencia del “tic-tac”.

Ha pasado un minuto y has llegado hasta aquí. La cuestión es… ¿ha sido un minuto vivido o un minuto perdido?

Sea como sea, ese minuto ya nunca volverá.

— Tres, dos, uno…

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